Víctor Gaviria director de cine

“Una víctima sobrevive de verdad si nunca es parte de la maldad, del maltrato.”

Una entrevista de Fernando F. Garayoa Fotografía Iban Aguinaga - Lunes, 19 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Víctor Gaviria, en el hotel Tres Reyes, el pasado jueves.

Víctor Gaviria, en el hotel Tres Reyes, el pasado jueves.

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Víctor Gaviria, en el hotel Tres Reyes, el pasado jueves.

las claves

pamplona- El cine, como la música, como el arte, como la cultura, ¿tiene, entre otras cosas, que molestar para alcanzar los objetivos para los que fue creado?

-Esta película molesta muchísimo, incomoda a todo el mundo, golpea... La experiencia de los espectadores, para uno, como director, es un poco traumática. Pero la frase que todo el mundo me dice es la película golpea pero que no había otra forma de hacerlo. Es ese cine que recurre a no ser agradable al espectador, lo sacude, lo pone en crisis, en malestar... Y parece que eso está bien. Me he encontrado personas que me dicen que el arte, últimamente, no se sabe muy bien dónde está;por ejemplo, un amigo me comentaba que cuando iba a bienales de arte no se sabía dónde estaba la obra, porque todo lo de alrededor podría ser la obra, hasta el extintor. Sin embargo, este mismo amigo, guionista, me comentaba que mi película era todo lo contrario, era como encontrarte de nuevo con ese arte que te sacude y te golpea... como en una época fue el arte.

Aunque uno peque de inocente, de no ser lo suficientemente vanguardista, su forma, la forma de este filme, tan cruda, ¿es la única manera de contar una realidad tan dura y, desgraciadamente cotidiana, como la violencia de género?

-Pues sí, hermano, es el concepto de realidad como aquello que no aparece, que siempre se escamotea, que es como el sumun de una serie de cosas, de informaciones que te incomodan. Porque, cuando uno habla de cine, en el fondo está mostrando cosas que están ocultas o que los medios de comunicación evitan enseñar. En mi cine, por ejemplo, con La vendedora de rosas,que fue una película que se conoció por acá en el año 99, me sucede que, cuando yo me encuentro con los muchachos y con la gente de los barrios, me hablan de esa película y siempre utilizan la misma palabra: realidad. “Eso es la realidad”, me dicen.

Lo que sucede es que muchas veces no queremos ver esa realidad, aunque la tengamos pegada al culo.

-Exactamente, muchas veces no queremos verla e incluso llegamos a pensar que no existe, cierto. Y es como de mal gusto mostrarla, o eso al menos es lo que me dicen algunas veces a mí en Medellín: “¡Pero cómo has ido otra vez mostrando eso!” Es la idea de que los trapitos sucios se lavan en casa, de que no hay que dar mala impresión de la sociedad y de la ciudad. Aunque, de todas maneras, esta es una película sobre la violencia de género, y ésta tiene una cosa muy especial, y es que nadie te puede decir que no se debe mostrar. Sí te pueden decir que es de mal gusto mostrar, a los de fuera de casa, la violencia en general, la marginalidad o la pobreza. Pero la violencia de género nadie puede decir que es inconveniente mostrarla, porque es algo que todo el mundo tiene que denunciar... La violencia contra la mujer nunca está de más mostrarla, siempre, siempre, siempre hay que luchar contra ella. Muchos de los que antes me criticaban por mostrar otro tipo de violencia, ahora como que no se atreven porque la violencia contra la mujer, más que todo, es una obligación mostrarla.

Ante una posición de superior violencia e inferior inteligencia, ¿cómo puede alcanzar una mujer, como la protagonista deLa mujer del Animal, dignidad, igualdad y, en definitiva, su lógica posición en la sociedad como ser humano?

-Esta es la historia de una mujer que, aparentemente, no logra escapar. Es una historia de sumisión, hasta el punto de que casi se hace insoportable que ella no escape, que el maltrato continúe... Eso es algo que desespera al espectador, por un lado, y, por otro, desespera muchísimo que nadie le ayude. Yo pedí asesoría a las mujeres que tratan este tema, y que trabajan en las oficinas de ayuda y en los colectivos de estudio del maltrato de género, y me decían que eran situaciones muy frecuentes, que no podían escapar por el maltrato mismo, por la anulación de la dignidad de la persona, por el miedo... Pero es la historia de una mujer que sobrevive... Y Colombia es un país en el que se habla muchísimo del problema de las víctimas, porque hemos tenido muchas... de la guerrilla, del narcotráfico, de los paramilitares, del Ejército... Entonces, cuando se habla de las víctimas se refieren a ellas con otra acepción que les da mucho más valor: sobrevivientes. Y, por lo tanto, sobreviviente es aquella persona que ha triunfado sobre el deseo del agresor, que es un aniquilador. De esta forma, cuando la víctima sobrevive es porque vence sobre el agresor. En este sentido, el victimario lo que quiere es que la víctima no sobreviva. Así que no llamemos víctimas a estas personas, son sobrevivientes, dando la idea que son personas que han triunfado y, de esta manera, escapado. Y la mujer protagonista sobrevive a pesar de todas las pruebas que le pone el aniquilador. Yo he visto las películas de los campos de concentración, que son muy conmovedoras, y en el fondo, lo que uno espera, es que su triunfo sea sobrevivir.

