Música

Festival Uzta Festa, buena añada underground

Por Xabier Sagardia - Miércoles, 12 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:08h

Elegir entre los conciertos que había programados para el pasado fin de semana no fue tarea fácil (en una crónica anterior ya decíamos que la oferta es amplísima y muy variada). Como no tenemos en don de la ubicuidad, muy a nuestro pesar optamos por “sacrificar” la jornada del viernes de la primera edición del modesto y a la vez ambicioso festival Uzta Festa (fiesta de la cosecha), aunque teníamos claro que, siquiera en parte, debíamos dejar constancia de este evento por su singularidad y características.

Los organizadores Fermin Göo y Elias Monreal (Mayo Records) nos trajeron, provenientes de diversos “bajos fondos musicales”, interesantes propuestas que van de la electrónica al garaje punk, pasando por el pop, el post-rock y otros sonidos inclasificables. Así que, si bien nos perdimos las actuaciones de The Suicide of Western Culture, Juventud Juché, La Red Bullet y Holögrama, el sábado regalamos a nuestros oídos tres propuestas no menos interesantes: las de Mursego, Los Graves y Betunizer.

Encendió la mecha Maite Arroitajauregi, es decir, Mursego, que nos volvió a encandilar y entusiasmar. Cuando todavía faltaba gente por entrar, la eibarresa ya estaba construyendo sus canciones en directo, capa por capa, provista de sus pedal de loop, violonchelo, stylophone, casiotone, flauta y kalimba y, por su puesto, su voz. Y nos trajo tangos vía Finlandia (Gora Marku Peltola) o una cumbia desde el otro lado del Atlántico (Cumbia villera de la de la ciudad armera), se nos fue a África (Salanikale), rescató canciones desde las profundidades de los valles vascos (Rogeren Porruak), versionóPiztiekin de los andoaindarras Bap!!, nos se olvidó de los euskal snobs y acabó martilleando nuestros oídos con Retaguardia. Y entre tanto tuvo tiempo de improvisar, acordarse del recientemente fallecido y hacedor de nuestra banda sonora infantil Imanol Urbieta, de los Lendakaris Muertos, de Katakarak, de Ene kantak o del Nafarroa Oinez -“ze arraroa euskararik gabe, Nafarroa”-. Tampoco se cortó un pelo en hacer callar a esas encantadoras personas que van a los conciertos exclusivamente a parlotear y cuanto más alto mejor. Mursego tiene personalidad, pero sobre todo tiene talento. Qué gozada.

Con una agilidad que se agradece -de lo contrario las esperas entre grupo y grupo pueden hacerse eternas-, entraron en acción Los Graves, quienes jugaban en casa. Sus canciones son como transitar de madrugada por una calle poco iluminada entre ecos de la Velvet Underground, el garage punk estadounidense de los años 60, el rock and roll reverberado y el sonido Pasley Underground y su psicoldelia. Homenajearon a David Bowie a través de su Five Years, que les quedó muy bien. Sonaron con fuerza y más agresivos que en su muy recomendable disco titulado Supernova.

Cerró la noche Beturnizer, un trío heredero de esa generación de chavales que un día dejó de meterle zapatilla e hizo que el hardcore evolucionara hacia otros territorios sonoros más tensos y enmarañados convirtiendo la intensidad en su particular Santo Grial. Con un volumen más alto que los anteriores, los valencianos sonaron enérgicos y rítmicos, bien conducidos por una batería que podía con todo y un bajo omnipresente. Fueron como un reloj, clavándola una tras otra, y como un reloj suizo y puntualidad británica acabó la parte de los directos de ester primer Uzta Festa, porque luego la fiesta siguió de la mano de varios DJs en el Kato’s, pero eso ya es otro cantar...

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