Francia afronta sus más inciertas presidenciales tras una tumultuosa campaña

Elige al sustituto de Hollande con una oferta que supera la del bipartidismo
Le Pen y Macron partían como favoritos aunque los últimos sondeos dibujaban un empate técnico

efe - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 14:09h

Una persona se dirige a votar en un colegio electoral de Francia.

Una persona se dirige a votar en un colegio electoral de Francia. (EFE)

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Una persona se dirige a votar en un colegio electoral de Francia.

PARÍS.Un 69,42 % de los electores franceses había votado a las 17.00 hora local (15.00 GMT) de este domingo en la primera vuelta de las presidenciales francesas, una cifra ligeramente inferior a los mismos comicios en 2012, indicó hoy el ministerio del Interior. >p>Si la tasa de participación se mantiene constante, podría acabar por encima del 80 %, muy por encima de lo que los institutos demoscópicos habían previsto en los últimos días.

El atentado del pasado jueves en los Campos Elíseos en París, en el que murió un policía a manos de un asaltante que fue abatido, se cita como uno de los argumentos para explicar este repunte momentáneo de la participación.

La cifra registrada hoy a media tarde también supone un descenso respecto a hace diez años, cuando el 73,87 % de los franceses ya habían votado, aunque aquellas elecciones -que acabaron con el triunfo del conservador Nicolas Sarkozy- supusieron un récord absoluto con una participación final de casi el 84 %. En aquella cita electoral, en la que venció finalmente Nicolas Sarkozy, fueron casi el 84 % de los franceses con derecho a sufragio quienes finalmente votaron. La tasa de hoy se sitúa muy por encima de la de hace quince años, que permitió el acceso a la segunda vuelta del ultraderechista Jean-Marie Le Pen, cuando un 21,40 % de los franceses había acudido a las urnas hasta las 12.00 horas (10.00 GMT). Los principales aspirantes han llamado a la participación tras depositar sus papeletas.

El más madrugador fue Macron, quien votó poco después de las 10.30 horas (08.30 GMT) en la localidad costera de Le Touquet, donde tiene una casa de vacaciones. A sus 39 años, quien aspira a convertirse en el presidente más joven de la historia de Francia dijo a la prensa tras depositar su voto que "es esencial ir a votar por los tiempos en que vivimos". Vestido con traje y corbata, con el semblante distendido, el candidato se vio obligado a esperar varios minutos en la cola ante la fuerte afluencia de público. Se da la circunstancia de que la estancia del Ayuntamiento de Le Touquet donde ejerció su derecho es la misma en la que hace diez años se casó con Brigitte, su exprofesora 25 años mayor que él. Minutos después, Le Pen votó en su feudo electoral de Hénin-Beaumont, en el norte del país, donde también tiene previsto seguir toda la jornada. Acompañada del alcalde de la ciudad, Steeve Briois, también del Frente Nacional (FN), Le Pen, vestida con traje oscuro, emitió el voto en medio de una gran expectación mediática. La Policía detuvo a una docena de militantes de la organización feminista Femen que intentaron boicotear su voto.

Las activistas se presentaron en el colegio electoral con el pecho descubierto y sus rostros tapados con máscaras de Le Pen, de su padre, Jean-Marie, y de los mandatarios ruso, Vladímir Putin, sirio, Bachar Al Asad, y estadounidense, Donald Trump. A las 11.45 horas (09.45 GMT), Fillon depositó su papeleta en una mesa del Ayuntamiento del distrito VII, en el centro de París, entre fuertes medidas de seguridad por la amenaza de un atentado terrorista. Según reveló él mismo, Fillon era uno de los objetivos de los dos supuestos yihadistas que fueron detenidos en Marsella esta semana con planes para ejecutar un atentado "inminente". Un Fillon serio votó sin su esposa Penelope -protagonista del escándalo de corrupción por el que el conservador ha sido imputado al haberle atribuido un supuesto empleo ficticio-, que había hecho lo mismo a primera hora en su localidad de Sablé-sur-Sarthe.

El último de los favoritos en votar fue el izquierdista Mélenchon, que lo hizo en el Ayuntamiento del distrito X de París rodeado por sus principales colaboradores en la campaña. Con una amplia sonrisa, Mélenchon, en apariencia muy relajado, depositó su papeleta en las instalaciones municipales tras haberse convertido en la gran sorpresa con una campaña rompedora que le ha llevado a rozar el 20 % en la intención de voto en los sondeos.

El presidente saliente, François Hollande, cuya renuncia a presentarse a su reelección ha marcado los comicios, votó en su feudo electoral de Tulle (centro del país), del que fue alcalde de 2001 a 2008. Muy sonriente y efusivamente saludado por sus vecinos, Hollande apeló a todos los franceses a "mostrar que la democracia es más fuerte que todo" y recordó las extraordinarias medidas de seguridad adoptadas por su Ejecutivo para que el día transcurra sin la sombra de la amenaza terrorista.

