Ikusi makusi

Una ciudad sobre ruedas

Por Alicia Ezker - Viernes, 14 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:08h

Lograr que una ciudad vaya sobre ruedas no consiste únicamente en determinar cuántos carriles para coche o autobús y cuántos para bicis dejamos en ella. Eso sobre el papel es fácil, la práctica es otra cosa. Conseguir que la vida ruede en una ciudad exige tener claro qué modelo urbano queremos construir entre todos y todas y asentarlo sobre unas bases sólidas de convivencia ciudadana y eso, necesariamente, implica poner a las personas y sus necesidades en el primer plano y tratarlas siempre desde el convencimiento de que todos tienen, tenemos, los mismos derechos, piensen como piensen, voten lo que voten o lleven el estilo de vida que lleven. No sobra nadie, y debemos caber todos. Pero las políticas marcan el ritmo de la ciudad y en casos como Iruña, los años pasados consiguieron modelar una ciudad en la que la convivencia cada vez era más complicada, en la que se impuso la división y la exclusión en muchos ámbitos de la vida social y cotidiana y en la que transitar por ella era casi un ejercicio de alto riesgo según el medio elegido. Porque volviendo a la idea de lograr una Iruña que vaya sobre ruedas, ocurre que la mayoría de las personas somos al mismo tiempo ciudadanos, conductores y ciclistas, más o menos esporádicos en cada una de estas facetas, y entendemos la complejidad de lograr un modelo de ciudad que satisfaga a todos por igual. Pero lo que en ningún caso es admisible es tratar de arrojarnos a los unos contra los otros para determinar quién tiene que quitarse para dejar paso libre al de al lado. Es cierto que sobran coches, que falta carril bici, que hay zonas que carecen de espacios para caminar sin riesgo... pero es que ésta ha sido una ciudad pensada para que la gente se desplace en coche a los centros comerciales, lleve a sus hijos al colegio en coche (y lo deje tranquilamente en doble fila, que ese es otro tema), aparque en el centro en cualquiera de sus numerosos parkings, pague por aparcar en la zona azul hasta cuando va al hospital, coja varios autobuses para llegar a la biblioteca o el conservatorio, etc y luego el fin de semana, ya sin prisa, vaya a pasear en bici por el paso del Arga. Así que todo está por hacer. Se podría empezar por recuperar de nuevo la ciudad para sus habitantes e ir con paso firme hacia un modelo sostenible en el que todo vuelva a estar cerca para poder ir sobre dos ruedas sin ser equilibrista.

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