Trata y galeras: quitarse la venda

Por Julio Aguilar - Lunes, 17 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:09h

Pulula entre nosotros una realidad acre, al parecer invisible a pesar del reclamo de sus luces de neón. Y así, bajo la traza de normalidad y bullicio de nuestras ciudades, si se descienden unos peldaños, anida un mundo de una sordidez espantosa: me refiero, sin más preámbulos, a la trata de mujeres, abyecto crimen que me enciende. Por su escalofriante realidad y porque no se hace lo suficiente para erradicarlo.

Haré un símil: en las batallas navales de siglos pretéritos, en las ocasiones de victoria, bajo aquel oropel de chirimías, ditirambos, rezos de acción de gracias a ¿Dios? y cánticos victoriosos, si se descendían unos peldaños de las naves… allí estaba el infierno. Me refiero a los galeotes, remos vivientes ensartados día y noche en la cadena y en cuya infausta situación, pienso, lo de menos era el propio remar sobre el duro banco. Porque la suciedad extrema, insectos, llagas, dolores y picores de todo tipo, inmovilidad poco menos que absoluta, vivir casi entre sus excrementos y orines y un largo etcétera eran todavía peor.

El que acaban de leer es el símil más adecuado para hablar de la trata de mujeres. Nuestras democracias deberían actuar con más energía para ser dignas de ostentar ese nombre. Oímos frecuentemente que se ha llevado a cabo tal o cual acción liberadora de unas pocas víctimas. Pero, ahora mismo, cuando están ustedes leyendo esto, ¿cuántas otras niñas y mujeres están siendo sometidas a esta esclavitud aquí, en nuestras ciudades, sin tener que ir a sus países de origen, de donde las traen engañadas, compradas o secuestradas? Si de verdad no se tolerara, ¿por qué la campaña toleranciaceroconlatrata?

Este artículo no es de investigación exhaustiva a propósito, porque leer o escuchar la propia expresión “trata de mujeres” me afecta. No obstante, bastante he leído y visto ya. No se lo recomiendo, a no ser que los mueva a involucrarse en la lucha. No deseo describir detalles escabrosos, solo decir que concurren todas las violencia aprovechando la vulnerabilidad de las afectadas: captación engañosa con señuelo de trabajo digno, o compra, o secuestro, enclaustramiento, palizas, sometimiento, privaciones… en una palabra: esclavitud en el siglo XXI. ¡Qué contrasentido sangrante hablar de chicas de vida alegre donde no hay sino lágrimas!

Todo este lucrativo y abominable negocio, amasado con un padecimiento sobrehumano de las víctimas, si no es debidamente castigado por la justicia en la Tierra, que no lo es, lo será por la divina (llámenla como prefieran), con penas proporcionadas a la inmensidad del crimen. Si a alguien de ese submundo le queda un atisbo de humanidad, por mínimo que sea, que se salga a la carrera de él y dedique el resto de su vida a reparar el daño causado. Porque todas las penas del infierno van a caer sobre estos desalmados. Quienes tomen a risa o con asombro esto último, consideren al menos la posibilidad de que es ley que se cumple inexorablemente.

A las autoridades: más medios, determinación y condenas severas. Hay una relación indiscutible con el género. La violación es el estadio supremo de la violencia de género, y la trata es una violación crónica, permanente.

A los demás lectores: hay que quitarse la venda, no se puede mirar para otro lado, eso supondría invisibilizar este delito gravísimo (que es lo que sucede, por escandaloso que pueda resultar). Si quienes en razón de sus cargos no hacen todo lo que deberían hacer, cada uno de nosotros debemos colaborar del modo más acorde con nuestra situación. Sé que hay gente que recela de las ONGs, pero es preferible echar un capote a que una ayuda que va a llegar a las damnificadas (niñas, chicas y adultas) se desbarate por esos recelos. Jamás se arrepentirán. ¿Se imaginan ustedes una hija o nieta suya caída en las garras de esos monstruos y que les fuera imposible rescatarla? ¿Podrían soportar seguir viviendo? Pues eso, ekin lanari (manos a la obra).

Pueden consultar toleranciaceroconlatrata.org;también www.apramp.org.

PD: Esto poco o nada tiene que ver con la prostitución… si se ejerce con total libertad, con todo el beneficio económico para ellas (o sea, sin la siniestra figura del proxeneta), por mujeres que no encuentran otro modo de ganarse la vida. Lo que en este artículo se denuncia es cosa muy distinta.

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