DISTURBIOS

La candidata ultraderechista, que tras las regionales de 2015 había reducido su presencia mediática, comenzó a aparecer de forma profusa y organizó varias “conferencias presidenciales” para presentar su programa. Sus mítines se vieron con frecuencia también perturbados por las manifestaciones de grupúsculos de la extrema izquierda, lo que acabó con enfrentamientos con la policía.

En cuestión de mítines, la palma se la ha llevado el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, avezado orador que ha reunido a miles de personas en ocasiones en varias ciudades de forma simultánea gracias a un sistema de hologramas. El buen papel que hizo en los debates televisados y su éxito en mítines y en redes sociales relanzaron su campaña hasta el punto de desbancar al socialista Benoît Hamon como principal baza de la izquierda. Mélenchon ha privilegiado el contacto directo con los electores frente a las entrevistas televisadas, una estrategia que le ha permitido evitar los temas polémicos que le reprochan sus rivales, en particular su cercanía a líderes como el cubano Raúl Castro, el venezolano Nicolás Maduro, el ruso Vladimir Putin o el régimen iraní.

El socioliberal Emmanuel Macron, considerado favorito de los sondeos, comenzó su campaña con un intenso “puerta a puerta” para darse a conocer, puesto que nunca antes se había presentado a unos comicios de ninguna naturaleza. A medida que se acercó la primera vuelta, Macron organizó grandes mítines con una clara estética estadounidense en los que se dedicó a desmentir la imagen de candidato tibio que le reprochaban sus rivales. Pero el que fuera ministro de Economía entre 2014 y 2016, bajo la presidencia de François Hollande, se mueve mejor en la televisión y los sondeos le dieron como ganador de los dos debates televisados.

Las encuestas por ahora dibujan un escenario cercano al empate técnico, si bien Macron y Le Pen han encabezado con consistencia la intención de voto en todos los sondeos desde hace meses. Pero los márgenes se han estrechado conforme se acercaba la primera vuelta, y lo que parecía un cara a cara garantizado entre el hijo pródigo del socialismo y la campeona de la ultraderecha es ya una carrera a cuatro de final incierto.

La dinámica ascendente del izquierdista Mélenchon ha añadido incertidumbre a la carrera, al abrir la posibilidad de una segunda vuelta entre él mismo y Le Pen que espanta al establishment y los mercados. Una incertidumbre acrecentada por el atentado del pasado jueves en París que agrega suspense a los comicios. Los expertos no se atreven a anticipar su impacto en los votos, y que será difícil de conocer, porque ayer no estaba permitido publicar sondeos. Los realizados antes del ataque terrorista daban a Macron obtendría un 23 % de los votos, a Le Pen, el 22,4 , a Fillon el 20 % y a Mélenchon el 18,5 %.

Sea cual sea el resultado, estas presidenciales serán recordadas por el desplome de socialistas y conservadores, cuyos candidatos podrían no superar de forma conjunta un tercio del total de los votos. Los socialistas se asoman a una auténtica crisis existencial tras estos comicios, que podría agravarse en las legislativas de junio. De hecho, esas elecciones despejarán el horizonte político, que verá previsiblemente nacer un Parlamento más atomizado, pese a que el sistema a dos vueltas propicia el bipartidismo y la concentración de poder.

el terrorismo

Pánico. Un hombre con un cuchillo provocó ayer un breve movimiento de pánico en la estación del Norte de París. Dos días después del atentado que costó la vida a un policía en los Campos Elíseos de la capital, los viajeros corrieron despavoridos por los pasillos de la estación al ver a un hombre que portaba un cuchillo. Alertados por los pasajeros, agentes de seguridad acudieron al lugar y detuvieron al individuo.Emergencia. Organizaciones como la Federación Internacional de Derechos Humanos han avisado de que la política antiterrorista francesa, al abrigo del estado de emergencia, socava los cimientos del Estado de derecho. Mantener o no esta medida divide a los aspirantes presidenciales favoritos. El candidato conservador François Fillon pretende reforzarla, el socialista Benoît Hamon modificarla y el izquierdista Mélenchon abandonarla. El socioliberal Emmanuel Macron y Le Pen no han hecho pública su postura al respecto.

Agentes. Los candidatos discrepan sobre recuperar el servicio militar obligatorio pero sí coinciden en reforzar el cuerpo policial, que dispone de 250.000 efectivos. Le Pen, partidaria de la mano dura, prometió reforzarlas “masivamente” con la contratación de 15.000 policías. Macron apuesta por 10.000 efectivos más y por crear una policía de seguridad “más próxima”. Fillon, otro candidato favorable a endurecer la ley, tasó en 10.000 los nuevos agentes para contratar. Mélenchon aboga por duplicar la policía científica.