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El pequeño gran mago que llegó del frío a Leitza

Cautivado por la magia, Maksim Zestau es un ilusionista que vive entre Pamplona y Leitza y que con 12 años hace real lo imposible.

Nerea Mazkiaran - Domingo, 30 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Por arte de magia, Maksim Zestau parte su brazo en dos para después volver a unirlo, uno de los trucos de su espectáculo.

Por arte de magia, Maksim Zestau parte su brazo en dos para después volver a unirlo, uno de los trucos de su espectáculo.

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Por arte de magia, Maksim Zestau parte su brazo en dos para después volver a unirlo, uno de los trucos de su espectáculo.

LEITZA- Aunque solo tiene doce años, Maksim Zestau es capaz de ponerse frente al público y cautivarlo con sus trucos;juegos, como los denomina él, en los que las monedas se teletransportan, corta su brazo en pedazos o, en lo que pasa un papel, un vaso vacío se llena de líquido. “Hay que meter a la persona y hacerle creer en ello”, asegura este chaval que llegó con dos años y medio de Siberia a Navarra, donde vive desde entonces a caballo entre Pamplona y Leitza. Lo cierto es que Maksim Zestau tiene muy claro que le gustaría ser mago. Y en ello está.

Ya desde pequeño apuntaba maneras, una vena artística que su madre, Ima Zestau, ha intentado potenciar, primero en talleres de teatro y después,de magia. El ilusionismo llegó a su vida cuando tenía cinco años. “Por la tele vi una actuación de Juan Tamariz y me encantó. Lo difícil lo hacía fácil”, recuerda este chaval. Así comenzó a gestarse una afición convertida en pasión que después le llevó a jugar con Magia Borrás, practicando una y otra vez los trucos y perfeccionándose en el manejo de las cartas con una baraja española. Asimismo, ha acudido durante cuatro años a los talleres de Civivox de Rochapea y ha realizado cursos on line. Formación y sobre todo mucha práctica, horas y horas ensayando los trucos, con nuevos retos según iba superando otros.

Este verano, la primera semana de julio, ha participado en un campus de magia en Alcalá de Henares organizado por la escuela de Ana Tamariz. ”He aprendido muchísimo, sobre todo magia con cartas, cuerdas e imperdibles” apunta Maksim, quien precisa que lo que más le gusta es la magia con objetos.

Del campus llegó con nuevas ideas para su espectáculo. Y es que le encanta actuar. Su debut fue esta pasada primavera en Irurtzun, en la fiesta Arroces del Mundo, encuentro intercultural que organiza la Mancomunidad de Sakana. Después, ha actuado en la biblioteca general de Pamplona, en la fiesta de fin de curso de Irurtzun, en las fiestas de Ochovi y también lo hará en las de Cía el 13 de agosto. “Me encantaría que me llamasen de otros lugares”, confiesa, al tiempo que explica que su espectáculo es de 20 a 45 minutos, en euskera y castellano, y que las personas interesadas pueden informarse en el teléfono 696 463678.

“A cada truco le busca un tiempo, una música, una puesta en escena”, apunta su madre, convertida en manager, chófer y ayudante, la chica para todo que disfruta especialmente viendo cómo su hijo no deja de sorprender al público. “La magia es parte de su vida”, asegura. Además de ensayar sus números, Maksim ha realizado él mismo su cajón de mago con materiales reciclados, en el que aparece y desaparece una muñeca, objeto que le gustaría que tomase vida en un futuro, cuando sea un mago profesional. Por ahora, tampoco fragmenta personas enteras. Se conforma con su propio brazo, que corta y vuelve a unir con gran maestría para después poner a levitar una cuerda con un chasquido o un leve soplido.


PUESTA EN ESCENAEste aprendiz de mago destaca la importancia de la puesta en escena, de sugerir y guiar al público, faceta en la que le ha venido muy bien su paso por los talleres de teatro. “Hay que generar ilusión, plantear un dilema. Hacerles que sientan la magia”, observa Maksim Zestau. Y es que un elemento esencial en el ilusionismo es la psicología, la capacidad para manejar y guiar al público, para lo cual es esencial la mirada.

Consciente de que le queda mucho por aprender, Maksim Zestau continúa formándose, navegando por internet y acudiendo a espectáculos de magia y escuelas para aprender más sobre el arte de hacer real lo imposible. Poco a poco, sin prisa pero sin pausa.

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