República y fascismo

José Miguel Zoroquiáin - Viernes, 14 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:09h

Ahora que se pretenden exhumar los restos de Mola y Sanjurjo y de otras cinco personas en Pamplona por considerarlos “golpistas” o “fascistas” alzados contra un régimen democrático, no me resisto a citar el testimonio de Manuel Irujo Ollo (1891-1981) sobre la República. Este político del PNV, nacido hace ciento veinticinco años en Estella, fue nada menos que ministro de Justicia en el Gobierno de la Segunda República Española.

En enero de 1937 presentó ante el Consejo de Ministros un memorándum sobre la represión que estaba sufriendo la Iglesia y protestó por este hecho. En su enérgica denuncia Irujo afirmó, entre otras cosas, que “todos los altares, imágenes y objetos de culto, salvo muy contadas excepciones, han sido destruidos, los más con vilipendio. Todas las iglesias se han cerrado al culto, el cual ha quedado total y absolutamente suspendido. Una gran parte de los templos, en Cataluña con carácter de normalidad, se incendiaron (…) Todos los conventos han sido desalojados y suspendida la vida religiosa en los mismos. Sus edificios, objetos de culto y bienes de todas clases fueron incendiados, saqueados, ocupados o derruidos. Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados sin formación de causa por miles (…)”.

Añadía don Manuel que “la ola revolucionaria pudo estimarse ciega, arrolladora e incontrolada en los primeros momentos. La sistemática destrucción de templos, altares y objetos de culto ya no es obra incontrolada. Mas la participación de organismos oficiales en la transformación de los templos y objetos de culto para fines industriales, la prisión confinada en las cárceles del Estado de sacerdotes y religiosos, sus fusilamientos, la continuidad de sistema verdaderamente fascista por el que se ultraja a diario la conciencia individual de los creyentes en la misma intimidad del hogar por fuerzas oficiales del poder público (…)”.

En este memorándum el ministro Irujo nos muestra el tinte totalitario de la República. Llega a hablar de “sistema verdaderamente fascista”. Porque la persecución fue una acción sistemática, aceptada y organizada desde el poder. Este régimen político asesinó sin juicio previo a miles de personas por el solo hecho de ser creyentes. Ahora, los corifeos de la memoria histórica quieren hacer creer a la sociedad que aquello era un paraíso de libertad. Pero el informe de Manuel Irujo, testigo excepcional de aquellos hechos, nos revela la verdad.

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