Música

¡Más difícil todavía!

Por Javier Escorzo - Viernes, 16 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

concierto de el drogas

Fecha: 10/03/2018. Lugar: Teatro Gayarre. Incidencias: Segundo concierto de El Drogas en el Teatro Gayarre. Como había sucedido la noche anterior, las entradas se habían agotado con muchísima antelación. El artista navarro se presentaba con su Rythm &Blues Band, que estuvo formada por Txus Yaraví (guitarra), Eugenio Arista ‘Flako Txarrena’ (bajo), Brigi Duke (batería), Germán San Martín (teclados, piano y acordeón), Selva Barón (coros), Patricia Greham (coros), José Luis Gómez ‘Koki’ (saxo) y Javier Bázquez (trompeta). Según anunció durante el concierto, después de unos meses de gira abandonarán (temporalmente) la actividad en directo para centrarse en su nuevo disco, que será cuádruple.

Algunos artistas comienzan a repetirse en su segundo disco y ya no dejan de hacerlo en toda su carrera. Otros siguen una evolución más o menos paulatina. Existen también, aunque no abundan, los camaleones que cambian de piel cada vez que publican nuevo material. Y por último está El Drogas, un tipo que con casi cuatro décadas de vida artística y más de veinte discos a sus espaldas, que no solo cambia de registro en cada entrega, sino que también crea nuevos personajes y los hace convivir en el tiempo. En los últimos años le hemos visto reventar salas en su faceta más rock’n’roll, asaltar lugares emblemáticos de la memoria histórica con canciones de La tierra está sorda (el último disco que grabó con Barricada, cuyas letras versaban sobre la Guerra Civil), liderar el grupo de rock cristiano Ángel Casto y Los Honestos y pasear su repertorio menos conocido por auditorios y casas de cultura, rodeado de su magnífica Rythm &Blues Band, que además de guitarra, bajo y batería, incluía también teclados y dos coristas.

Ahora ha dado otra vuelta de tuerca a este último proyecto, añadiendo sección de metales. En total, nueve músicos sobre las vetustas tablas del Gayarre y un sonido de ensueño. Pudo percibirse desde el comienzo, cuando se escucharon los primeros compases de Empujo pa’ki y el público se quedó, literalmente, pegado a sus butacas. Allí estaba El Drogas, con su traje de prestidigitador apocalíptico y una sonrisa que no le cabía en el rostro. No era la primera vez que actuaba en ese escenario;lo hizo en 2006, todavía en Barricada, para registrar Mordiscos. Entonces desnudaron algunos temas de su antiguo grupo, llevándolos a terrenos más acústicos, mientras que en esta ocasión se trataba de viajar hacia sonoridades propias de la música negra, del soul y del rythm’n’blues, mucho más cerca del catálogo de Stax Records que del de Oihuka. Y por esos derroteros transcurrió la velada, entre canciones de Txarrena (Todos los gatos, Con tu piel), El Drogas (Collar abandonado, Demasiado tonto en la corteza) y muy pocos rescates de Barricada (algunos semiolvidados, como Solo quiero tu boca, otros más conocidos, como Deja que esto no acabe nunca).

Las nuevas incorporaciones (saxo y trompeta) se dejaron notar durante toda la velada, aportando su lustroso brillo y acaparando protagonismo en no pocos momentos (cabe destacar, por ejemplo, el salvaje solo de trompeta de Lentos minutos). También las coristas, cuya aportación es esencial en este formato, se ocuparon de la voz principal en algunos cortes (Selva en Cordones de mimbrey Patricia en Que no me silbes). Añadan a eso los teclados de Germán (sobrecogedora su introducción de Todo lo enamora, ya en el primer bis), el ya conocido trío de guitarra, bajo y batería, y a don Enrique Villarreal como maestro de ceremonias: obtendrán la fórmula exacta, aunque imposible de copiar, del brebaje que embriagó (dos veces) al Teatro Gayarre el fin de semana pasado.

Quizás a alguien le sorprenda la elección de los recintos para este espectáculo, con el público sentado, pero lo cierto es que se agradece la butaca para paladear con calma y tranquilidad la excelencia de los arreglos. Eso sí, al final todo el mundo terminó de pie coreando La hora del carnaval junto a El Drogas, que bajó a cantarla entre la platea. Tras ella se despidieron, y mientras saludaban al público, Mamen, la socia, repartió dos ramos de flores a las coristas y delantales a los miembros masculinos de la banda y el equipo técnico (todavía se escuchaban los ecos de las movilizaciones del día de la mujer). Así ataviados despacharon la propina, la tabernaria Otros tragos, que terminaron en la mismísima calle, con el público aplaudiendo detrás. Inolvidable.

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