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tradicional almuercico

Hay que coger fuerzas

El tradicional almuercico se vivió por todo el Casco Viejo de Pamplona
El precio varía entre 10 y 20 euros y lo que más se consume son huevos fritos

Amaia Marcos | Unai Beroiz - Viernes, 7 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

La cuadrilla conformada por Itziar Irigaray, Cristina Osés, Patricia Osés, Miriam Zafra y más amigos, de Peralta.

La cuadrilla conformada por Itziar Irigaray, Cristina Osés, Patricia Osés, Miriam Zafra y más amigos, de Peralta. (UNAI BEROIZ)

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La cuadrilla conformada por Itziar Irigaray, Cristina Osés, Patricia Osés, Miriam Zafra y más amigos, de Peralta.

Pamplona- Día 6 de julio. Faltan pocas horas para el Chupinazo. El Casco Viejo de Pamplona empieza a llenarse de gente a partir de las 8 de la mañana. Hay que coger fuerzas para las fiestas y para eso está el almuercico antes del cohete. Esto es tradición. Ya sea en un bar o autogestionado con mesas y sillas en la calle, el Casco Viejo está repleto todos los años de gente que, horas antes del cohete de mediodía, repone las fuerzas que se necesitan para disfrutar al máximo de los nueve días de fiesta ininterrumpida.

Bares en calles como Estafeta o San Nicolás tienen reservas desde hace meses, aunque algunas cuadrillas tienen suerte y consiguen sitio con tan solo un mes de antelación. Es el caso de la cuadrilla de Beatriz Esquisabel. Almorzaron en el Asador Aralar, en la calle San Nicolás, por 20 euros. “Pagamos por el lugar, la situación. Estamos al lado de la Plaza del Castillo”, afirmó Esquisabel. El almuerzo de esta cuadrilla consistió en huevos fritos, patatas y a elegir entre ajoarriero, magras con tomate, estofado o txistorra. De postre, sorbete. Toda la mesa tenía sus vasos llenos de cerveza, vino o sidra, aprovechando la barra libre. “Estoy más nerviosa que el día de mi comunión”, exclamó varias veces Esquisabel, refiriéndose a la ilusión de los Sanfermines.

Huevos fritos, entre otrosLo que más se repite en estas comidas son los huevos fritos. En El Café de Pablo, en la plaza de la Merced, frieron 350 ayer por la mañana. A parte de huevos, ofrecieron lomo, jamón, txistorra y patatas. Sirvieron a 160 personas que habían reservado, en general, con un mes de antelación. Su menú costaba 13 euros, e incluía cerveza, vino y gaseosa. Aquí decidieron tomar su almuerzo la cuadrilla de Aritz González, Miguel Pérez-Aradros, Encarna Ruiz, Noelia Tirapu, Haritz Navarro, Alicia Cuenca, Mariaje Calvo, Amaia Díez de Arizaleta, Bittor Zubieta, Cecilia Agustín, Iñigo Aranaz, Iosu Bermejo y la pequeña Aroa Zubieta, de dos años, que disfrutó como nadie de sus patatas fritas.

En ese mismo bar almorzó también una cuadrilla de Peralta, que tenía claro que “el año que viene repiten” de bar, según dijo Itziar Irigaray. Se trataba de una cuadrilla de amigos y hermanos, que vivieron el Chupinazo repartidos entre la Plaza del Castillo y la plaza Consistorial. “Yo no me atrevo a ir al Ayuntamiento, hay demasiada gente”, expresó Irigaray. En la calle Estafeta estuvieron Pablo Pascual, Alberto Zudaire, Sergio Oroz, Jesús Calavia, Tomás Hernández, Sergio Martínez, Iñigo Pérez e Iñigo Arbeloa. Por 10 euros comieron un plato de huevo frito, lomo, patatas y croquetas. Vieron el Chupinazo desde la Plaza del Castillo y Pascual comentó que todos tienen ganas de las fiestas y que van a estar “a mínimos de dormir”.

DispersiónLa mayor parte de los almuercicos se concentra en el Casco Viejo de la ciudad, pero también se dan en los barrios, como San Juan, el Ensanche, Mendillorri y Rochapea, entre otros. Esto conlleva más tranquilidad mientras se come, ya que no hay tanta gente. Por otro lado, no todas las cuadrillas quedan para almorzar, sino que se reunen directamente para el Chupinazo en el lugar escogido.

Así fue la mañana. Mientras en las mesas se terminaba los almuerzos, la Plaza del Castillo y la plaza Consistorial -los lugares más frecuentados para el Chupinazo- se empezaban a llenar de gente. En estas se portaban bebidas, pero no eran solo para beber. La gente gritaba, cantaba y se mojaba, esperando a que tiraran el cohete y poder ponerse el pañuelico rojo. Este era el comienzo de las fechas más importantes para todos los pamplonicas. Unas fiestas llenas de emoción que, además, abarrotan de sentimientos los bolsillos de quienes las viven.