República Dominicana

Pilar Aramendía - Viernes, 16 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

A raíz del terrible suceso del niño almeriense, nuestro pequeño Gabriel, mi corazón me dicta la siguiente carta, con dos finalidades: una, para expresar mi solidaridad con la familia del menor;un sentimiento que, obviamente, es el de todas las personas, inmensa mayoría en nuestro país y muchos otros de Europa y América, que hemos seguido al detalle el horrible, espeluznante y finalmente luctuoso suceso. Ahí va un abrazo virtual lleno de tierno dolor y admiración a una madre y a un padre que han sabido estar a la altura de las circunstancias con amor doloroso profundo y entereza ejemplar.

En segundo lugar, también quiero expresar de nuevo la solidaridad para con toda la gente dominicana que ha venido a nuestro país, a nuestra ciudad, a trabajar y conseguir una vida mejor. Mando un abrazo cálido, en especial a tantas mujeres que están cuidando a nuestras personas mayores con la profesionalidad y el cariño que en estos momentos no me es posible precisar. Me consta cuánto daño están recibiendo en este momento por el descrédito de una paisana suya... Digo que me consta porque en mi familia tenemos trabajando a una persona de este país, a la que apreciamos sinceramente muchísimo, que todos los días está dejando amor, tiempo y esfuerzo en el cuidado de nuestra anciana madre. ¡Gracias, Marta! Te conocemos..., os conocemos, y sabemos de sobra que la bondad y la maldad del ser humano no dependen de una u otra nacionalidad.

Pido, pues, humildemente, que al mismo tiempo que condenamos un hecho especialmente gravísimo, rompamos una lanza de generosidad y respeto por quienes, siendo paisanos de la mujer presuntamente asesina, sienten un dolor todavía más terrible que el resto de la ciudadanía por haber nacido en República Dominicana.

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