Esa sería la moraleja de este filme, que, para la protagonista, sobrevivir es la manera de vencer al agresor.

-Exacto, eso es lo que la película muestra. Aparentemente es como una cosa evidente, pero no lo es. Ella lo que hace es sobrevivir al hombre... porque hay otra forma de sobrevivir, entre comillas, que es asimilarse al victimario, ajuntarse a él, ser el mismo agresor... Una persona sobrevive de verdad si nunca es parte de la maldad, del abandono, del maltrato... A mí me recuerda a los capataces de los campos de concentración, ellos no sobrevivieron porque se hicieron parte del mal, se convirtieron en agresores.

Sucede que los españoles piensan que viven en un país desarrollado, en comparación con Colombia. Pero es que, solo ciñéndonos a la violencia de género, sin siquiera tocar la corrupción, de enero a mayo ya han sido asesinadas 27 mujeres, y no parece que desde el Gobierno se esté moviendo ficha para detener esta lacra, algo que sí hicieron, por ejemplo, cuando la violencia afectó directamente a los políticos, a los que rápidamente se les colocó guardaespaldas, por ejemplo...

-Yo sé que en España la violencia de género se vive año tras año, pero en Colombia es lo mismo... Porque la violencia de género no tiene clases sociales, es una violencia que se da en toda la sociedad;incluso hay estadísticas que dicen que en los estratos medios y altos es peor, porque esos animales son soberbios, olímpicos y no tienen ninguna consideración, precisamente por su poder económico. En cuanto a las soluciones, en Colombia de lo que se está tratando es de que, cuando suceden estas agresiones dentro de la familia, sean los dos, el hombre y la mujer, vayan a conversar... Pero, muchas veces, esa conciliación es absurda, porque los efectos y las consecuencias son terribles. Una mujer que señale a un hombre frente a la autoridad o frente a una comisaria de familia es impensable, ya que ni los propios funcionarios saben cómo actuar ni entienden la lógica y la dinámica de la violencia de género. Es casi inconcebible pedir a una mujer que ha señalado a su pareja que se presente ante un funcionario público porque las consecuencias sobre ella son aterradoras. Cuando se trata de aplicar estos remedios, es porque no entienden lo que se está tratando. En Colombia ha habido muchos asesinatos recientes de mujeres que habían señalado o acudido a la Fiscalía, y aun así no les solucionaron nada y fueron asesinadas.

Hilando con otro de sus filmes, quizá si hubiéramos seguido algunas de las premisas de aquel punk retratado en Rodrigo D. No futuronos hubiera ido mejor...

-Sí, sí, porque era un punk más descarnado, sincero... En aquella época se utilizaba como un humor negro que lo que hacía era templar los nervios para poder soportar ese pesimismo y proliferación de la violencia que se vivía en Medellín en aquellos años 80. La juventud vivía como en un apocalipsis y había que tener los nervios muy firmes para sobrevivir, y los punkeros los tenían, eran la medicina para poder asentarse y vivir ahí. Los punkeros, y los metaleros también, eran unos jóvenes muy valientes que miraba a esa realidad social de frente, sin lamentarse, sin quejarse, definiéndola con sus temas.

¿Cree que La mujer del animal está teniendo mejor acogida fuera de Colombia que en su país?

-La crítica fue muy bien, al igual que las posiciones feministas, todas recibieron muy bien la película, incluso con admiración por su valentía al señalar la violencia de género y al animal, a pesar de que casi todo el mundo dice que es una película casi insoportable de ver. Para mí, como director, es muy extraño tener que advertir a la gente de que van a ver un trago amargo. Pero hubo un boca a boca tras pasar por los cines, porque muchas mujeres no quisieron beber ese trago amargo en pantalla grande, que hizo que se popularizara, porque la piratearon, claro. Pero todas las mujeres que la vieron, al final lloraban porque saben que es una realidad que está ahí o que es algo por lo que muchas de ellas han pasado. Y les duele muchísimo reconocer que no han sabido o podido impedirlo o salvarse de él. Pero, fuera de Colombia, también me ha sorprendido la unanimidad de la crítica, en estos pases que hemos hecho de lanzamiento, que no es público raso, por decirlo de alguna forma, sino más informado. Pero la película ha sido admirada y, la verdad es que me han felicitado.

