Música

La viola, protagonista

Por Teobaldos - Martes, 27 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

CONCIERTO la orquesta sinfónica de navarra con isabel villanueva

Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Navarra. Solista: Isabel Villanueva, viola. Dirección: Jacek Kaspszyk. Programa: M. Weinberg, Melodías polacas para orquesta;William Walton, Concierto para viola y orquesta;J. Brahms, Cuarteto con piano en sol menor(orquestación de A. Schönberg). Programación: ciclo de la orquesta. Lugar: sala principal de Baluarte. Fecha: 23 de febrero de 2018. Público: tres cuartos de aforo.

A las dificultades técnicas de cualquier instrumento, en el caso de la viola el gran reto es su sonoridad. Máxime en las obras concertantes con la orquesta. Los que seguimos a Isabel Villanueva desde hace tiempo (DIARIO DE NOTICIAS 30/7/13 y 18/4/16) hemos seguido con admiración su carrera. Colocar a la viola delante de la orquesta es hoy día una hazaña. No es un instrumento famoso. Si, acaso, en el mundo del barroco;y con apellido (gamba). Tampoco tiene mucha literatura, y menos con la orquesta. Así que el mérito de nuestra concertista será, siempre, mayor que la media. El sonido de Villanueva en recital es envolvente, cálido, acogedor y poderoso;sobre todo si se desenvuelve en una acústica proyectiva (la preciosa iglesia de San Pedro de Mendigorría, por ejemplo). Ese mismo trazado envolvente lo experimentamos en la propina que dio la intérprete al terminar el concierto de Walton: la Zarabanda de la Suite 1 de Bach. Pero en el mencionado concierto de W. Walton, por lo menos desde las localidades de palco, donde me situé, se pierde la sonoridad de la viola en muchos momentos. Y no se trata de las acordadas integraciones de instrumento solista en la orquesta, como las cumbres de los reguladores (segundo movimiento) o los temas al unísono. Es ese efecto, tan desagradable para el oyente, del trabajo del solista que trata de abrirse paso. No es culpa de la orquesta (o sí, no lo sé, de las grabaciones no te puedes fiar;y las ocasiones -muy pocas- de escucharlo en directo, nos abocan a lo mismo);tampoco es culpa de la solista, que sabemos que es muy buena;recurrimos, entonces a la escritura, pero es una gran partitura;luego, luego parece que será el timbre del propio instrumento, que no da más de sí, en muchos tramos. A pesar de todo esto, el endiablado virtuosismo del segundo movimiento, se salvó con admirable limpieza, y la orquesta también muy bien en los fuertes a solo;y el tercero, resultó muy hermoso porque en él la viola se queda de total protagonista. El final es bellísimo, con ese silencio largo que el público respetó, encandilado.

Abrió la velada una brillante y entretenida obra del polaco M. Weinberg (1919-1996): festiva, exuberante, apoteosis de danza y de lucimiento orquestal, pues encomienda solos comprometidos, a trompa, fagot, oboe, clarinete, arpa, flauta… y a la cuerda. Titular de la velada y orquesta la bordaron, porque, aun no siendo de repertorio, llegó al público.

Un acierto programar la orquestación que hizo Schönberg del Cuarteto con piano opus 25de Brahms. Es como disfrutar de otra sinfonía más del maestro de Hamburgo. Porque la versión, con no ser totalmente satisfactoria, sonó siempre a Brahms. De nuevo lucimiento del concertino, la clarinetista, el trompa… Bien ejecutada la marcha, muy marcial, pero hubiera preferido, en contraste más morbidez en el lento. Y algún matiz más de ir y venir, en colorido, en toda la obra. Pero la orquesta, solucionó el virtuosismo pedido.