Maestros a la cola

Por F. Javier Aramendia Gurrea - Martes, 20 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Los medios del País Vasco han dado cuenta con lujo de detalles que cerca de 1.500 maestros de Infantil, o Haurreskolak, habían soportado el pasado día 13 en Eibar colas de más de seis horas y más de trescientas durmieron en la calle a las puertas del Consorcio, para apuntarse a la lista de sustituciones abierta solo durante dos días y después de seis años sin admitir candidatos. Había además, entre ellos, aspirantes con muletas y embarazadas de pie durante esas largas horas. Según las informaciones el procedimiento de selección era el mismo que existe en la cola del pan, o sea, por orden de llegada, sin tener en cuenta los méritos de los candidatos.

La noticia, por insólita, nos deja perplejos y apenados. Si eso sucede en una autonomía de las más prósperas y con fama de bien gestionada, qué podrá ocurrir en otras más menesterosas en estos tiempos de empleos escasos, precarios y mal pagados en este país de los recortes en educación, en el que, contrariamente a lo que proclama el presidente Rajoy y sus palmeros, la desigualdad y pobreza no deja de crecer, según testimonio de organizaciones tan serias y confiables como Cáritas e Intermón Oxfam.

El espectáculo de los profesores pacientemente alineados e incluso durmiendo cerca de las puertas no tiene nada de edificante, especialmente para sus potenciales alumnos, pero nos indica con meridiana claridad la consideración que las administraciones tienen respecto a los docentes. Suponemos que esto no pasaría en países como Francia o Alemania, y no digamos en los actualmente más punteros como Finlandia, Corea o Singapur.

Situaciones como la aludida nos retrotraen a tiempos que creíamos ya superados, en que era común escuchar expresiones como “tener más hambre que un maestro de escuela” o comentarios como el que me hizo alguna vez alguien en el medio rural, en tiempos en que los pueblos de Navarra tenían la potestad de elegir funcionarios tales como el médico, el secretario o el maestro, de que la retribución del maestro se componía de una mínima cantidad de reales, duros o pesetas y la posibilidad de segar un determinado número de robadas, a hoz naturalmente, y no sentado en una cosechadora. Ciertamente era ese unfantástico incentivopara personas con una preparación intelectual adquirida tras bastante tiempo de privaciones y sacrificios.

Parece que esta penosa realidad del Magisterio ha sido así durante siglos, podríamos decir, pues solo en las primeras décadas del siglo XX se les otorgó en España al menos seguridad en el empleo, aunque los salarios siguieran haciendo honor al dicho popular de precariedad o auténtica pobreza. Países más avanzados como la Prusia de Bismark o la Francia de Jules Ferry habían establecido ya tiempo atrás la escuela obligatoria y gratuita a cargo de funcionarios del Estado competentes.

Conviene, asimismo, cabe recordar el auténtico calvario sufrido por los maestros republicanos, quienes fueron ferozmente depurados por el régimen franquista por elatrozdelito de intentar formar a sus alumnos en valores cívicos, de amor al conocimiento, justicia, tolerancia e integridad moral, según se refleja certeramente en piezas de teatro, entre otras, como la recientemente estrenadaLa Esfera que nos Contiene, de la dramaturga Carmen Losa, excelentemente interpretada, además, por dos estupendos actores jóvenes navarros, Leire Abadía y Jon Iraizoz.

La estima en que se tiene a los docentes es un ajustado exponente del amor a la cultura de una sociedad, pues al fin y al cabo es eso lo que nos hace hombres y mujeres ilustrados y de principios morales, en suma buenos ciudadanos conscientes y responsables, y en esta asignatura nuestro país ha venido dejando mucho que desear, como lo muestran hechos como este de Eibar, que esperamos no vuelvan a ocurrir.

El autor es abogado y exprofesor

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