la carta del día

¿Quién cambiará hoy los pañales?

Por Susana Aragón Fernández - Miércoles, 14 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Finalmente este 8 de marzo he hecho huelga. Las semanas anteriores estaba convencida de que no me uniría a esta convocatoria sólo para mujeres. Pero le he dado una y mil vueltas. No me gustan las cosas que son sólo para hombres o las que son sólo para mujeres. Así, en general. Eso no quita para que muchas veces haga planes con amigas y sólo amigas. Pero cuando me encuentro con cualquier situación que es sólo para mujeres (comida de mujeres, baile de mujeres…) o sólo para hombres (antes las peñas, ahora muchas sociedades gastronómicas)… ya no me interesa. Así, de inicio, ni me planteo nada, es como si no fuera conmigo.

Me recuerda una vivencia que tuve de muy pequeña con el grupo scout al que pertenecía. Estábamos pasando el fin de semana en un pueblo, en una casa muy básica donde no había casi de nada, pero que nos servía como campamento base para nuestros juegos y excursiones por la montaña. En una de estas excursiones nos alcanzó una gran tormenta, y fue tal que tuvieron que pedir ayuda y venir a rescatarnos con coches. Como no cabíamos todos en los coches, una parte del grupo terminó la excursión en los coches y otra parte seguimos por la montaña a pesar de la lluvia. Cuando el grupo estaba disminuido tras el rescate y avanzábamos entre el musgo, el barro y la tierra mojada, uno de los compañeros me preguntó: “¿Cómo es que no te has ido en los coches como las demás chicas?”, y esta pregunta me abrió los ojos. Ni me había enterado de que la cuestión era de chicas y chicos. Yo me había sentido totalmente libre para hacer lo que me apetecía, que era seguir la excursión y disfrutar del olor de la tierra mojada. Pero con esa pregunta me sentía en el compromiso de justificar, justificarme… cómo no había hecho como las demás chicas... Ni siquiera me había dado cuenta de quiénes habían decidido meterse en los coches… “¡Qué apuro, qué le puedo contestar…!”. Ahora, de adulta, ya no sería ningún apuro, claro, pero entonces me sentí con una mezcla de vergüenza por no saber qué decir y de lucha entre lo que parecía esperarse de mí (refugiarme en alguno de los coches) y lo que era mi deseo (seguir la aventura). Tenía muy claro mi deseo y lo hice realidad. Quizá porque la pregunta comprometedora vino después de haber tomado mi decisión. Si la convención social hubiera sido previa a la decisión quizá hubiera renunciado a mi deseo. Quién sabe. Eso lo pienso ahora.

Hoy, a pesar de la convocatoria sólo para mujeres, a pesar de las patadas a la gramática y la pesadilla del corsé que aprieta al lenguaje, me uno a la huelga por todas las que han luchado y luchan para que hoy pueda estar donde hoy estoy. Para agradecer todos los esfuerzos de las mujeres que me han precedido y que han hecho posible el acceso al estudio, el voto femenino, el gran avance en la igualdad de derechos, las excedencias por maternidad o paternidad, las reducciones de las jornadas, el reparto de las tareas domésticas. Hago huelga por todas las mujeres que sufren, por todas las mujeres que son tratadas como mercancía, por todas las mujeres que son raptadas, violadas, insultadas.

Queda mucho trabajo por hacer: el reconocimiento de los cuidados a las personas: trabajos escondidos, trabajos ingratos muchas veces, trabajos no reconocidos, no valorados, trabajos gratuitos… Queda pendiente la incorporación de los hombres a estos cuidados donde las mujeres somos grandes especialistas.

Hoy me pregunto, en esta huelga convocada también a nivel internacional, quién va a cambiar todos los pañales de todos los bebés, de todas las personas mayores y discapacitadas que lo necesitan. ¿Quién cambiará hoy todos los pañales?