Música

Programa arriesgado

Por Teobaldos - Martes, 1 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

festival de mendigorría

Intérpretes: Andión Fernández, soprano;Cuarteto Diapente;Alberto Urroz, piano. Programa: obras de Schubert, Granados, Schumann, Respighi, Chausson y Jeffrey Ching (Manila 1965) con un estreno absoluto, encargo del festival sobre Schubert: Stänchen, Erlchen, Gretchen. Lugar: Iglesia de San Pedro. Fecha: 30 de julio de 2017. Público: muy buena entrada (10 euros).

Un programa exigente. Todos lo son, pero este, que ocupaba el segundo concierto del festival, lo ha sido más por su complejidad: diversidad de registros y de épocas para la cantante;estreno de una visión peculiar sobre el lied;adecuación de obras muy textuales a la acústica reverberante;y capacidad de asimilación para el público de un estilo -el de la canción culta- que no se prodiga mucho, y el de unos compositores -Respighi y Chausson- también bastante fuera de los circuitos habituales, por lo menos en cuanto a su música de cámara. Pero, esa es la gracia de este festival: el riesgo;el no incidir sobre lo trillado, el descubrirnos cosas nuevas. Por lo que, independientemente del resultado, la intención ya es encomiable.

Ciertamente, en el resultado final, hubo de todo: destellos compositivos muy logrados, y otros menos entendibles. Emocionante lirismo, y tensiones y desequilibrios con la acústica de la iglesia que, en ésta ocasión, perjudicó al buen entendimiento de los textos de las canciones -sobre todo las españolas-.

Andión Fernández -muy querida en este festival- es una soprano con voz homogénea, que no cambia de color arriba y abajo, con dominio del agudo, la zona central y los graves;de ahí que solucione muy bien lo escrito para mezzosoprano -Il Tramonto-. Amplio volumen y colorido carnal, acogedor y cálido. Hubo dos partes, en su recital, muy diferenciadas: el lied -canción culta- de Schubert, Schumann y Granados y las impresionantes canciones tardorrománticas de Respighi, Chausson y Korngold. A mi juicio, resultando ésta segunda parte más cuajada, no por su culpa, sino por la reverberación. El esfuerzo de pronunciación de la soprano fue tremendo;su vocalización casi exagerada, y, sin embargo, en unas canciones como las de Granados, en la que, a veces, salta la picardía, fue el gesto más elocuente que la letra. En cuanto a la visión de Jeffrey Ching -presente en el concierto- de los lieder de Schubert y Schumann, me quedo con el acompañamiento sutil y delicadísimo de Ständchen, al utilizar el arpa del piano, pellizcada por el pianista, sobre el pizzicato del cuarteto. El resto de Schubert, se entendió menos;aún siendo muy respetuoso con el contenido, las disonancias se perdieron un tanto. Y Schumann, más equilibrado.

En El ocaso de Respighi (con textos de Shelley) y La canción perpetua de Chausson, la soprano lució una intensidad magnífica: fraseo largo y tenido, sin decaer ni un instante en esa tensa tesitura de casi “recitativo arioso”, sobresaliendo de un acompañamiento denso de cuarteto y piano. No estamos ante melodías belcantistas, fáciles de asimilar;sin embargo el público reaccionó con ovación cerrada. De propina, la soprano hispanofilipina, con el mismo acompañamiento, dio lo que, para algunos del público, fue el momento álgido de la velada: una sobrecogedora e íntima aria de Maretta del compositor Erich Korngold (actual R. Checa 1897-Los Angeles 1957). Impresionante.

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