Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Navarra
María jaramillo 48 años, autónoma (cáncer de mama)

“Tras el palo de la noticia y el calvario de la quimio, tener que pedir casi limosna...”

Domingo, 18 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Galería Noticia

Pamplona- María Jaramillo tiene 48 años y es madre de tres hijos. En Burlada es bien conocida por un comercio de alimentación y chucherías que regenta después de venir de Colombia hace 15 años. Sin embargo su tienda permanece cerrada desde hace ocho meses cuando tras una revisión rutinaria escuchó unas palabras que según recuerda “una piensa que son cosas que oye en la tele”: tienes cáncer de mama. “Al principio no te lo crees. Piensas en la familia, en tu vida... Y enseguida entras en el calvario del tratamiento y la cirugía”. “Con la quimio te quieres morir, se te va el alma”, ejemplifica gráficamente mientras rememora otros efectos secundarios de las sesiones como la caída de pelo, uñas dañadas... “Y luego llega la operación: te quitan los ganglios, ves tu cuerpo con una cicatriz... Es muy duro”, expresa.

Por suerte la intervención salió bien pero por desgracia sus peripecias no acabaron ahí. “Mientras estás con el tratamiento también te decían en Oncología eso de comer pescado, carne roja... Ya. ¿Con qué dinero? Yo soy autónoma y después de tanto tiempo cotizando, la ayuda por baja de la mutua se me ha quedado en 330 euros al mes. Con eso tienes que comer, pagar la luz, criar a tus hijos... Y por si fuera poco está la medicación. Fruto de la quimio también se me ha generado una complicación en el miocardio y otros problemas. En conjunto tengo un gasto de más de 100 euros al mes en medicamentos con el famoso copago ya que la Seguridad Social solo me cubre una parte. He ido al INEM y no me dan ayudas ni por un concepto ni por otro. Lo peor es sentir que tienes que pedir casi como limosna cuando debería haber ayudas para las personas que de verdad las necesitan”, dice.

María sigue ahora de baja y acaba de terminar la radioterapia. Sin embargo, ya ve que va a tener serias limitaciones para la vida normal porque se le hincha el brazo (“una no sabe para qué sirven los ganglios hasta que se los quitan”, comenta introduciendo incluso un ápice de humor en su dura vivencia) a nada que cocine o haga fuerza. “No voy a poder trabajar en limpieza, ni en un bar, no sé si en mi tienda... Mi hija mayor de 29 años, aunque sea trabaja de camarera y algo puede ayudar. La pequeña, de 20 años, aún está estudiando y el chico, de 26, se ha ido a Reús a buscar trabajo. Ha tenido que emigrar de aquí como yo hice en su día”, comenta cerrando este círculo en una vida que pende siempre de nuevas revisiones como la mamografía que le esperaba nada más terminar esta entrevista.

las claves

Pamplona- Leonisa Sandoval, de 43 años y trabajadora de un supermercado de Eroski en Burlada vivió en 2016 su propia pesadilla de diagnósticos, médicos, esperas y tratamientos por unas supuestas paperas que resultaron ser realmente una leucemia linfótica crónica. “Empecé en octubre de ese año con una sensación de cansancio, tenía bultos en la garganta... Al principio me decían que podía ser alergia, luego que paperas... De hecho, me vino una citación con la hematóloga y cuando le pedí permiso a mi jefa en el trabajo para ir a la especialista a ella le extrañó un poco que fuera paperas. Al parecer había tenido alguna experiencia cerca pero no quiso asustarme”, recuerda. Por eso Leonisa aún recuerda el shock que le entró cuando ya en el Hospital le dieron los resultados: “De repente me dijeron que lo que tenía era leucemia y por un momento perdí la razón. No podía hablar. Me hablaban pero no escuchaba.... Le dije que tenía que ir al baño y me encerré allá sin poder parar de llorar hasta que vino a buscarme la enfermera. Pensé en que tenía dos hijas pequeñas (entonces una tenía solo un año y no tengo pareja) y que las iba a dejar solas en el mundo...”. Las palabras de que era posible un tratamiento para estabilizarlo aunque debía aprender a convivir con esa enfermedad crónica no le tranquilizaron mucho pero en ese momento ya sólo esperaba que comenzara el tratamiento para detener la leucemia, tratamiento que aún tardó. “Me dijeron que debían esperar a que alcanzara cierto nivel de desarrollo para poder atacarla y por eso volví a trabajar. En noviembre me cogí una excedencia para volver a Colombia, mi país natal, y pasar las Navidades. Pensaba que podrían ser mis últimas Navidades y aunque estaba mal, con el cuerpo lleno de bultos, no dije nada a mis padres para no intranquilizarles. Bueno sí, les dije que tenía paperas y que ya se me pasaría....Volví a mi puesto de cajera pero ya en mayo me desplomé. No podía aguantar ni caminar casi y sobre todo caí en una gran depresión y tristeza”, comenta.

Y de ahí al tratamiento. Donde las cosas no fueron mejor. “La verdad es que las tandas de quimio me dejaron muy mal. Lo pasé fatal. Me salió todo lo que me podía salir: herpes, mareos, vómitos, alergias.... Me tuvieron que ingresar varias veces porque no paraba de devolver. Las defensas me han bajado mucho y tengo que ir con una mascarilla”, recuerda.

Pasada esta fase la preocupación médica se ha centrado en esperar los sucesivos escáneres para ver si el asunto sigue controlado, pero Leonisa ha descubierto otro efecto secundario que va más allá de lo sanitario. “Soy socia cooperativista pero los primeros cuatro meses de baja se me quedó muy poca cantidad. Luego sube el sueldo pero tengo que afrontar un gasto que para mi era nuevo: la medicación. Cada mes tengo que comprar medicamentos por unos 120 euros y esto es para toda la vida. Cuando lo adelanto con la tarjeta de crédito me viene al siguiente mes con intereses... No me llega y al final he tenido que acercarme a Cáritas y a esta asociación para pedir ayuda. Lo paso mal y a veces me digo que prefiero no venir porque parece que estoy mendigando pero en mi situación mis ingresos no me alcanza para vivienda, deudas, hijos, alimentación.... y ahora medicación. En todos los años que llevo aquí es la primera ver que pido ayuda pero no tengo otra”, comenta. La mirada de Leonisa está también puesta ahora en una decisión favorable de la Seguridad Social para lograr una incapacidad. “Mi puesto antes era de cara al público, en la caja. ¿Voy a estar allí con una mascarilla? Además estoy muy baja de defensas y me cojo todo. Cuando no es un herpes es un catarro sino gripe. No levanto cabeza”, señala con ojos de preocupación tras la mascarilla que le protege en una fría mañana de Pamplona con copos tras las ventanas de la sede de la Asociación Española Contra el Cáncer que de alguna manera ha sido también un refugio físico, económico y emocional para estas tres personas que luchan por salir adelante tras ganar la primera batalla, la del cáncer, que les ha dejado una dura factura.

Últimas Noticias Multimedia