El rincón del paseante

De verjas, bombas y palacios

Por Patricio Martínez de Udobro - Domingo, 4 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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Hola personas, buen domingo. Esta semana fui retrasando mi paseo con la esperanza de que el tiempo mejorase y se retirasen osos y lobos de las calles de Pamplona;mi espera ha tenido premio y hoy, jueves, me ha regalado una noche de primavera comparada con las anteriores, 7oC es un lujo, casi salgo a cuerpo.

He tomado Paulino Caballero (benefactor), que talmente reza la placa de la calle. Este señor fue un catedrático de física y química que a su muerte en 1923 dejó la bonita cifra de 25.000 pesetazas para que bien invertidas se premiase, con los réditos que devengasen, los mejores expedientes académicos de los alumnos del instituto de Pamplona.

Tampoco en esta calle están ya los bares, cines y comercios que la poblaban, no está Gil, la tienda más kitsch del mundo, no está el cine Rex, donde vi por primera vez Amarcord, no está el bar Candanchú con sus famosos fritos de riñón, ni está, frente a la trasera del Gobierno Civil, la churrería Esparza donde algún que otro domingo mi padre nos llevaba a comprar una docena para desayunar.

He llegado a la Avda. de San Ignacio y he caminado junto a la verja de la Diputación. De niños nunca pisábamos ese suelo ya que siempre íbamos andando por la minitapia que sustenta los férreos barrotes y agarrándonos a éstos sorteábamos los mordiscos que las bombas de la guerra incivil le habían dado. Poco más adelante, en la fachada que D. Jose Nagusia diseño para el palacio del Reino, se ven más patentes estas tremendas huellas de algo que jamás debería haber sucedido.

He entrado a lo viejo por Comedias y el ruido dejaba patente que era jueves y San Nicolás estaba de gente y música como si de una noche sanferminera se tratase. Pobres vecinos, con ellos no hay amabilidad.

He salido a Navas de Tolosa y por el Paseo del Doctor Arazuri, mi pediatra y maestro, he llegado a la plaza de Recoletas presidida por el convento que para las agustinas se levantó en el siglo XVII a expensas de D. Juan de Ciriza y de su mujer Dña. Catalina de Alvarado y que está lleno de historia, por ejemplo en el estuvieron presas la mujer de Zumalacarregi y sus tres hijas durante la primera guerra carlista. Centinela de la plaza encontramos una de las fuentes que Luis Paret y Alcazar diseñó en el XVIII para la traída de aguas de Subiza. He tomado la calle Mayor por la esquina de La Cepa, establecimiento que merece capítulo aparte, y enseguida he llegado a una de las fachadas más señoriales de toda la vieja Iruña, la del palacio de los marqueses de San Miguel de Aguayo o palacio de Ezpeleta, testigo mudo de hechos históricos como el cerco al que Pamplona se vio sometida por parte del ejercito carlista desde septiembre de 1874 hasta 2 de febrero de 1875, fecha en que la plaza fue liberada por el General Moriones;las fuerzas de Carlos VII tenían sus baterías en el monte San Cristóbal desde donde bombardeaban la ciudad, una de las bolas que la artillería rebelde disparaba dio y abolló la barandilla del balcón inferior derecho de tal palacio y ahí sigue para dejar constancia de la historia. Frente a palacio se levanta otra casa importante en la Pamplona decimonónica: el colegio de Huarte, en el nº 54, único centro seglar y privado donde educaban a los futuros hombres de todo Navarra ya que era también internado. Los Huarte son familia para mí muy querida que atesoran en casa generaciones y generaciones de cultura y que siempre tiene la puerta abierta a los amigos. Qué francachelas hemos pasado allí con Alberto y Charo.

Más adelante se encuentra el palacio de Redín y Cruzat de cuyo original solo queda la distribución de los vanos en su fachada y la importante labra heráldica llena de cuarteles y bajo ella una larga leyenda que explica los avatares de tan linajuda familia. El miembro más famoso de ésta fue D. Tiburcio de Redín y Cruzat, Barón de Biguezal, y capitán de los tercios de Castilla en América allá por el siglo XVII. Estando convaleciente en Pamplona de unas graves heridas producidas en su accidentado currelo, leyó, por lo visto, lecturas piadosas y abrazó el hábito capuchino volviendo a América como Fray Francisco de Pamplona. Se dice que le ofrecieron un obispado y que él lo rechazó argumentando que si le daban poder podía ser muy peligroso. Murió en La Guaira, Venezuela en 1651.

El palacio lleva cerrado unos años y está en desuso, sin vida, triste, los ayuntamientos que se han sucedido nada han hecho por revitalizarlo, ahora parece que hay proyectos y discusiones pero como no espabilen llegarán los ocupas y se harán un rozalejo y como no se les puede echar pues nos tendremos que aguantar. Sé que exagero pero, por favor, cuiden del patrimonio. Es lo único que no se puede reemplazar,no venden palacios del XVI.

He pasado por nuestro maravilloso Ayuntamiento y por Chapitela a la plaza del Castillo y a casa.

Los 7o seguían conmigo. Que ricos.

Que tengáis buena semana maja/os.

Besos pa tos.