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In memoriam

Por Patxi Barragán - Sábado, 8 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

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Entre un 14 de julio y el día 7 del mismo mes del año siguiente, la vida se apaga para muchos. Es ley de vida. En este mundillo del encierro creo de obligado cumplimiento recordar al guipuzcoano Julen Madina, a quien a finales de agosto un golpe de mar en la donostiarra playa de la Zurriola fue capaz de tumbar definitivamente como no habían podido conseguir ni los toros ni esos deportes de riesgo/aventuras con los que tanto disfrutaba. También se ha ido Ciriaco Díaz, un riojano de pura cepa, al que en la plaza de Las Ventas conocían como el torero de los mexicanos por ser subalterno habitual de los Arruza y compañía. Para quien no le recuerde, Ciriaco ejercía de doblador en Pamplona y el 8 de julio del 87, llevando un Guardiola a punta de capote hacia los corrales fue embestido a traición por un cabestro a resultas de lo cual acabó sus días en una silla de ruedas. En enero de este año se marchó para siempre.

Desde dónde estén, y espero y deseo que estén bien, ellos y muchos otros pudieron disfrutar de un preciosos primer encierro de SF17 con protagonismo de los cebaditas, animales peligrosos, con mucho instinto, violentos y con amplio historial delictivo por las calles de nuestra ciudad. Quizás no parecían los más indicados para abrir la feria, pero doctores tiene la Iglesia y la Comisión Taurina de nuestra ciudad para armar los carteles. Al fin y a la postre hubo más ruido que nueces. No faltó, eso sí, su ración de sustos y -como no podía ser de otra forma con los toros gaditanos- una dosis de sangre, importante además, en forma de cornadas. Tres concretamente localizadas en Santo Domingo, Plaza Consistorial y mitad de la Estafeta;aquí, un corredor con los colores en faja y pañuelo de la peña tafallesa de El Cierzo, fue gravemente empitonado en una cogida tan dura como aparatosa. El cárdeno Punterito, un animal de 630 kilos de peso se encargó de todos ellos poniendo el picante a una carrera que, por lo demás fue rápida, con menos gente de la esperada y que se corrió con limpieza permitiendo a la gente ir entrenándose para esta semana de adrenalina pura que nos espera.

La torada, guiada por ese precioso bicho de color melocotón que respondía al nombre de Pitorro corrió con nobleza y tan sólo el ya citado Punterito y Tirador se demoraron para enchiquerarse. Estos dos se pasearon con fiereza por el final de la Estafeta y la bajada al callejón. Se cayeron, se revolvieron, puntearon a los lados y metieron el susto en el cuerpo a muchos que supongo aún no habrán recuperado el color pensando en lo que pudo haberles pasado y no sucedió. De paso, explicaron a más de uno que eso de la cláusula suelo no tiene nada que ver con irse de bruces violentamente contra el adoquinado pamplonés sino que es más bien un tema bancario, En menos de tres minutos la normalidad volvía a la ciudad.

PD.- También nos ha dejado Manolita Chen, la vedette principal del inolvidable teatro chino que tanto éxito tenía en el recinto del ferial al final de la dictadura y en los primeros años de la transición, y el padre Joaquín Madurga, autor de la jota a San Fermín que se canta en la procesión del 7 y que por lo menos a mí me pone los pelos de punta aunque la oiga un 8 de febrero. Dos personas con poca relación con el encierro pero si con el día a día de nuestras fiestas. Mis recuerdos también para ellos.

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