La izquierda navarra tendrá que entenderse

Por Olga Risueño y Milagros Rubio - Domingo, 30 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

“El enemigo de la izquierda es su sentido de superioridad” (Gianfranco Pasquini)

entre la mayoría de las gentes de izquierda hay una conciencia generalizada de que cualquier cambio progresista y de izquierdas en España pasa por el entendimiento entre Unidos Podemos y PSOE como punto de partida. Pasaron los tiempos en el que el desprecio mutuo, la desconsideración y la descalificación constantes propugnaban la liquidación del contrario como la clave para arrumbar hacia el poder. Es cierto que no va a ser tarea sencilla, y no solo por las diferencias de fondo, sino también porque en ambos bloques persisten corrientes que empujan en dirección contraria, pero la desazón y el hastío que esta forma de hacer las cosas provocó en un amplio sector del electorado de izquierda ha sido uno de los factores que ha empujado a unos y otros partidos a cambiar la orientación y el discurso.

En este sentido, el reciente Congreso del PSOE ha jugado un importante papel. La vieja guardia que venía controlando el partido desde el congreso de Suresnes en 1974 con Felipe González a la cabeza, ha sido derrotada con claridad por una corriente encabezada por Pedro Sánchez que anuncia un giro a la izquierda (“Somos la izquierda”, reza en su eslogan principal). Pese a las cuestiones tácticas que puedan pesar en esa decisión y los consiguientes cálculos electorales, el hecho es que se abre ahora un periodo de una mezcla entre la esperanza y la incertidumbre, que habrá que ir viendo cómo se teje en el devenir de los próximos meses, porque más allá de las palabras será necesario ver por dónde transcurre la realidad de los hechos.

Buena parte de la socialdemocracia europea ha contribuido de forma determinante a que el enfoque de la salida a la crisis económica que soportamos se haya enfilado hacia la austeridad y el deterioro de las condiciones sociales de la población, con las graves consecuencias que ello ha acarreado en importantes franjas de la población. Precisamente por esto, en la mayoría de ocasiones el electorado les ha castigado hasta el punto en que en países como Francia o Italia han llegado a la práctica desaparición. En otros lugares como Gran Bretaña, Portugal, y quizás ahora en España, han reorientado sus posiciones políticas y empiezan a jugar un importante papel en la recuperación de los logros sociales en sus respectivos países.

En una u otra dirección todos hemos tenido que corregir las posiciones. Recordemos al Podemos de “todos contra la casta” (PSOE-PP) de antaño, al “soy optimista” de Iglesias tras la última reunión con Sánchez.

Estamos pues ante un escenario que, sin ignorar las diferencias y contradicciones que perduran dentro de cada partido y entre ellos, ofrece un panorama más constructivo a la espera de que se vayan escenificando acuerdos reales con claro contenido social que demuestren que es posible pararle los pies al PP y a sus políticas de austeridad.

Como es lógico y como siempre ha sucedido, en Navarra el PSN sigue la pauta que marcan desde Madrid por más que verbalicen eso o lo contrario. Claro que no olvidamos los vaivenes que ha tenido durante estas dos décadas en su política de alianzas, pero también es cierto que en la actualidad, en sus proclamas públicas, se desmarcan de un acuerdo con UPN y apuntan a un entendimiento con las izquierdas que no debemos menospreciar en razón de los avatares del pasado. En recientes declaraciones la secretaria general María Chivite afirmaba: “Hemos aprendido la lección: los afiliados no quieren gobiernos de derechas en Navarra” y el destacado dirigente del PSN, Santos Cerdán, anunciaba que ellos apuestan por un gobierno de Geroa-Bai, PSN, Izquierda-Ezkerra y Podemos para el 2019. Al margen de la consideración que nos merezca la concreción que proponen, hay que reconocer que apuntan en buena dirección, aunque finalmente todo deberá pasar por la prueba del algodón de los pactos postelectorales.

En Navarra el territorio electoral, en lo que afecta a las elecciones forales, desde hace tiempo está dividido casi en partes iguales entre el nacionalismo vasco (Bildu-Geroa Bai), la derecha (PP-UPN) y la izquierda no nacionalista (Podemos, Izquierda-Ezkerra y PSN). Para nosotras y nosotros en primera instancia hay que buscar el encuentro entre Podemos e Izquierda-Ezkerra hasta donde sea posible, pero también tenemos que tender puentes con la izquierda moderada y progresista que hoy representa el PSN, porque, más allá de nuestras diferencias, en cualquier proyecto de gobierno es necesario hacer valer en primer término las propuestas de cambio social y de recuperación de los valores de la izquierda, y cuanto más fuerza electoral por el cambio agrupemos para trabajar en esta dirección, más lejos se podrá llegar y más aislaremos a la derecha.

Si se hacen las cosas bien, una izquierda social fuerte con una expresión política importante puede ser el eje vertebrador de un futuro Gobierno en Navarra, lo que haría factible afrontar con rigor y con ánimo pactista los problemas que se derivan de la pluralidad de identidades que definen a nuestro territorio, y añadiría nuevas posibilidades a los importantes avances que en el ámbito social se están logrando con el cuatripartito que hoy gobierna nuestra Comunidad.

Sería bueno que este giro que se percibe en el PSOE se empezara a notar en el PSN adoptando una actitud de oposición matizada, responsable y más distanciada de UPN en el tiempo que queda para finalizar la legislatura. Tenemos el convencimiento de que al menos en la política social del Gobierno de Navarra existe un amplio margen de acuerdos. También pensamos que en los conflictos identitarios y lingüísticos podríamos alcanzar algunos puntos de encuentro entre las izquierdas que posibilitaran nuevos caminos, ensanchando consensos básicos posibles y necesarios.

Para todo esto hay que avanzar en el acercamiento y diálogo en Navarra, al igual que se viene haciendo a nivel estatal, al objeto de garantizar que la derecha no vuelva al poder. Hay experiencias locales positivas en algunos ayuntamientos (Tudela, Castejón...), por más que no estén exentas de dificultades. No vamos a ocultar nuestras importantes diferencias y sabemos que no es casual que hoy estemos en espacios políticos diferentes, tanto a nivel del Gobierno de Navarra como en diversas localidades, pero ello no tiene por qué ser un impedimento para tratar de alcanzar determinados acuerdos. La competencia electoral a la que estamos abocados en el horizonte de las forales y municipales de 2019 no puede ni debe taponarlo todo. Ganaremos todos los grupos en credibilidad si abrimos vías de comunicación y entendimiento entre las diversas fuerzas políticas y sociales de la izquierda en aquellas materias que sea posible, porque es lo que esa parte de la sociedad castigada por la crisis y que de verdad quiere cambiar las cosas nos lo demanda. Las diferencias reales y las imaginarias no deben ahogar la posibilidad de dar pasos positivos para lograr mayorías sociales que den nuevos impulsos al cambio en Navarra.

Las autoras son miembros de Batzarre

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