Punto verde a quienes reparten su trabajo en la Administración

Por Mertxe Larumbre y Luis Uhalde - Martes, 4 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

el pasado 5 de junio, dentro de los actos de concesión de los puntos negro y verde, que otorga cada año el grupo Banatu Taldea-Iniciativa por el Reparto, a quienes se han distinguido, negativa y positivamente, en cuestiones de destrucción de empleo o del reparto del mismo, recogimos en representación, la distinción que este año 2017 se ha hecho, al personal empleado público, que acogiéndose al Decreto Foral 39/2014, ha repartido parte de su empleo y de su sueldo, con personas desempleadas a lo largo de los tres años que este Decreto Foral lleva en vigor.

En primer lugar deseamos expresar nuestro agradecimiento a Banatu, por su acción de impulso de políticas de reparto del trabajo. Así mismo, damos traslado de esta distinción, Punto verde, a todas aquellas personas, que como nosotros, han decidido acogerse a medidas de reparto del empleo en la Administración. Como dijeron desde Banatu, la decisión de repartir empleo que hemos tomado, es una decisión valiosa y generosa que merece ser destacada. Así pues, damos también nuestra enhorabuena a todas las personas, compañeras nuestras de trabajo, que acogiéndose a medidas de reparto de trabajo (RDT) han posibilitado la realización de más de 800 contratos de trabajo en sustitución. Se podrá decir que son pocos: lo son;que son temporales: también cierto. Pero son empleos de calidad en cuanto a que su retribución, al menos para los niveles medios y altos, es correcta. Empleo que no se hubiese creado sin la voluntad de repartir.

Las razones para repartir parte de nuestro empleo y sueldo son muchas y todas válidas. Por un lado razones de justicia social exigen “trabajar menos para trabajar todos”. Por otro, existen razones que apelan directamente a nuestra libertad y que nos dicen que hay que “trabajar menos para vivir mejor”, que tienen que ver con el tipo de vida que deseamos llevar. Y es que, cuando nos lo podemos permitir económicamente, trabajar un poco menos hace que nuestra vida mejore. Sentirnos solidarios, nos hace ser más felices.

Y es que el trabajo es un bien cada vez más escaso. La modernización, automatización y robotización, aplicados al sistema productivo capitalista, busca abaratar “los costes laborales”. Nuestros dirigentes, al menos los que están al más alto nivel político y económico, no quieren abordar los problemas que la desigualdad y la falta de cohesión social suponen, como consecuencia de la falta de empleo. El impulso del RDT, como condición de la reducción del tiempo de trabajo con carácter general, es hoy, urgente e imprescindible para el desarrollo de políticas del bien común;para llevar una vida decente.

Por esto, por ser medidas de RDT de interés general, los costes económicos que conllevan, no deberían cargarse únicamente sobre los hombros de los trabajadores. Son el conjunto de las administraciones quienes han de velar por cohesionar la sociedad y mejorar la vida de todos, por lo que exigimos voluntad política e implicación económica.

Por otra parte, la propia Administración es consciente de los retornos económicos que conlleva el “gasto social”, vía nuevas cotizaciones a Seguridad Social, recaudaciones de IRPF e IVA, ahorro por el pago de prestaciones y subsidios a las personas desempleadas, ahorro en gasto sanitario y farmacéutico, etc. Hemos oído en repetidas ocasiones, nunca demasiadas, la justificación del gasto social, explicando hasta donde alcanzan estos retornos;cuantificándolos incluso. Pues bien, abórdense de una vez los costes económicos que políticas activas de RDT supondrían: son escasos.

Vivimos en un mundo competitivo y despiadado en el que quieren hacernos creer que no existen alternativas. Que cada cual tiene lo que se “merece”, que lo mejor es mirar para uno mismo, (o al revés: taparse la nariz y mirar para otro lado), que el compromiso social está pasado de moda... En este contexto, mantener actitudes o comportamientos contracorriente como puede ser el del RDT, es una muestra de resistencia individual a ese mundo egoísta e insolidario.

Tomar la decisión de repartir parte del empleo y sueldo, con quienes no lo tienen, significa liberarse de todo eso que nos dice que lo primero es “tener”, “consumir”;dejar de estar atrapados en un círculo de trabajo-consumo-trabajo-consumo…;mitigar las frustraciones que nos provoca una existencia demasiado estresada, sin espacio para el desarrollo de proyectos de vida personal, sin apenas tiempo para “los cuidados”;y que mitigamos a base de consumir más y más. ¿Cómo pensar en repartir si cada día “necesitamos” más, si no llegamos...? ¿Trabajamos para vivir o vivimos para trabajar? ¿El consumismo nos deja espacio para la vida? Elegir libremente, en este contexto, en la medida de las posibilidades de cada uno. Trabajar menos para trabajar todos-Trabajar menos para vivir mejor supone un ejercicio necesario de rebeldía y de libertad.

Los autores son trabajadores del Gobierno de Navarra