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en el que falleció el chantreano Adolfo ripa

“Perdí la cuenta de las rocas que me cayeron en las piernas”

El pamplonés Arturo Alcuaz se recupera ya en su casa de las heridas que sufrió en Nepal durante el ‘trekking’ en el que falleció el chantreano Adolfo ripa

Un reportaje de Jesús Morales | Fotografía Javier Bergasa - Miércoles, 12 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:06h

Alcuaz, uno de los montañeros supervivientes del accidente ocurrido en el Himalaya.

Alcuaz, uno de los montañeros supervivientes del accidente ocurrido en el Himalaya. (JAVIER BERGASA)

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Alcuaz, uno de los montañeros supervivientes del accidente ocurrido en el Himalaya.

no ha perdido el sentido del humor a pesar del desgraciado viaje a Nepal que hace tres semanas le dejó postrado en la cama de un hospital y en el que falleció el chantreano Adolfo FitoRipa, dos sherpas y una mujer nepalí. Más profundas que las lesiones que le causaron las piedras que le cayeron en las piernas en el accidentado trekking parecen las heridas emocionales provocadas por la traumática experiencia, aquellas que le dejaron “sin dormir tres días” y que hacen que descarte regresar algún día a Nepal a completar la travesía que un “impensable” desprendimiento tiñó de luto el Himalaya. “Perdí la cuenta de cuántas rocas me cayeron en las piernas, solo pensaba cuándo me caería la gorda, la que me remataría”, confiesa.

El pamplonés Arturo Alcuaz, de 56 años y agente de seguros de profesión, descansa desde el fin de semana en su hogar de Mendillorri con su esposa Josune y sus hijos Iker, Ohiane y Ainara, acompañado por unas muletas. Aunque los médicos le han dado un plazo de seis meses para recuperarse completamente, él asegura que en Navidades ya estará “subiendo a Montejurra”. “La pierna derecha, salvo una pequeña infección, va recuperando la movilidad muy bien. Era la que más me preocupaba porque la herida fue muy aparatosa, se me salía el solomillo, como yo digo. La izquierda está prácticamente inmovilizada por la fractura del fémur y mi preocupación era si me la pegaban del derecho o del revés. Era mi obsesión cuando me desperté en el hospital, porque cuando me quedé en la ladera veía la punta del pie hacia atrás y el talón hacia adelante”, recuerda.

Arturo viajó a Nepal con sus amigos, el matrimonio Fran Zalba y Maite Royo, y una amiga de esta, el 17 de septiembre. Montañeros aficionados, pretendían disfrutar de “un viaje relajado, sin hacer grandes cimas, sin complicarnos la vida. Con ver las montañas desde el campo base nos bastaba”, relata. Entre los expedicionarios, entabló amistad con Adolfo Ripa. “Nos conocimos en Naturtrek, en los preparativos del viaje a Madrid. Casualidades de la vida, nos tocó por descarte ser pareja de hecho, y Fito y yo compartimos cuarto. Me pareció un chico extraordinario, sencillo... Le gustaba mucho hacer fotos y repartíamos juntos bolis y juguetes a los niños, unas cajas que me dieron mis hijos. Le daba a él unos cuantos para que yo no repartiera solo, porque sino parecía Papa Noel. También llevaba una botella de patxaka. La noche anterior nos bebimos media y dijimos que la otra media nos la beberíamos otro día. Y ahí se quedó... ”, lamenta.

como un trueno sin lluviaEl 21 de septiembre el viaje se truncó. “Íbamos por un camino normalito y vi caer una piedra. El guía se asustó un poco y nos dijo que corriéramos. No pasaron ni diez segundos y se oyó un crak, como esas tormentas de verano, esos truenos sin lluvia, y empezaron a caer piedras por todos los lados. Vi un pequeño refugio en la ladera, que ya estaba ocupado, y conseguí meter el cuerpo pero las piernas se me quedaron fuera. Entonces me cayó una piedra en la pierna y la siguiente en el mismo sitio. Eran más grandes que un balón de fútbol. Perdí la cuenta de cuántas me cayeron, solo me quedaba el miedo de cuándo vendría la gorda, la que me remataría. Y cuando vi que no venía solo pensé en cómo salir de allí”.

Cuando cesó el deslizamiento de tierra y rocas, Arturo fue auxiliado por otros compañeros, entre ellos su amigo Fran. “Le pedí que me echara al río y así acabábamos antes. No me hizo caso y cuando me quedé solo en el talud empecé a pensar qué comería si tardaba un día en venir a buscarme. Me puse la mochila encima para protegerme y cogí postura hasta que vinieron a por mí. Tardaron unas dos horas, pero se me hizo eterno”.

Un helicóptero rescató al montañero pamplonés y lo trasladó al hospital en Katmandú, donde le operaron de la fractura de fémur y le curaron las heridas abiertas que sufrió en la otra pierna. Allí, en Urgencias, se enteró de la muerte de Adolfo Ripa. “Fue un shock. Los tres primeros días no pude dormir por las pesadillas”. Durante cuatro días estuvo en la UCI antes de pasar a planta, donde le acompañaron sus amigos Fran y Maite, con los que fue descontando días al calendario con la vista puesta en regresar a Pamplona. “Me fui levantando, haciendo ejercicio como pude”, hasta que el sábado volaron a España.

Cuando se le pregunta si falló algo, Arturo no titubea. “Vimos riesgo cero. Estábamos a 900 metros y lo último que piensas es que aquello se iba a derrumbar, era imposible de predecir... No he perdido tiempo buscando culpables ni lo perderé, porque fue una fatalidad”. Y apostilla: “Al pasar las fotos al ordenador he visto a Fito en todas partes. Son momentos duros que no podré olvidar nunca, pero quiero hacerlo cuanto antes”.

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