Palomeras con gente, pero sin palomas

No hubo capturas en las redes que se retiraron a causa del viento, pero ayer fue la gran fiesta en etxalar

Un reportaje de Lander Santamaría Fotografía Juan Mari Ondikol

Lunes, 17 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:10h

1. Montañeros y visitantes hacen ‘parada y fonda’ en la txabola de Palomeras. 2. Los cazadores de escopeta en sus puestos. 3. Mayores y chavales disfrutan de la Naturaleza.

1. Montañeros y visitantes hacen ‘parada y fonda’ en la txabola de Palomeras. 2. Los cazadores de escopeta en sus puestos. 3. Mayores y chavales disfrutan de la Naturaleza.

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1. Montañeros y visitantes hacen ‘parada y fonda’ en la txabola de Palomeras. 2. Los cazadores de escopeta en sus puestos. 3. Mayores y chavales disfrutan de la Naturaleza.

Las redes se levantaron como todos los días en Etxalar, a primera hora y a lo largo del collado de Yarmendi, que los naturales conocen por el topónimo de Usategieta (sitio de palomas) y que es por donde han cruzado el Pirineo desde siempre. Pero al mediodía, entre que las zuritas pasaban escasas y revueltas y que empezó el viento a soplar, se decidió recogerlas y a esperar a hoy. O sea que, el Domingo de Palomeras, uno de los más señalados del calendario etxalartarra, transcurrió sin capturas de palomas pero sí, como todos los años, con ambiente montañero y festivo, entre los robles del bosque de mañana y en el pueblo al caer la tarde y anochecer.

No hubo palomas pero sí gente, que en esta fecha acostumbra a llegarse a Etxalar, muchos por tradición y costumbre, y otros, matrimonios jóvenes con sus hijos, y montañeros que conocen la belleza y la bondad de la otoñada bidasotarra. Los palomeros, una docena igual que se cuentan las palomas que se capturan, se muestran aceptablemente satisfechos por el inicio de la campaña. 38 docenas han caído en las redes hasta ahora, lo que anima a mirar con optimismo los próximos días para intentar llegar a las cien docenas, que será cuando se dispare el chupinazo previsto para estos casos.

El viento ha soplado favorable en los primeros días de octubre, norte que es el que conviene para la caza con redes en Etxalar, lo que ha estado bien porque en los últimos años la pasa se venía retrasando respecto a lo que se conocía desde siempre. El calentamiento global puede que influya, porque las estaciones ya no son tampoco lo que eran y parece que acabaremos volviendo a tiempos pretéritos, cuando lo que había era verano e invierno y punto.

De los palomeros, afición u oficio que se transmite casi de forma familiar, el más veterano será ahora Gerardo Damboriena, de Landaburukoborda, que habría empezado con 15 o 16 años y lleva más de 40 levantando redes y cogiendo palomas como hicieron antes su padre, su abuelo y antepasados. Las cosas han cambiado allí arriba, y ahora gozan hasta de cierta comodidad y algún lujo que otro, además del placer de vivir en la montaña y disfrutar del calorcillo del fuego, de sabrosa comida y hasta de alguna copa de pacharán u otro licor si se tercia.

Y si no pasan palomas, se ocupan unos de desplumar las que se matan (que no son todas) o de agarrar el hacha y ponerse a hacer las paletas que se lanzan imitando a las rapaces para mover y encaminar las bandadas hacia las redes. Las palomas muertas se pagan a 10 euros, que son 11 euros si se quieren limpias y vacías y envasadas al vacío, hasta en esto ha llegado la modernidad, y las vivas que algunos compran para usarlas en practicar la caza con cimbel, hasta a 25 euros.

Faltaron las palomas pero acompañó el tiempo bastante decente. Laura Elizagoien, la guía que se está convirtiendo en la biblia palomera etxalartarra, llevó de paseo en dos sesiones a medio centenar de personas deseosas de conocer el intríngulis de este asunto ancestral de la caza con redes. Y hubo mucha gente en Etxalar, donde al atardecer seguía la fiesta y empezaba el bailongo con la orquestina Hoarkabe o sea que de pasarlo, pues que tan ricamente.

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