Mesa de Redacción

La codicia es ilimitada

Por Joseba Santamaria - Sábado, 16 de Diciembre de 2017 - Actualizado a las 06:11h

El informe del Laboratorio sobre la Desigualdad Global confirma que este es un fenómeno social creciente en todo el planeta. En ese contexto, en el que la brecha entre ricos y pobres se amplía y las clases medias se empobrecen, la codicia del capitalismo especulativo que dirige ahora los destinos del mundo ha alcanzado definitivamente a los alimentos y el derecho a la vida sigue sin ser un derecho fundamental para millones de personas. 2.000 millones de personas pasan hambre en el mundo y de ellas casi dos millones, muchos niños y niñas, mueren al día de enfermedades relacionadas con la desnutrición y la imposibilidad de acceso a los alimentos. Son cifras espeluznantes. Pero los mercados saben que su muerte es un negocio. Y lo prioritario para el capitalismo de mercado no son las personas, sino el negocio. El hambre es un producto financiero de primer orden y cotiza al alza, como antes las hipotecas. Se inflan los precios de los alimentos básicos, se compran y venden las cosechas del futuro de trigo, arroz o maíz en un negocio redondo con la vida de otros y se concentran en unas pocas multinacionales el control de las semillas. La codicia es ilimitada. Por supuesto, la política lo sabe, pero la política hace tiempo que ya sólo actúa al dictado de la economía. Entonces, regresan los muertos reales mientras crecen los miles de millones de euros de beneficio especulativo a costa de esas muertes injustas, dramáticas, evitables, inhumanas e inmorales. La desigualdad tiene causas -empleos precarios, salarios ínfimos, desatención social, políticas fiscales de mínimos y trasvase de la riqueza común a los bolsillos privados de unos pocos-, pero nos quieren hacer creer que lo caro es la solidaridad y la justicia social.

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