Denise Despeyroux dramaturga y directora de escena

“En esta sociedad, los vínculos se desvanecen”

Iliria es una red social en la obra de la autora hispanouruguaya, que se ha inspirado libremente en ‘Noche de Reyes’ para hablar de una época de amores líquidos

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Raúl Bartolomé - Domingo, 30 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

pamplona- Horizonte de Sucesos pondrá en escena hoy, a las 22.00 horas en la Cava, esta propuesta que dirige Juan Ceacero en la que los personajes se enredan en el mundo virtual y en el mundo real, enfrentándose a sus propios deseos, a sus contradicciones y a sí mismos.

¿Cómo surge la idea de convertir el escenario principal -y a los personajes- de ‘Noche de Reyes’ en una red social?

-La idea original la tuvo Juan Ceacero, que me llamó para escribir el texto. Y no es una versión de Noche de Reyes, sino un texto original inspirado, en algo, en esa obra. También hemos trabajado con otras fuentes como el libro Amor líquido, del filósofo polaco Zygmunt Bauman.

¿Cuáles son las claves de la peripecia de los personajes en este mundo virtual?

-Hemos trabajado con el imaginario de los actores, con lo que ellos mismos me iban sugiriendo. Había decisiones ya tomadas, como que el personaje de María, la criada, se iba a llamar la Rusa. Ella lo maneja todo, el mundo de Orsino y el de Olivia, como en la obra original. Y, por ejemplo, el actor que interpreta a Orsino practica el boxeo como hobby y lo hemos integrado en la obra. Trabajamos mucho con los conceptos de masculinidad y feminidad, que también están en juego en Noche de Reyes cuando Viola se disfraza de hombre. Y una cosa que no habíamos previsto y que descubrimos por el camino es que el original también trata sobre el duelo.

¿Cómo es eso?

-Shakespeare la escribió dos años después de perder a uno de sus hijos gemelos. Por eso no es casual que en Noche de Reyes aparezcan mellizos, Viola y Sebastián. En ese sentido, esta es una obra sobre el duelo y sobre la imposibilidad del duelo. Viola se disfraza de hombre y, de ese modo, se convierte en su hermano para afrontar ese dolor que no puede superar. Piensa que su hermano ha muerto en el naufragio, aunque el final es feliz y todos se reúnen. Nosotros, sin embargo, hemos cambiado ese final. Pero, sí, esta propuesta habla de cómo sobrellevar las ausencias.

Ese es uno de sus temas recurrentes.

-Sí (ríe). La desaparición de las personas, tanto si es porque mueren o porque los vivos se ausentan, es algo que me inquieta. Zygmunt Bauman habla muy bien de la fragilidad de las relaciones, de cómo en nuestra sociedad los vínculos se desvanecen. Hoy más bien practicamos el concepto de conexión que impera en la red. Tú te conectas y te desconectas de las personas con esa intermitencia que facilitan las redes sociales. No hay una prevalencia del vínculo como en otras épocas.

En alguna entrevista he leído que le gustaría volver a la época en la que no había WhatsApp ni móviles ni redes sociales... ¿Este texto también es una pequeña venganza en ese sentido?

-(Ríe) No, no, pero sí es verdad que para mí meterme a escribir sobre esto era una especie de reto, porque yo no hubiera escogido esa traslación de Noche de Reyes al universo de las redes sociales. De hecho, en mis obras no uso el WhatsApp ni esas cosas. Es verdad que he usado el Skype para poner a trabajar la cuestión de la ausencia, pero no suelo trabajar con las redes.

¿Por qué?

-Porque para mí a veces son virtuales, muy confusas... Quizá es que yo no sepa adaptarme a los cambios tan rápidamente. Siento que en los últimos diez años nuestra forma de relacionarnos se han transformado a una velocidad que no logro seguir. Y luego está ese uso de las redes sociales para autopromocionarte. Yo uso las redes solo como un instrumento laboral y, en ese sentido, sí trato de dar publicidad a lo que hago, aunque reconozco que también me da un poco de pudor, porque no deja de ser autopropaganda.

