Jaime Vallaure miembro de los torreznos

“Nos interesa el espectador que cree que el arte contemporáneo es una tomadura de pelo”

Los Torreznos desmenuzarán mañana en el Gayarre el concepto de cultura con una performance “asequible para todos los públicos” que se enmarca en ‘Inmediaciones’

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Pekka Mäkinen - Miércoles, 12 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:08h

Jaime Vallaure y Rafael Lamata, en un momento de ‘La cultura’.

Jaime Vallaure y Rafael Lamata, en un momento de ‘La cultura’.

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Jaime Vallaure y Rafael Lamata, en un momento de ‘La cultura’.

pamplona- Los Torreznos son Rafael Lamata y Jaime Vallaure. Ambos llevan trabajando juntos desde hace más de dos décadas a partir de conceptos de la vida cotidiana que transforman a través de la palabra y su presencia, con el propósito de sembrar una semilla de la que surja la reflexión.

Acaban de regresar de Perú, últimamente giran mucho por Latinoamérica.

-Sí. Va por rachas, llevamos varios viajes encadenados -Colombia, Argentina, Guatemala, México y Perú-, hacía tiempo que no íbamos tanto y ahora ha coincidido así. Y es una suerte por la proximidad del lenguaje, ya que nuestro trabajo se basa tanto en la palabra nos podemos permitir cosas que en el mundo anglosajón son mucho más difíciles.

Aquí van a trabajar dentro de Inmediaciones, que explora los lenguajes escénicos expandidos. Los Torreznos no se consideran ni actores, ni artistas, pero actúan en teatros y en centros de arte... ¿Cómo definirían lo que hacen?

-Es complicado y simple a la vez. Nosotros venimos del ámbito de la performance, Rafael y yo nos conocimos hace 26 años en un taller Isidoro Valcárcel Medina. Lo que antes llamábamos el arte de acción, no tanto performance, nos permite poner en pie ideas de carácter conceptual encarnadas en nuestra presencia. Por eso tenemos que estar y tenemos que hacer y decir palabras, pero no somos actores primero porque no tenemos formación actoral, segundo porque no encarnamos a ningún personaje y tercero porque no desarrollamos un argumento. Lo que hacemos es encarnar un concepto y llevarlo hasta las últimas consecuencias. Forzamos una situación y nuestro cuerpo es la herramienta para que esta situación pueda llegar a los otros.

¿Puede un público profano comprender este tipo de propuestas?

-Siempre intentamos que nuestros trabajos no se queden en el ámbito de los entendidos en arte contemporáneo, sino que puedan llegar más allá. En ese sentido, hemos tenido la suerte de trabajar en museos y en centros de arte, pero también en la calle o en el campo, y en lugares como Palestina o los campamentos saharauis...

Casi siempre equiparamos performance con algo extremo. ¿Los Torreznos también quieren provocar asombro con sus trabajos?

-Sí. La performance es un género del arte contemporáneo que intenta explorar el límite. Y el límite es el cuerpo, lo que a veces genera encarnaciones muy duras. Nosotros nos quedamos con la parte de la performance que tiene que ver con explorar;intentamos bucear por lugares donde normalmente las convenciones no quieren llegar. Y también somos muy críticos con la performance, porque, paradójicamente, el género que debería ser más novedoso y sorprendente muchas veces acaba removiendo clichés que lleva en funcionamiento más de cien años, desde el nacimiento del dadá. Nosotros nos movemos en un terreno de exploración más asequible, más permeable para todos los públicos. Fundamentalmente porque nos interesa el espectador al que no le interesa el arte contemporáneo;esa persona que tiene capacidad crítica, pero que cree que ese arte le toma el pelo o lo ve como un gran engaño vinculado al beneficio económico.

Sus propuestas mueven y remueven lo cotidiano.

-Es nuestra herramienta de trabajo fundamental. Nos basamos en nuestra experiencia diaria, entendemos que el arte es lo que hace la vida interesante. Y, a la vez, confrontamos esa cotidianidad con grandes temas, como la cultura, por ejemplo. O la realidad, en qué consiste esa convención en la que todos creemos, pero que para cada uno es diferente... O el cielo, el dinero, el desierto... Son temas muy genéricos tocados desde puntos de vida muy cotidianos, precisamente para que el que mire se reconozca y pueda repensar lo que significa, por ejemplo, un hecho cultural.

A priori, la cultura parece un tema espinoso. Vivimos en una sociedad en la que hay dos grandes extremos: el de las personas que la desprecian y el de quienes practican el postureo constante...

-(Ríe) De eso hablamos en la pieza. Hay una parte que tiene mucho que ver con el postureo, con el engolamiento, con ese yo soy más que nadie y me pongo a hablar en el púlpito y nadie me va a callar. También hablamos de la cultura entendida como espectáculo, como mero entretenimiento. Hay una parte del trabajo que dice que la cultura es un pasatiempo de la muerte, y cuanto más entretenido estés, mejor parece que vas a pasar los días, aunque a lo mejor no te estás enterando de nada y estás perdiendo la única vida que tienes. Sí, la cultura es una cuestión resbaladiza para el ser humano y un arma arrojadiza dentro del territorio político. A veces resulta muy incómoda o parece que tiene que ser de un determinado color o forma para que sea bienvenida. Y eso que es algo que acompaña al ser humano desde la época prehistórica, es consustancial al ser humano. Queremos recuperar esa originalidad.

¿A qué se refiere?

-No digo que nuestra pieza sea original, sino que intentamos bucear un poco más allá para encontrar herramientas que de alguna manera generen un pequeño shock, un estado alterado para poder reflexionar.

Seguramente dirán cosas que incomodarán al público... por ciertas.

-Nosotros ponemos nuestra energía sobre la mesa, la proyectamos hacia el que mira y este a su manera también nos proyecta la suya a nosotros. Ese trasvase energético a veces provoca choques. Uno puede disfrutar o reírse, y de pronto recibir algo que le resulta molesto. Ese pequeño resquemor tiene que estar ahí porque es la semilla que puede provocar una pequeña reflexión sobre quiénes somos, hacia dónde queremos ir y reconocernos en nuestros errores. Forma parte de la experiencia.

Imagino que La cultura es diferente en cada escenario.

-Últimamente la estamos representando bastante. Lejos de pensar que cuando un artista repite muchas veces una pieza está acabado, en este caso, a base de repetirla se va destilando y quedando en su esencia, más cruda, más directa y eficaz.

A Los Torreznos les gusta tener al público cerca, ¿cómo la van a mostrar en un teatro clásico a la italiana como es el Gayarre?

-Estamos en ello, no voy a desvelar nada porque prefiero que sea una sorpresa, pero sí, estamos mirando fórmulas para que la estructura de proximidad funcione.

Por último, el humor, tan presente en sus trabajos.

-Es importante, pero no somos humoristas ni pretendemos hacer reír. El humor surge como una consecuencia. Es una deriva de poner en marcha determinadas estrategias de pensamiento, que, como al final resultan chocantes, paradójicas y absurdas, hacen saltar la chispa del humor, del sarcasmo o de la ironía. Pero no es buscado, surge como una manera de poder analizar el entorno más cercano en que vivimos. Hay risas, sonrisas, a veces carcajadas, pero no es lo fundamental, el humor nos permite trabajar ámbitos que no son para nada humorísticos, sembrar pequeñas semillas para poder repensar esta sociedad en la que vivimos.

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