Víctor Clavijo actor

“Existe un desapego brutal hacia la política que va a ser muy difícil de corregir”

El actor da vida a un joven y vehemente empresario con rasgos xenófobos en ‘El jurado’, montaje inspirado en ‘Doce hombres sin piedad’ que llega mañana al Gayarre

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar | Fotografía Luis Castilla - Sábado, 15 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:09h

Víctor Clavijo, junto a varios compañeros de reparto en una escena de ‘El jurado’.

Víctor Clavijo, junto a varios compañeros de reparto en una escena de ‘El jurado’. (LUIS CASTILLA)

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Víctor Clavijo, junto a varios compañeros de reparto en una escena de ‘El jurado’.

PAMPLONA.El jurado llega en un momento excepcional, vistas como están las salas de la Audiencia Nacional estos días...

-(Ríe) La verdad es que el telediario y la prensa son la mejor publicidad que podemos tener para esta función. Cuando estrenamos, la temática ya estaba de actualidad y parece que va a seguir así. La obra llega en un momento candente de un tema que por desgracia en España llevamos sufriendo desde hace unos años, que es la corrupción. Y, como dice mi personaje, lo lamentable es que la gente ya ni se extraña, parece que nos estamos acostumbrando.

Acostumbrarse a algo así....

-Pues, evidentemente, no es bueno. Cuando uno normaliza la violencia, la corrupción o cualquier situación a priori anormal es que ha llegado a un punto en que debe replantearse las cosas. Si uno vive en un país en el que no se le da importancia a tener un muerto todos los días a la puerta de su casa o, como en este caso, si no se escandaliza con una corrupción política como la que vivimos, pues algo pasa, no diría que es un punto de no retorno, pero está claro que existe un malestar y un desapego brutal con la política que va a ser muy difícil de corregir.

En la obra, nueve personas deben juzgar las presuntas acciones corruptas de un político, ¿sería posible que un jurado popular juzgara casos como el de la Gürtel o el de las tarjetas black o la presión mediática y política sería demasiado fuerte?

-Ha habido algún caso, creo que de Camps, pero no hay muchos más. Ahora no recuerdo bien cuáles son las condiciones para que intervenga un jurado popular, pero en casos como estos la presión mediática sería muy potente y, además, resultaría muy difícil acudir a emitir un veredicto evadiéndose de los propios prejuicios. Sin olvidar que el jurado también es corruptible.

¿Temen los políticos ponerse en manos de los ciudadanos de una manera tan directa?

-Creo que los políticos necesitan de los ciudadanos una vez cada cuatro años y luego se olvidan. Y eso ha sido así siempre, independientemente de quién estuviera gobernando. El político pocas veces gestiona por y para el ciudadano, la mayoría de las veces responde a otros intereses que tienen más que ver con la esfera económica. Esto lo hemos comprobado en los últimos años y ha dejado de ser una teoría conspiranoica para convertirse en una triste realidad. Estamos muy necesitados de una clase política honrada, y honesta que vuelva a ilusionar. Si en una comunidad de vecinos el administrador roba, se le despide y se le lleva a juicio, y lo que es terrible es que a esta gente no se la pueda despedir, a pesar de que son nuestros contratados, que no se nos olvide. No deberían tener carta blanca para cuatro años.

¿Participaría en un jurado?

-Sinceramente, me daría un poco pereza (ríe). Además, aunque creo en la justicia, no sé si estaría capacitado para poder ejercerla. En un jurado popular, si estás bien guiado por parte de la magistratura, quizá haya poco margen de error. Pero ese margen siempre está ahí y se ha demostrado;ha habido casos en España, como el del asesinato de Rocío Wanninkhof, por ejemplo, en el que se emitió un veredicto erróneo. Si fuera un caso de corrupción política, me importaría menos que si fuera un caso criminal en el que lo de lo que yo hiciera pudiera depender la libertad de una persona durante años. Nadie es infalible, la justicia americana, por ejemplo, está llena de casos de veredictos erróneos.

¿Qué le queda a este montaje de Doce hombres sin piedad?

-Es la fuente de inspiración del texto. En este caso, el jurado no juzga un asesinato, sino un caso de corrupción, y del veredicto no depende la vida de una persona. Pero la estructura dramática es similar, hay un jurado que a priori tiene claro un veredicto, pero uno de sus componentes empieza a cuestionar todas las pruebas y el resto poco a poco va cambiando de opinión. La obra no acaba exactamente igual y cada miembro del jurado esconde razones y secretos.

¿Y cómo fue el proceso de creación del montaje junto a Andrés Lima?