Por no hablar de la cantidad de mentiras que hay en la red.

-Eso también, sí.

En esta obra, de hecho, las personas se convierten en personajes.

-Sí, eso pasa mucho en las redes, la gente se construye personajes sociales. Además, vivimos en una época en la que hay una crisis de identidad casi permanente, y eso también tiene algo de narcisismo constante;no solo en la exhibición de uno mismo, sino por la pregunta recurrente de quién soy yo auténticamente, esa búsqueda de ser verdadero... Hay algo muy tirano en esa obsesión.

A pesar de que mucho de lo que cuenta ‘Iliria’ sucede en el plano virtual de las redes, los personajes sienten y expresan emociones como el amor, la envidia, la ambición, la venganza...

-Por supuesto, porque esas emociones parece que siempre están ahí. Por mucho que cambien las épocas y las maneras de relacionarse, hay algo que pertenece al ser humano por naturaleza.

¿Qué queda de ‘Noche de Reyes’ en el texto de Denise Despeyroux?

-Hay muy pocos fragmentos, y están traducidos por mí. Hay tres escenas que son más reconocibles, pero están llevadas a otro lugar. Por ejemplo, el momento en el que Viola conoce a Olivia a petición de Orsino se realiza a través del chat de Iliria. Y me pone especialmente contenta que me hayan dicho que algunos pasajes parecen de la obra original, como un monólogo de Viola. Creo que sí ha quedado un aliento, el espíritu de Shakespeare.

Esta obra, como muchas de Shakespeare y también de Despeyroux, es multigénero, híbrida.

-Sí. Iliria tiene esa alternancia. Hay momentos cómicos, otros dulces, tristes... En ese sentido, la dirección del espectáculo está muy lograda.

¿Y qué lugar ocupan el azar y el destino en esta propuesta?

-Esos son otros de mis temas, pues ocupan el lugar que ocupan en la vida. Muchas veces, uno tiene que preguntarse si aquello que está ocurriendo es fruto del azar o del destino o de ninguna de las dos cosas. Eso pasa en esta obra.

Mañana, lunes, comenzará un laboratorio con actores en Olite. Ha hablado de singularidad emocional, ¿es esa la premisa de su trabajo en este ámbito?

-Sí. Es una premisa fundamental en el trabajo actoral que vengo desarrollando desde hace mucho. Concretamente, esa expresión y otras, como desorganización, las he aprendido trabajando en talleres con Javier Daulte, que es un autor y director argentino que me interesa mucho. Son términos que me sirven para ayudar a los actores a hacerles entender en qué sentido quiero trabajar. Para mí es muy importante que el trabajo del actor esté vivo y dotado de organicidad. Quiero ver la vida por encima de la técnica actoral;a veces veo en los escenarios mucha técnica, mucho virtuosismo, pero me interesa más la singularidad emocional que el virtuosismo técnico.

¿Qué les decimos a los intérpretes que vayan a acudir a estas sesiones? ¿Cómo deben ir?

-Quiero que vayan dispuestos a trabajar desde la vulnerabilidad, que es el lugar que me interesa más para la creación. Me gusta instalarme en el no saber tanto como autora como en el caso de la dirección y en el trabajo con actores. Una obra de teatro la escribo si no sé a dónde me va a llevar. Necesito que haya un viaje, un aprendizaje. A veces el texto sabe más que el autor. El de la vulnerabilidad es el mejor lugar. No siempre es fácil estar ahí;muchas veces uno tiene miedo y se siente tentado de recurrir a cosas que ha usado antes y que sabe que funcionan. Quisiera evitar eso y me gustaría que trabajáramos desde nuestra disponibilidad a dejarnos afectar con lo que pasa. Esa es una manera también de que el azar entre en el proceso creativo.

Más sobre Cultura

ir a Cultura »