Un beato de Almandoz, asesinado en 1936

Lunes, 5 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:07h

El beato José Vergara.

El beato José Vergara.

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El beato José Vergara.

Fue el 29 de septiembre de 1936, en Canet de Mar, un pequeño pueblo de Barcelona a orillas del Mediterráneo. Dos meses antes, el 19 de julio, llega la noticia de que patrullas incontroladas se movían por el pueblo, irrumpen en el seminario de Nuestra Señora de la Misericordia después de incendiar la iglesia parroquial, obligan a los religiosos y niños a abandonar la casa y les alojan en el parque que convierten en un pequeño campo de concentración, donde son vigilados los días siguientes y presencian el saqueo y el incendio del santuario, y tranquilizan y aseguran a los asustados muchachos: “No os pasará nada”.

Advertidos los sacerdotes por uno de los miembros del Comité de que “esta noche vais a ser fusilados”, los siete religiosos huyen campo a través por la montaña, camino de Francia, que consideraban refugio seguro. Pero no fueron muy lejos, dos de ellos, uno apellidado Vergara, regresan sigilosamente hasta donde se encontraban los niños para saber cómo se encontraban y darles ánimos, sabedores de que varios de ellos habían sido interrogados a punta de pistola en el pecho.

Vuelven los sacerdotes al bosque donde se refugiaban, piden ayuda a un hombre que les inspira confianza y deciden continuar su huida a Francia. Apenas un kilómetro después son detenidos, habían sido traicionados, y son conducidos a la sede del Comité. Por la tarde, atados de dos en dos excepto uno con las manos atadas a la espalda son conducidos en un autobús hasta un arbolado desierto.

Les obligan a ponerse de espaldas, a lo que se niegan, primero asesinan a cuatro y luego a los tres restantes, con una ametralladora, los rematan a tiro de pistola, cargan sus cadáveres y los trasladan al cementerio del pueblo donde los abandonan. Uno de ellos, de 28 años, era José Vergara Echeverria, de la casa Indakoa de Almandoz, en el Valle de Baztan. Llevaba nueve años como misionero y dos y medio de sacerdote del Sagrado Corazón. De él, recuerdan testigos que destacaba por su abnegación y disposición a ayudar a los más necesitados, y fue uno de los que se habían arriesgado y regresado para visitar a los niños la noche en que debieron huir por el peligro que corrían.

Hace unos días, fueron declarados beatos tras la causa que inició el obispo de Gerona el 14 de julio de 1995, y a la reciente ceremonia que tuvo lugar en Canet de Mar, donde descansan, pudieron asistir algunos de sus familiares que fueron objeto de una cálida y emocionante acogida por vecinos ancianos que todavía recuerdan los hechos, la tremenda salvajada. Han vuelto reconfortados, y la parroquia de su pueblo natal, Almandoz, fue escenario la pasada semana de una Eucaristía por su memoria y eterno descanso, cuando muchos vecinos y baztandarras desconocían su triste final. Aquella guerra miserable jamás debió llegar. Nunca más, nunca más. - L.M.S.

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