-Fue divertidísimo, recuerdo pocos ensayos tan divertidos. Andrés es un gran director, sabe gestionar muy bien las energías. En este caso, lo difícil fue crear una dinámica de grupo, porque realmente somos un coro, no hay individualidades, y el trabajo consistió en crear esa escucha grupal. Esto Andrés lo hizo muy bien mediante juegos, así que, durante los ensayos, prácticamente nos pasábamos dos horas al día jugando y divirtiéndonos muchísimo. Además, hace las indicaciones de una manera tan divertida y se ríe tanto, que acabas entendiéndole perfectamente.

¿Hábleme de su personaje?

-Interpreto a un empresario joven que al principio de la función tiene un veredicto muy claro y cree que hay que condenar a ese político porque piensa que la corrupción está arrasando el país y se está dejando de creer en la clase política, lo que le preocupa mucho, porque cree que ese es el primer paso para dar alas a ciertos populismos que él considera muy peligrosos. Por eso siente que hay que dar ejemplo con este caso para que la ciudadanía no sienta esa desafección. Pero este empresario tan pagado de sí mismo y vehemente, esconde un secreto que no puedo comentar (ríe) y que condiciona su voto casi desde el principio.

¿Y cómo va evolucionando?

-Él se presenta como un tipo vehemente, simpático con quien tiene que ser simpático, pero que casi no da lugar al diálogo. Cuando se ve obligado a debatir porque el procedimiento judicial lo pide, lo hace, pero a la hora de debatir utiliza todas las armas que tiene a su alcance, como ridiculizar al oponente, reírse de él... Es xenófobo, piensa que los inmigrantes se aprovechan de las facilidades que les ofrece el Estado, y en la función hay una mujer que es china -y a la que da vida la coreana Usun Yoon-, y se comporta así con ella, lo que pasa es que, como hacen muchos xenófobos, lo hace gastando bromas. Usa el humor para intentar ganarse a los demás. Su evolución tarda en llegar, pero llega (ríe).

¿Cómo?

-No puedo contarlo, pero esa evolución comienza cuando hace una confesión en la que se da cuenta de que tampoco él es trigo limpio. Se considera una persona honrada, pero se da cuenta de que su voto estaba muy condicionado por algo muy personal.

Este jurado que presenta la obra parece una radiografía de la sociedad española por géneros, orígenes sociales, culturales...

-Están todos los estratos sociales representados, desde el joven empresario hasta el ama de casa, la chica joven que trabaja en una ONG, el jubilado, el parado de larga duración, el típico nini... Y cada uno, con los prejuicios que ello conlleva. El abanico es amplio, así que el público seguramente se identificará con alguno de ellos y luego, claro, irá modificando su punto de vista, o no. La verdad es que es una radiografía muy precisa sobre las tendencias políticas actuales.

¿La obra cuestiona esos prejuicios, esa sensación que tenemos a veces de que somos mejores que los demás?

-La obra cuestiona los prejuicios y a la vez cuestiona hasta qué punto un jurado popular está capacitado para emitir un veredicto y hasta qué punto estamos condicionados por los medios de comunicación y si somos todos trigo limpio y no cometemos todos corrupción, aunque sea a pequeña escala. Desde meter una factura que no es tuya en la declaración de la renta para desgravar hasta cualquier otra trampilla que parece poca cosa. Si uno se comporta así en lo personal, con qué derecho puede condenar a un político por corrupción;evidentemente, el daño que se hace a la sociedad no es comparable, pero te da que pensar. La corrupción está instalada y normalizada en todos los niveles de la vida.

De hecho, la obra genera esa pregunta: ¿qué haría yo si...?

-El público sale de la función con una sensación entre divertida, entretenida y amarga. La obra deja un pequeño poso de amargura en el espectador porque se da cuenta de que al final todo está corrupto y evidentemente se pregunta qué haría él en esas circunstancias. Eso es lo que buscamos y dejamos sobrevolando por la sala la pregunta de si es justa la justicia.

las claves

en corto

La obra. El jurado.

Función. Mañana, a las 19.00 horas, en el Teatro Gayarre.

Entradas. 20, 24 y 8 euros.

Compañía. Avanti Teatro.

Texto. Luis Felipe Blasco Vilches.

Dirección. Andrés Lima.

Elenco. Josean Bengoetxea, Víctor Clavijo, Cuca Escribano, Pepón Nieto, Isabel Ordaz, Canco Rodríguez, Luz Valdenebro, Eduardo Velasco y Usun Yoon.

Argumento. Un político está acusado en un gran caso de corrupción. Entramos en un proceso legal en el que un presidente autonómico será juzgado por cohecho. Un largo juicio sometido a una importante presión mediática donde el jurado popular deberá tomar una decisión: ¿culpable o inocente? Se trata de un retrato de la sociedad española actual, del funcionamiento de nuestro sistema judicial, y un cuestionamiento del mismo mediante una trama de corrupción política

Según Andrés Lima. “Esta obra permite adentrarnos en la capacidad de corrupción que tenemos todos los seres humanos y en el cuestionamiento de la justicia que vivimos hoy”.

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