Antonio Argandoña profesor de economía y titular de la Cátedra CaixaBank de RSC del IESE

“El empresario debe transmitir confianza para que la plantilla se sienta ilusionada”

Argandoña resalta que “las empresas se han dado cuenta de los errores del pasado por ser irresponsables”. Ahora, fomentan la responsabilidad social y valoran a las personas

Sagrario Zabaleta Echarte Mikel Saiz - Miércoles, 21 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Argandoña desarrolla su docencia en las áreas de macroeconomía, economía monetaria y economía internacional.

Argandoña desarrolla su docencia en las áreas de macroeconomía, economía monetaria y economía internacional.

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Argandoña desarrolla su docencia en las áreas de macroeconomía, economía monetaria y economía internacional.

pamplona- “La responsabilidad social se aprende haciendo y escuchando a los que la practican. Ser responsable es positivo para la empresa, para sus empleados y para quienes giran a su alrededor, porque todos como personas se desarrollan, crecen, se implican y se ilusionan”, explica Antonio Argandoña, profesor de Economía y titular de la Cátedra CaixaBank de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo del IESE, que visitó ayer Pamplona.

¿Cómo define la responsabilidad social corporativa (RSC)?

-No necesito definiciones, me basta esta idea: soy responsable de hacer las cosas de manera correcta. Si una empresa quiere hacer las cosas bien, ya dispone de la base para ser una organización responsable;y a partir de ahí, se empezará a edificar el negocio. Además, está la posibilidad de colaborar en actividades con repercusión externa. Esta segunda parte dependerá de cómo se cree la conciencia de responsabilidad dentro de la empresa. Muchas veces el voluntariado, la acción social o la filantropía sirven para que los trabajadores comprendan el espíritu de su empresa.

¿Por qué se incide tanto ahora en la RSC?

-Porque nos hemos dado cuenta de la cantidad de errores cometidos en el pasado por ser irresponsables. Poníamos por delante los intereses de los beneficios sobre los de los trabajadores;estropeábamos el medio ambiente;faltábamos a la palabra dada;no cumplíamos con nuestros contratos o engañábamos a los proveedores. Esa etapa se acabó y había que arreglarla.

¿Cree que, a veces, las empresas la realizan por un lavado de imagen?

-No tengo inconveniente que se empiece por la puerta falsa, ya que me sirve para que se dé el primer paso en este ámbito. ¿Quién no ha intentado quedar bien en alguna actuación? A veces se empieza por ese motivo;pero llegará un momento en que ese empresario prescindirá del lavado de imagen, y la llevará a cabo porque lo necesita él, los empleados, los clientes, el medio ambiente, etc.

¿Algunos empresarios pueden considerar la RSC un coste y, por eso, no quieren impulsarla?

-Le doy poca importancia al dinero que se destina a este tema. Hay muchos aspectos positivos que dependen más de la actitud. El empresario debe transmitir confianza para que la plantilla se sienta ilusionada y con ganas de trabajar. Igual, en un principio, ante el cambio de actitud del empresario, la plantilla puede mirar eso con recelo, porque puede creer que se trata de un lavado de imagen. Pero cuando se comprueba que la empresa va en serio y quiere actuar de esa manera, los trabajadores confían, y lo agradecen proveedores, clientes y consumidores porque se percatan de que la empresa está pendiente de ellos. Es una buena enfermedad contagiosa lograr que la gente se ilusione.

¿Cómo trabaja CaixaBank esa responsabilidad social?

-Abarca dos dimensiones: la gran labor social externa, muy atractiva, que depende de la Fundación y también de CaixaBank. Y luego, está otra parte: aquella en la que nos cuentan qué hacen desde dentro, cómo implican a empleados o directivos, y cómo se toman en serio lo que hacen.

La cuarta revolución industrial coloca a las personas en el centro, ¿antes no eran importantes?

-Sí, pero eso se daba por supuesto. Hace años, un empresario contrataba a un trabajador para desarrollar una tarea determinada a cambio de un salario. Importaba sobre todo el dinero. Ahora, nos damos cuenta de que solo eso no es suficiente. A los jóvenes hay que ofrecerles un proyecto, en el que puedan participar con su conocimiento y ganas de aprender.

¿Cómo se evita la fuga de cerebros?

-Con un proyecto más que con dinero. Aunque tampoco se puede ofrecer un sueldo irrisorio. El empresario debe convencer a los profesionales de que se queden en su compañía porque con su iniciativa van a progresar mucho, porque lo que aprendan trabajando, no tiene precio.

La economía española crece, ¿le preocupa que no se reduzca en este contexto su deuda?

-La economía funciona suficientemente para que no nos tengamos que preocupar. La deuda se irá reduciendo poco a poco, pero más me inquieta que no exista un acuerdo social sobre en qué hay que gastar las partidas. Nos quejamos que no hay dinero para todo, pero es que no lo hay, y debemos priorizar.

¿Cómo evalúa el estado de la economía navarra?

-Próspera. Navarra padece los mismos problemas que la economía española, pero mucho más reducidos, ya que no se detectan grandes problemas de paro, de conflictos sociales, de personas que pierdan sus casas... La Comunidad Foral sufre preocupaciones, pero su gestión es mucho mejor aquí.

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