Música

A ritmo de Dumka

Por Teobaldos - Viernes, 2 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

concierto de dumka

Intérpretes: Quinteto con piano Dumka. Yorrikc Troman e Inés de Madrazo, violínes. Lara Fernández, viola. Diego Arbizu, violonchelo. Luis Arias, piano. Programa: Quinteto con piano opus 44 de Schumann, y Quinteto con piano nº 2 opus 81 de Dvorak. Programación: Ateneo Navarro/Nafar Ateneoa. Conservatorio Superior de Navarra. Lugar: Auditorio Remacha. Fecha: 27 de febrero de 2018. Público: 40 por ciento del aforo (gratis).

El recital de música de cámara ofrecido por el Ateneo Navarro y el Conservatorio es, como casi siempre ocurre en este tipo de formaciones, una sorpresa de sonoridad;en este caso, además, un tanto amplificada por la acústica del auditorio Remacha. Las dos obras en programa son de tal enjundia, que, no sé si por el propio desarrollo de las mismas, o por el entusiasmo de los intérpretes, la velada casi quedó sobrada de volumen. Se agradeció, por ejemplo, el pianísimo al final del quinteto de Dvorak. No obstante, la profesionalidad, el enorme trabajo de conjunción de los intérpretes, la riqueza temática de las composiciones -tan claramente expuestas en cada instrumento hasta que todos se compenetran-, hacen que la música de cámara siga siendo tan atractiva para el análisis, además de para el disfrute.

La primera virtud del quinteto con piano de Schumann fue que el piano nunca se impuso al cuarteto de cuerda. Teniendo, al fondo, el pianista la figura de Clara, como musa del compositor, no tomó ningún protagonismo extraordinario, salvo el que le da la partitura. En el primer movimiento, la maravillosa cantinela del segundo tema presentada por el piano tiene hermosa respuesta en chelo y viola. Llama la atención, quizás por ser un instrumento menos famoso, el sonido que Lara Fernández saca a su viola;cuando asoma, se agradece su volumen y carnosidad, su belleza. En el segundo movimiento se logra la tensión inquietante de la marcha fúnebre;el violín de Troman cambia el estado de ánimo con su intervención tranquila. El pianista Luis Arias -cuya tarea toda la tarde va a ser encomiable- marca el canon entre él y las cuerdas de la parte central. La agitación del quinteto llega al máximo, casi abrumadora. El cuarto movimiento nos da la sensación de algo de confusión, pero es, en realidad, la enorme riqueza de temas y la complejidad armónica de sus tratamientos lo que nos confunde y desordena un poco;sobre todo en los pasajes fugados.

La Dumka (dumky, en plural), es una pieza pensativa, ensoñadora, de lirismo a flor de piel, con elementos entre la epopeya, la balada y algo de lamento;de origen ucranio, retomada en Polonia y Bohemia en el siglo XIX;con súbitas alternancias entre secciones lentas y rápidas. Lo comento porque el conjunto que hoy nos ocupa toma el nombre de este tipo de música y poesía, y, porque es protagonista en el quinteto de Dvorak, que ocupó la segunda parte. (Creo que, en esta ocasión, hubieran venido bien algunas notas al programa). El primer movimiento del quinteto de Dvorak es como una preciosa aria cantada por el chelo -muy bien- de Diego Arbizu, y el piano. De nuevo se luce la viola, el violín -Inés de Madrazo-, y todos, en el gran final. Quizás, en ese afán de sinfonismo, se cuele alguna aspereza en la cuerda. La Dumka suena como su definición. Tercer y cuarto movimientos bien expuestos en su riqueza. Y el final, apoteósico, precedido del etéreo matiz en piano.

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