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La CUP bloquea la ‘vía Turull’

La abstención de los anticapitalistas, reacios a condicionar su acción política a la “represión” del Estado, impide investir en primera votación al exconseller, que no citó a la república y tendió la mano a Felipe VI y Rajoy

Igor Santamaría - Viernes, 23 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El candidato a la presidencia de la Generalitat, Jordi Turull, se dirige a los parlamentarios en su fallida investidura.

El candidato a la presidencia de la Generalitat, Jordi Turull, se dirige a los parlamentarios en su fallida investidura. (EFE)

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El candidato a la presidencia de la Generalitat, Jordi Turull, se dirige a los parlamentarios en su fallida investidura.

pamplona- El enrocamiento de la CUP en su abstención privó a Jordi Turull de convertirse en president en primera votación a la espera de que, para más inri, el juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena resuelva previsiblemente hoy devolverle a prisión una vez abra el auto de procesamiento por rebelión. Una decisión que inhabilitaría al exconseller e invalidaría que mañana haya un nuevo pleno en el Parlament donde el posconvergente pudiera resultar elegido en segunda ronda siempre y cuando Carles Puigdemont y Toni Comín renunciaran a sus escaños, si bien no parece haber tiempo material para formalizarlo antes de las 48 horas preceptivas para desarrollar otra sesión en la Cámara.

Aunque Junts per Catalunya y ERC habían ofrecido a los anticapitalistas sobre la bocina que Turull fuera sometido a una moción de confianza en uno o dos meses, el partido antisistema asumió los postulados en los que se ha movido en las última semanas asegurando que la CUP no puede condicionar su “acción política a la acción represiva del Estado”.

Aferrado a su mensaje de que lo importante no era el candidato sino el programa de gobierno para “hacer república” de forma “valiente continuando el mandato del 1 de octubre”, insisten en que la propuesta de los otros dos grupos independentistas “no avanza en la construcción de medidas republicanas ni sociales que respondan a los derechos y necesidades de la clases trabajadora y del resto de clases populares”. Por ello, considerando que “España quiere condicionar la acción política a través de la Justicia, algo que no podemos permitir”, la CUP subrayó que no se puede actuar “a golpe de citación del juez Llarena”, precisando que el pleno fue forzado por decisión de JxCat y ERC, y que ellos no participaron en ese movimiento del miércoles. Catalunya sigue sin su president número 131.

Ya de entrada, Carlos Carrizosa, de Ciutadans, pidió suspender el pleno por usar el Parlament como “una farsa para engañar a los catalanes”, antes de que el president de la Cámara, Roger Torrent, diera paso al discurso de investidura de Turull, que recordó a los dirigentes exiliados y encarcelados, y que se desarrolló en un tono plenamente autonomista. El exconseller admitió que no era él quien debía estar en el estrado sino “el president Puigdemont o Jordi Sànchez”, que “pusieron el país por delante de todo”. “Me siento parte de esta solución y aspiro a ser digno, podía no haber aceptado esta responsabilidad y no han sido pocas las voces que me han dicho que pensara más en mi familia y en mí, pero soy de los que están a las duras y a las maduras”, arrancó el candidato. “Prefiero el riesgo de ser víctima de la injusticia que agachar la cabeza. Es la manera de mirar a los ojos de mis hijas”, sentenció, subrayando que “los catalanes actuamos con los valores que nos identifican como nación, somos gente de paz”, en alusión al clamor del referéndum en respuesta a la violencia policial. “Somos el país del seny, de la rauxa, del trabajo bien hecho”, dijo mientras llamaba “al pacto, el diálogo y el entendimiento porque somos gente que quiere llegar a un acuerdo”.

Una invocación al diálogo y a la negociación en la que reclamó que Catalunya sea escuchada pese a dudar del “sentido democrático de los opresores”, en referencia al Estado. “Diálogo, diálogo, diálogo”, reiteró antes de hacer el mismo discurso en aranés. “Diálogo no significa debilidad, ni renunciar a nada. Diálogo es la mejor manera para avanzar, pero primero hay que escuchar y hasta ahora España no lo ha querido hacer”, remató. En castellano, “en la lengua de Cervantes y Machado”, Turull aseguró que “la alternativa a la democracia es la tiranía”, aunque los catalanes “no guardamos rencor, no vamos contra nadie ni contra nada, solo hemos actuado con las urnas, solo sentimos una gran tristeza”. “Sabemos distinguir al pueblo español de sus actuales gobernantes”, rubricó.

