Música

Concierto muy de salón

Por Teobaldos - Sábado, 10 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

‘à mon ami sarasate’

Intérpretes: Ana María Valderrama (violín) y Luis del Valle (piano). Programa: Obras de Schumann, Saint-Säens, Sarasate, Dubois y Chopin. Lugar: Museo Universidad de Navarra. Fecha: Miércoles 7 de marzo.

Ana María Valderrama y Luis del Valle convirtieron el agradable auditorio del Museo de la Universidad de Navarra en un salón decimonónico donde el público -mucha gente joven- disfrutó de una de aquellas veladas musicales donde, junto a algunos estrenos, se interpretaban fragmentos y transcripciones de músicas conocidas. Valderrama planteó un programa con una sonata enjundiosa de Schumann, y una serie de piezas cortas, de no menos importante ejecución, con extrema dificultad técnica, algunas;muy queridas por el público habitual de los conciertos, y que recrean el elegante, espumoso y espectacular mundo musical de Sarasate, cuyo desaparecido concurso ganó en 2011. Valderrama viene acompañada por un excelente pianista (en la sonata, no se acompaña, van a partes iguales), con el que respira al unísono. La sonata número uno de Schuman insiste, al comienzo, en los graves del violín, en la cuarta cuerda. Afortunadamente, Valderrama saca un sonido denso y carnoso a ese registro. A partir de ese comienzo poderoso, los dos instrumentistas van a ir y venir por el abundante y bien hecho rubato, y por los continuos reguladores. Es un movimiento un poco oscuro, pero no dramático;se anima en la coda, aunque sin virtuosismo ni dobles cuerdas. El allegretto es distendido, lírico, etéreo en la versión de la violinista, flotante, muy cuidado en matices, juguetón, de tempo tranquilo y muy bellos matices en pianísimo. El tercer movimiento es de virtuosismo tanto en el violín como en el piano. Aquí la voz aguda del violín, quizás, queda un poco disminuida de volumen;las semicorcheas de la extensa coda: claras y exactas. El pianista, impecable técnicamente, consigue un colorido rico, matizado, y equilibrado, en el arrebatado final de ambos.

Valderrama domina la música de Saint-Saëns (recordamos su concierto con la OSE, DIARIO DE NOTICIAS, 19/03/13) . En la introducción, consigue grosor, sonido colmado y continuo en la lentitud;al rondó, le saca la gracia con el muy bien hecho quiebro en la medida;hay virtuosismo, pero no mecanicismo;se busca la belleza.

La romanza de Dubois es alarde de dobles cuerdas, bien resueltas. El nocturno de Chopin es de arco largo, con carga muy romántica;la versión en intimista, con una sonoridad de esas que se quieren susurrar al oído;se arriesga al extremar los matices en pianísimo. Y de Sarasate nos ofrece la faceta más líricamente romántica -la Romanza andaluza- y, claro, el virtuosismo extremo -Aires Bohemios-. En aquella, la versión es ensoñadora, con rubato, pero quizás pedía un poco más de tensión. En los Aires, vuelve a presumir de graves, y se luce en el limpio lirismo al borde del puente del instrumento, en la zona aguda. La parte lenta es muy lenta, así contrasta con el estallido y la velocidad del final. Navegar por los pentagramas de Sarasate es el sumo riesgo para el intérprete de violín;raro es el violinista que consigue hacer ese mar, un ochenta por ciento navegable (como dice nuestro poeta Juanjo Olasagarre). Villanueva, y su pianista, lo superan con creces.

JESÚS LOPEZ COBOS, ‘IN MEMORIAM’Valderrama, con cariño, generosidad y agradecimiento, dedicó una sentida propina de Schubert al recientemente fallecido López Cobos. El director internacional español era especialmente querido por los coros. Dirigió en varias ocasiones al Orfeón Donostiarra y de él -que procedía del mundo coral- recordaremos la claridad de su batuta, su disciplina y exigencia, pero, a la vez, su excelente comprensión y cariño hacia las voces.