Música

La exaltación del canon

Por Teobaldos - Lunes, 11 de Septiembre de 2017 - Actualizado a las 06:10h

48 semana música antigua de estella-lizarra

Concerto Melante. (V. Fischer, flauta travesera. R. Orlovsky, violín. U. Wolf, viola de gamba. L. Berben, clave). Programa: J.S.Bach: trío sonata (BWV 1038), y Ofrenda Musical (BWV 179). Carl Philipp Emmanuel Bach: trío sonata Wq 145. G. P. Teleman: trío sonata TWV 42. Lugar: iglesia de Santa Clara. Fecha: 8 de septiembre de 2017. Público: lleno (10 euros).

la película, un tanto truculenta, de Dominique de Rivaz, Mi nombre es Bach(2003), refleja, sin embargo, con bastante veracidad, los últimos años de la vida del Kantor de Santo Tomás, el proceso compositivo de La Ofrenda Musical, y su estancia en la corte del rey Federico el Grande, echándole una mano a su hijo Carl Philipp Emmanuel, que no acaba de conseguir el prestigio de su padre. Un J. S. Bach, casi ciego, deseoso ya de retirarse a descansar, y que, sin embargo, debe plegarse -incluso con cierto peloteo- a los caprichos del rey. La tesis de la directora del film es la de un Bach enfadado y cansado;ayudando hasta la extenuación a sus hijos para que consigan instalarse en la corte;un Bach lejos de la espiritualidad y esplendor de las cantatas;copiando, en condiciones miserables y a la luz de las velas, la Ofrenda: excelsa sublimación del canon. No nos vamos a quedar con el dramatismo de los últimos años de Bach;más bien, su música, nos evoca siempre elevación y luminosidad;pero hemos de recordar que, no siempre, la mejor música, surge en las mejores condiciones vitales;más bien suele suceder lo contrario. Concerto Melante, pergeña un buen programa al situar a Juán Sebastián Bach como principio y fin del mismo, con Carl Philipp Emmanuel, protagonista indirecto de la Ofrenda, y Telemann, su padrino, y músico admirado. El cuarteto se presenta con la flauta travesera de Verena Fischer: sonido abundante y redondo, muy a madera hueca y con profundidad;sobrada de fiato (larga respiración) y con un virtuosismo que nunca abandonó el sonido hermoso. Con el violín de Raimar Orlovsky, que, sin embargo, lució un sonido un tanto áspero, con buena preparación técnica, pero que, a mi juicio, durante toda la velada, fue un poco por su cuenta, sin acabar de redondear un buen diálogo con la flauta, y con el conjunto en general, no parecían hacer música de cámara en connivencia. Con la viola de gamba de Uli Wolff, siempre al servicio de un bien entretejido bajo continuo. Y el clave de León Berben, cuyas intervenciones solistas fueron más que correctas, pero, sin duda, (para los asiduos de la Semana, por lo menos), un poco lastradas por el concierto de las Goldberg. El resultado final fue una velada de indudable valor técnico, pero un tanto frío de emotividad;con episodios acertados en los que los dos instrumentos protagonistas -violín y flauta- lograron un muy hermoso dúo (el alegro de Carl Philipp);y, claro, la Ofrenda, que siempre surge como música sublime con la sola -y no es lo de menos- interpretación. Momento a tener en cuenta fue, también, el vivace de Telemann, donde el virtuosismo de los intérpretes se puso a prueba, y fue bien salvada.

Me dio la impresión, además, de que el Concerto Melante no estaba cómodo con la afinación de sus instrumentos -retocados a menudo-. Velada correcta, y aplaudida, pero no muy emocionante Después de los ocho cánones de la última obra;de propina, otro canon;en fin, no se lo pensaron mucho.

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