Nadie decide nacer refugiado

Miguel Ugarte, Tomás Rubio, Javier Amézqueta Alumnos de Jesuitas - Miércoles, 12 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:07h

Cada día vemos en las noticias la llegada de nuevos refugiados a las costas de Grecia e Italia. Viajan sin rumbo y tienen un futuro impredecible. Cualquiera de nosotros podríamos ser uno de ellos. En ocasiones, cuando pensamos en los refugiados nos viene a la cabeza la imagen de personas pobres sin techo, pero hace no mucho tenían un trabajo y dinero como cada uno de nosotros.

¡Nadie se merece estar en esta situación! Estas personas son sometidas a recorrer miles de kilómetros. Todos ellos huyen de la guerra de Siria, de la violencia, de las amenazas del Estado Islámico y de las persecuciones religiosas y políticas con un mismo fin: encontrar cobijo y disfrutar de una vida mejor y digna en Europa, ya que muchos de ellos han perdido la esperanza de que la guerra acabe.

Aunque no lo parezca a simple vista, nosotros podemos contribuir a la causa directamente por medio de diferentes propuestas. En la página web www.hospitalidad.esse os anima a participar y ayudar en campañas, a donar, a ofrecerse como voluntario para que los niños refugiados tengan algo que llevarse a la boca.

En otras ciudades de España ya se realizan actividades en su favor. En Pamplona, por ejemplo, se va a realizar una marcha solidaria para incitar a los ciudadanos a contribuir en la ayuda a los refugiados. En dicha marcha, se ofrecen tickets para acudir a una comida, y todo lo recaudado irá destinado a la campaña Hospitalidad de apoyo a personas refugiadas, aunque si no puedes ir a la comida se da la opción del plato cero, similar a un donativo.

El futuro de estas personas ahora mismo es muy incierto: no saben si les van a deportar a Turquía, les van a aceptar su solicitud de asilo, les van a acoger en un centro de refugiados o, simplemente, les van a abandonar a su suerte. Su vida depende de lo que decidamos desde la fortaleza de Europa, y por eso tenemos que actuar en consecuencia, tenemos que darles el trato que nos gustaría que nos diesen. Imaginaros que un día todo lo que conocemos desaparece y estuviéramos perdidos, cualquier luz de ayuda que nos diesen nos aclararía el camino.

Decís que son diferentes, eso es lo que nos hace iguales.