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Nueva generación por la memoria en Ezkaba

Un campo de trabajo internacional empieza a adecuar el cementerio de las botellas como espacio de memoria

Un reportaje de Imanol Velasco Zozaya. Fotografía Patxi Cascante - Jueves, 27 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Varios voluntarios trabajando en Ezkaba.

Varios voluntarios trabajando en Ezkaba. (PATXI CASCANTE)

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Varios voluntarios trabajando en Ezkaba.Varios participantes trabajan en el acondicionamiento en el Cementerio de las Botellas, ayer a mediodía.Labores de reparación de uno de los muros que limitan el cementerio.

El Cementerio de las Botellas del monte Ezkaba volvió a sentir ayer pisadas en su superficie. Los árboles y plantas lo han cubierto de nuevo y la fuerza de los elementos ha deteriorado los muros construidos ochenta años atrás. Ahora, veinticinco jóvenes, en su mayoría llegados de distintas partes del Estado, aunque también de países como México o Taiwán, afrontan la tarea de acondicionarlo para que un lugar donde se han violado los Derechos Humanos pueda convertirse en un espacio de memoria histórica que instruya y transmita lo allí sucedido a las próximas generaciones.

El campo de trabajo del Cementerio de las Botellas, organizado por el Instituto Navarro de Deporte y Juventud y el Departamento de Paz, Convivencia y Derechos Humanos del Gobierno de Navarra, está dirigido en su parte técnica por la Asociación de Ciencias Aranzadi y ayer comenzó su actividad en la ladera norte del monte Ezkaba. Hasta el 8 de agosto sus labores consistirán en limpiar la maleza crecida en el camino, y sobre el propio cementerio así como señalizar sus accesos en una primera parte de los trabajos de transformación del espacio como lugar de memoria colectiva.

Al grupo de 25 jóvenes, de entre 18 y 30 años, acompañan en todo momento dos monitoras, ambas antropólogas, que colaboran con Aranzadi desde hace ya tres años. Olatz Retegi, antropóloga social y educadora infantil, y Enara Izagirre, antropóloga lingüística, se encargan de apoyar en las labores y acompañar de manera especial a los participantes extranjeros. Además, Asier Pérez Areta, técnico de Aranzadi, dirige las labores sobre el terreno. En un descanso de la tarea, los tres señalan la gran oportunidad que supone para las chicas y chicos estas dos semanas. “El campo les aporta conocer la memoria histórica tan singular que tiene Navarra”, asegura Retegi. “Además del componente histórico les puede enriquecer muchísimo compartir estos días junto a personas de países tan distintos”, apostilla Izagirre.

ConcienciaciónLa mayoría de los participantes ha llegado desde diferentes partes del Estado. Satisfecho con el primer día de trabajo, Jorge Chamorro, ingeniero informático granadino, explica que “iba buscando un campo con una temática de memoria histórica, di con este y me lancé”. Concienciado por recuperar la memoria que contienen lugares como el Cementerio de las Botellas, comenta que “en sitios como este está enterrada la memoria de nuestros abuelos y hay que poner nuestro granito de arena”.

Llamado por la temática, desde Valladolid ha llegado a Ezkaba Diego Merino, estudiante de Historia. Aunque al igual que Chamorro hasta ayer no tenía experiencia en campos de este estilo, sí que investigó el pasado de su familia allá por 1936. “Mi padre y yo investigamos la muerte de mi abuelo, fusilado en la retaguardia de Medina del Campo, con documentación que tenía la familia”, expresa Merino.

más allá de la fugaUna de las actividades complementarias será una charla por el Fuerte y sus alrededores a cargo de Koldo Pla, miembro de la Asociación Txinparta. “Es muy importante transmitir a los jóvenes e implicarlos en uno de los hitos de la memoria histórica en Navarra. Generalmente lo que más se conoce o impacta es la fuga de los prisioneros de 1938, pero cuando escuchan hechos ocurridos en el Cementerio de las Botellas son capaces de empatizar muchísimo”, destaca. “Es muy importante ponerse del lado de las víctimas para no equivocarse en la vida”, concluye Pla.

El acondicionamiento del Cementerio de las Botellas se enmarca dentro del Proyecto Ezkaba, sobre el que trabaja el Gobierno foral junto a organizaciones memorialistas. Con iniciativas como esta, sumada a otro campo en los búnkeres del Pirineo, la juventud hace su entrada en la causa por la denuncia y el recuerdo de la mella que el Franquismo dejó en tantas familias de Navarra y del resto del Estado.

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