Como refrendo de una de sus principales premisas cinematográficas, para plasmar esa realidad, ¿los actores tienen que salir de la calle?

-Sí, es mi apuesta. Hacer cine que funciona como una especie de purificación de la dramaturgia frente al cine comercial y de actores profesionales, que muchas veces vienen de la televisión y hacen unas representaciones un poco domesticadas. Ante esto, uno tiene que proponer la salvajada del actor natural, que es un intérprete sin preparación y que, con una enorme sinceridad, agrega a la representación la idea de que él da testimonio de que eso es verdad porque lo ha vivido. Son narradores de realidad que golpean al espectador y le dicen: “¡Esto es así!”.

Por último, un filme tan demoledor como La mujer del animal,¿deja lugar a la esperanza?

-Sí, obviamente. Las mujeres me han agradecido mucho esta película. En Medellín ha sido muy emocionante, a pesar de que la taquilla fue escasa, como decía antes, pero la gente tenía curiosidad por verla en los barrios populares, a donde llegó pirateada. Así, niñas de 18 me venían casi llorando para agradecerme que por fin alguien mostró que el animal existía, porque ya tuvieron la experiencia de un papá animal o de un animal que se cruzó con ellas y las violó... Y el personaje de la película tiene una evolución sutil pero admirable, porque al final sobrevive al animal. Es sutil, por sencilla, pero ella decide, en algún momento, nunca maltratar a sus hijos, aunque, metida en ese mundo, podría hacerlo, porque son hijos no deseados, fruto de violaciones, son hijos del animal, que es lo peor que podría querer una mujer. A pesar de eso, ella hace una conversión tremenda de humanidad y en una de las escenas finales, ella le dice a la gente que le felicita por haber sobrevivido al animal, y que tratan o llaman a sus hijos como animalitos, al grito de “vivan los hijos del animal”. Frente a lo que ella responde: “No son los hijos del animal, son mis hijos”. Y esta es una evolución sutil del personaje, pero muy esperanzadora.

“Esta película molesta mucho, incomoda a todo el mundo, golpea... La experiencia de los espectadores es un poco traumática”

“Los actores profesionales, que muchas veces vienen de la televisión, hacen unas representaciones un poco domesticadas”

“La violencia de género nadie puede decir que es inconveniente mostrarla porque es algo que todo el mundo tiene que denunciar”

el filme

‘La mujer del animal’. Su cuarto largometraje, La mujer del animal, es un relato crudo sobre la violencia contra las mujeres. Se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto y, en el Estado, en el Festival de cine de Málaga, donde fue acogida calurosamente por crítica y público. Con múltiples premios en su haber, todavía está en el circuito de festivales.

Argumento. Tras ser descubierta disfrazándose de Virgen, Amparo huye por miedo a su padre del internado de monjas donde la acogían. Llega a un barrio marginado de Medellín a vivir de arrimada donde su hermana. Cuando su cuñado la introduce a la familia, el primo Libardo queda infatuado con ella, la rapta en un rito matrimonial para luego obligarla a vivir bajo su mismo techo;la familia del Animal, testigo de su cautiverio. La comunidad, amedrentada por Libardo, no intercede en favor de Amparo quien es abandonada a la vigilancia permanente. Forzada a convertirse en la mujer del Animal, Amparo tiene, sin poder evitarlo, una niña. ¿Podrá, por medio del amor y la templanza, detener la repetición del ciclo del que también fue víctima su madre, sobrevivir y salvar a su hija?

trayectoria

Compromiso y realidad. Víctor Manuel Gaviria (Medellín, 1955) es un director imprescindible del cine colombiano, cuya firma de autor se ha configurado a partir del retrato de las zonas marginales de esa ciudad. Sobresale su trabajo de dirección de actores naturales, provenientes de las mismas comunas que le interesan, con atención particular al parlache o registro lingüístico propio de esos sectores. Guionista, poeta y escritor, sus largos han ganado numerosos premios internacionales. Tras iniciar estudios de psicología en la Universidad de Antioquia, publicó varios libros de poesía, actividad que no ha dejado de lado. El salto al cine lo dará en 1979 con el cortometraje Buscando tréboles. En 1986 recibe un premio de guión para Rodrigo D. No futuro (1990), un clásico del cine latinoamericano que retrata la subcultura punk de una Medellín turbulenta de los ochenta. Este largo le valió al director la invitación a la Sección Oficial de Cannes, convirtiéndose en la primera película colombiana en presentarse al certamen.La vendedora de rosas (1998) ha sido una de las películas más premiadas del cine colombiano y con la que regresó a Cannes, además de visitar y triunfar en otros festivales. En su siguiente largo de ficción, Sumas y restas (2005), Gaviria se asoma al cruce del mundo del narcotráfico entre las zonas deprimidas de Medellín y la clase media de la ciudad.

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