Publicidad engañosa

Por Víctor Mengual Arrufat - Martes, 25 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

al entrar en la barbería de Antonio, me saludó y me dijo: -¿Ha visto este jodido Gobierno que en vez de mirar por nuestros intereses lo hace por los de las empresas y multinacionales que promocionan la publicidad engañosa?

-¿Por qué dices eso, Antonio? Vamos, explícate- le contesté a mi peluquero.

-¡Usted verá!, si tengo o no tengo razón. Le cuento: Estoy harto de ver en la televisión potingues y medicamentos que lo curan todo. Cremas que quitan la celulitis en dos días o te rejuvenecen en cuatro, pastillas que te hacen crecer el pelo con una melena digna de los Beatles, pastillas que te curan las dolorosas artritis y artrosis dándote la agilidad de cuando teníamos 20 años, promociones de casas de apuestas que te hacen picar al avalarlas multimillonarios futbolistas, plantillas milagrosas que hacen correr a un inválido un maratón, etc., etc.

Antonio hizo un paro, retomó aire y siguió:

-Yo pienso en que alguien debe asegurarse de que esos milagros que prometen sean reales o que se prohíba emitirlos. Y, por supuesto, ese alguien debe de ser el Gobierno que dispone de todos los medios a su alcance, como son laboratorios, Universidades, Sanidad, etc., para poder garantizar que no se produzca la publicidad engañosa. Es el mismo Ejecutivo que nos gobierna y nos masacra a impuestos, el que tiene la obligación de hacer cumplir las promesas que brindan alegremente esas empresas. El Código penal dice que se delinque por acción o por omisión, por lo que si no se controla esa publicidad, es el propio Gobierno el que por dejadez y/o negligencia de sus funciones, nos estafa todos los miles millones que esas empresas nos roban.

-Es así de sencillo- me dijo Antonio-. Nada más tiene que ponerse enfrente de la televisión cualquier día e ir anotando todas las propagandas que no tienen ni pies ni cabeza y que, en muchos casos por necesidad, compramos. Míreme usted, a mí se me cae el pelo y esta marca me aseguraba que lo recuperaría en dos meses pero, eso sí, previo pago de un carísimo tratamiento, y después del gasto efectuado a tocateja… ¡una mierda!

Yo vi que si, cuando la crisis, nadie pudo controlar y prevenir el desmadre de las Cajas y, ni siquiera, las instituciones creadas para controlar ese tipo de desmanes lo hizo: El Tribunal de Cuentas, La Intervención General del Estado, la AEAT, el Banco de España;nadie se enteró de nada, pues dormían una placentera y eterna siesta. Es por lo que entiendo que el engaño continuado que nos hacen esas multinacionales expertas en el asalto a nuestros bolsillos sea una nimiedad para un Gobierno, también experto en meternos las manos en los bolsillos y que dice que “no entra en dimes y diretes”.

Antonio me miró y, antes de que yo pudiera decir una palabra, terminó diciéndome:

-Y, por favor, no me diga que vaya a quejarme a la oficina del consumidor.

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