Mar de fondo

Otsoa etxean

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 17 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

tal como dije entonces, me pareció perfecto que se designase a Jon Juaristi miembro del Consejo Asesor del Euskera. Es cierto que, fiel a su estilo, enseguida señaló que el futuro de la lengua vasca le daba igual, lo cual ofendió a bastante gente. Yo, sin embargo, sigo pensando que su nombramiento fue adecuado, no a pesar de ello sino, sobre todo, por ello. Y es que el escritor no solo acumula méritos académicos para opinar sobre el asunto. También suma los ideológicos, pues representa a un sector social que debe tenerse en cuenta al establecer políticas lingüísticas.

Uno está lejísimos de posturas como la de Ana Beltrán, pero su voz aclara más el paisaje que mil debates en los que nadie confiesa que odia el euskera, se la pela el euskera, le aburre el euskera. Basta adentrarse en la red para comprobar que no son cuatro y un tambor, así que convendría que dejado el tambor en casa hablasen en plata y en público sobre sus fobias. Porque, aunque es falso que todos los que se oponen al fomento del vascuence lo aborrezcan, es verdad que muchos se oponen precisamente porque lo aborrecen. Y resulta saludable que se presenten a la discusión sin vaselina, sin esas medallas étnicas de que mi apellido luce ocho erres y mi abuelo chapurreaba raro.

Esto es una riña familiar sobre qué nombre poner al crío, y para algunos es un niño no deseado. Está aquí, llora y habrá que aguantarlo, pero no deja de ser un problema. Así que se agradece que la cuñada exprese sus íntimas reticencias, y que ayer arremetiese contra el color de los pañales, hoy contra el precio del sonajero y mañana contra el grumo del puré. Asesorarse entre afines es llamar guapo a un bebé: cálido formalismo.

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