Recursos humanos

A ver

Por Maite Pérez Larumbe - Martes, 13 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:07h

A ver. Voy a por fresas. Debajo de casa, un kilo de fresas de caserío cuesta 7,96 euros y los fresones de Palos 2,58. No quiero pasar por escéptica. ¿Me fío de que la diferencia esté bien fundamentada? Si hablamos de alimentos, la verdad es que por un poco más existen productos que aseguran calidad superior, producción con mayores garantías sanitarias, buenas condiciones laborales y comercialización en el punto óptimo de sazón.¿Es mejor la fresa cercana? Bueno, la proximidad supone un enorme ahorro de transporte y, por lo tanto, de contaminación (el aire no tiene fronteras y el agua pocas, su estado afecta a cultivos ecológicos y convencionales, pero esto es otra cuestión). Que quede claro que estoy en contra de la contaminación, pero no me gusta pensar que pago más por un producto en cuyo transporte se ha pagado menos. ¿Pagaría entonces por mi buena intención? A ver, no desbarres. Vale, me centro. Que yo tenía un argumento. Merece la pena pagar algo más, pero no solo vivimos de fresas y todos los algos mases que merecen la pena de todo cuanto necesitamos para vivir son inasumibles para una gran mayoría. Conforme desciende el nivel de renta, mayor es la obligación de consumir productos con algos menos, poco respetuosos con un montón de cosas. ¿Tendrá que ver eso con que la obesidad se cebe en las capas con menos recursos? ¿Solo las personas con cierta solvencia económica pueden hacer de sus actos de consumo actos de salud, resistencia y cambio? ¿No suena esto exagerado y moralmente clasista? ¿Cuántos actos de consumo responsable (o no consumo) son necesarios para crear una masa crítica? Difícil saber cuándo se debilita o se refuerza un sistema más que mejorable. A ver. Subí con una sandía, pero eso no cambia nada.

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