El pánico de todos los veranos

Por Julen Rekondo - Miércoles, 21 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

El trágico incendio ocurrido el pasado sábado en el centro de Portugal nos trae a la memoria, en las puertas del verano, la amenaza de los incendios forestales y la tragedia que ocasionan, así como el pánico que generan en la península Ibérica. Por la información que nos ha llegado parece que en esta ocasión no ha sido intencionado y se ha debido a un rayo, pero que el incendio se ha propagado rápidamente por un cúmulo de causas, ocasionando lo que ha sido calificado como el mayor incendio mortífero ocurrido en Portugal. Al menos se habla de más de 60 muertos y de un impacto ecológico enorme en una de las zonas más apreciadas por excursionistas y aficionados a los deportes acuáticos.

Pero que no haya sido intencionado no quiere decir que no tenga unas causas bien claras, y es la nefasta política forestal que se ha llevado a cabo en Portugal, parecida a muchas comunidades del Estado español. Y en esa desastrosa política forestal tiene mucho que ver que la zona siniestrada está cubierta de eucaliptus, de la que no son ajenas unas cuantas comunidades del Estado, y la falta de una política de prevención activa. Ni más ni menos, si tenemos en cuenta sólo a la especie eucalyptus globulus (el eucalipto blanco, eucalipto común o eucalipto azul), en la península Ibérica se localiza el 53 por ciento, de los que el 31 por ciento lo ostenta Portugal y el resto el Estado español, de la superficie mundial ocupada por esta especie. Por supuesto que también las adversas condiciones meteorológicas y la enorme sequía, que también afecta a la mayor parte de las comunidades del Estado español, han tenido que ver con el devastador incendio del centro de Portugal.

Haciendo un poco de historia, los bosques del mundo se están cortando actualmente a un ritmo muy superior al de su sustitución. A nivel mundial, como promedio, sólo se planta una hectárea mientras se desmontan 10 hectáreas de bosques naturales. Hay grandes y crecientes demandas de madera para uso industrial y para atender las necesidades de combustible. Para responder a esta situación se suele adoptar la solución de plantar especies arbóreas de crecimiento rápido y de gran uso. Un grupo de tales árboles exóticas se encuentra en las más de 600 especies del género eucalyptus, cuya popularidad como especies de plantación puede atribuirse a que son generalmente muy adaptables, de crecimiento rápido y con una amplia variedad de usos, desde madera aserrada y productos elaborados de la madera hasta combustible de gran valor calorífico. Esta popularidad puede juzgarse del hecho de que más de 80 países han mostrado interés por los eucaliptos y han plantado más de 4 millones de hectáreas en todo el mundo.

Sin embargo, en medio de esta popularidad, se ha producido un estado creciente de opinión que sostiene que los eucaliptos ocasionan una serie de males a corto o largo plazo, empobreciendo el medio ambiente, en cuanto a los suelos, la disponibilidad de agua y la vida silvestre, incluso cuando las plantaciones se han establecido en tierras baldías, desprovistas de cubierta arbolada. Otro problema importante es que las plantaciones de eucalipto suelen ser muy vulnerables al fuego, y ésta es una de las razones de la gran capacidad de propagación del incendio que ha tenido lugar en el centro de Portugal.

Lo cierto es que es que, al menos en la península Ibérica, durante los últimos cuarenta años este árbol ha dado lugar a encendidas polémicas sobre sus impactos ambientales, incluso sobre su rentabilidad o sobre la capacidad del territorio para acoger más eucaliptus.

De todas maneras, y en mi opinión, los males del eucalipto no son sólo imputables a este árbol, sino a unas deficientes técnicas de ordenación territorial, repoblación, selvicultura y explotación, es decir, al ser humano, y a unas afirmaciones de la industria sobre su alta rentabilidad que, con el tiempo, se ha demostrado en parte su falsedad. Sin duda, es necesaria una ordenación racional del sector donde se abogue por la mejora de las prácticas forestales en estas plantaciones, pero también por fijar un límite de ocupación del territorio basado en criterios científicos y técnicos, por el respeto a la planificación forestal, las estrategias y planes de ordenación del territorio y la legislación ambiental.

En el caso de Navarra, el eucaliptus no es un problema. El 80% de esta superficie forestal arbolada se corresponde con bosques autóctonos.

Pero hay otros problemas, y entre ellos cabe hablar de la negligencia humana y de la intencionalidad de los incendios que se suceden. Las estadísticas señalan que el 80% de los incendios forestales son provocados por la mano del ser humano, unos por negligencia o imprudencia, otros intencionados, obra de pirómanos. Sin duda, la meteorología existente en verano multiplica el riesgo, y ahora que empezamos el verano con temperaturas altísimas y una enorme sequía, hay que extremar al máximo la precaución. Las estadísticas son contundentes y plantean que solo un 14% de los incendios forestales son producidos por causa natural y el 6% es por causas desconocidas. Quien le pega fuego al monte y a nuestros campos es producto del incivismo y de la negligencia o de la maldad.

El incendio ocurrido en la noche del 25 al 26 de agosto del pasado verano en Tafalla y pueblos del entorno nos debe de llevar al firme propósito de mantener la alerta en todo momento.

Finalmente, en estos momentos, nos cabe expresar las máximas condolencias por las personas fallecidas y la plena solidaridad con sus familias, así como el apoyo a todas las personas que están trabajando y luchando por la extinción del incendio.

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente

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