Y entre los objetivos de su programa, “la restauración democrática de las instituciones” para acabar con el artículo 155, la prosperidad económica ante el “espolio fiscal” y “situarnos en el mundo”;además de la cohesión social tras meses de tensión y la defensa del modelo de escuela catalana y el plurilingüismo. El candidato prometió, entre otros puntos, consolidar el modelo turístico, trabajar por una nueva ley de salud y un plan de vivienda, por los Mossos y por la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals, en un discurso sin ninguna referencia a la ruptura ni a la república, y mucho menos a la unilateralidad -exigencias de una CUP que no tolera ya el tinte autonomista de la era prePuigdemont-, un día antes de comparecer ante el Supremo, desde donde el magistrado Llarena a buen seguro que no perdió ripio de sus palabras. Durante el debate, Sànchez publicó un mensaje en Twitter donde expresó su “confianza y orgullo” en Turull.

sin guiños secesionistasTras un primer aplauso en el hemiciclo a su discurso, el exconseller insistió en “tender la mano” al jefe del Estado, Felipe VI, y al Gobierno de España, y reclamó ser “dignos del momento presente”. “Seamos todos leales a lo que Catalunya nos pide”, dijo Turull, que concluyó su alegato, prolijo pero huérfano de guiños secesionistas durante su hora de duración, evocando los resultados del 21-D y aludiendo a los derechos humanos parafraseando a la que fue presidenta de Òmnium Cultural, la fallecida Muriel Casals, al afirmar que “las risas son la mejor respuesta a los ataques”. Tampoco hubo una mención al Estado catalán, ni una apelación a la jornada de proclamación del pasado 27 de octubre, o a diferentes planes como un proceso constituyente, lo que vino a allanar los razonamientos anticapitalistas.

Tras la réplica de los grupos parlamentarios, censura constitucionalista incluida, llegó la votación esperada: 64 votos a favor (JxCat y ERC, al no contar con los votos de Puigdemont y Comín), cuatro abstenciones (CUP) y 65 votos en contra (Ciutadans, PSC, Catalunya en Comú y PPC). La CUP volvió a estar en el ojo del huracán y sometida a presión para investir a un candidato a la presidencia soberanista. Ocurrió hace dos años con Carles Puigdemont después de que descabalgaran a Artur Mas, presente ayer en el Parlament, y forzaran su paso al lado y ocurrió de nuevo aunque con un escenario mucho más tenso a su alrededor y relajado para ellos. Entonces se vanagloriaron de “mandar a la papelera de la historia” al líder de Convergència. Ayer hicieron lo mismo, de momento, con Turull, que, dada su situación judicial, se olvidó de todos los términos que ha llenado los últimos años la calle de independentistas, algo que le afeó con sorna hasta la oposición.

las cifras

64

votos a favor

El candidato de Junts per Catalunya (JxCat) a la investidura, Jordi Turull sólo contó con los 64 votos a favor de JxCat y ERC -Carles Puigdemont y Antoni Comín, en Bélgica, no pudieron votar-, los cuatro diputados de la CUP se abstuvieron y los 65 diputados de Ciudadanos, el PSC, Catalunya en Comú-Podem y el PPC votaron no. Para la segunda votación del domingo bastaría la mayoría simple -más votos a favor que en contra- para investir a Turull, pero JxCat y ERC siguen necesitando al menos dos votos a favor de la CUP.



5

candidatos

Turull es el quinto candidato a president que no logra ser investido en la primera votación porque le preceden con la misma situación los expresidentes Jordi Pujol dos veces (1980, 1995) y Artur Mas otras dos (2010, 2015). En democracia, en ocho ocasiones el candidato ha solventado la investidura a la primera.