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Mi Lavapiés

EL BARRIO ES UN GRAN PARQUE TEMÁTICO, | Cualquier tonalidad de piel que se pueda imaginar está en este Pantone viviente

Domingo, 25 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Patrulla de la Policía Nacional en el barrio.

Patrulla de la Policía Nacional en el barrio.

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Patrulla de la Policía Nacional en el barrio.Altar con flores y velas en el lugar donde murió Mame Mbaye.La emblemática Fuente de Cabestreros.

Soy de Pamplona, y vivo en Lavapiés desde hace varios años. En mis paseos por las calles estrechas del barrio, a veces puedo recorrer varias manzanas sin escuchar una sola conversación en español. En cambio puedo escucharlas en árabe, en bengalí, o en cualquiera de los idiomas y dialectos africanos.

Últimamente se escucha cada vez más el inglés de los turistas. Los puedes ver a cualquier hora arrastrando sus trolleys sobre los adoquines, camino a su alojamiento de Airbnb. También hay guiris que llevan muchos años instalados aquí, como el hispanista irlandés Ian Gibson, que vive a cien metros de mi casa.

Salir a pasear por Lavapiés es una experiencia genial, especialmente si te gusta viajar gratis, porque el barrio entero es un gran parque temático, y el tema es... el mundo en general. Cualquier tonalidad de piel que puedas imaginar está en alguna parte de este Pantone viviente. A veces, cuando vuelvo a casa después de un paseo, tengo la sensación de venir del aeropuerto.

Si quieres viajar a África solo tienes que asomarte a la antigua Plaza de Cabestreros, rebautizada hoy como Plaza de Nelson Mandela. Aquí podrás ver senegaleses altos como chopos. Muchos de ellos son manteros. O podrás comer el menú del restaurante Baobab, donde se refugió el embajador de Senegal cuando visitó el barrio tras la muerte de Mame Mbaye. Aquí hay también una fuente que data del siglo XVII, la Fuente de Cabestreros, reformada por última vez el año 1934, y convertida hoy en un insólito resquicio arquitectónico de la Segunda República.

Si quieres viajar al continente asiático, solo tienes que desplazarte dos calles más allá para dejarte envolver por el aroma de los restaurantes indios -en realidad son de Bangladesh- que jalonan la el inicio de la calle Lavapiés, cerca de la plaza, y en parte de la calle Ave María. Los pakistaníes, por su parte, son los que regentan mayoritariamente las fruterías y las tiendas de telefonía. A mí todos me recuerdan a Apu, el de Los Simpson.

Y después están los chinos, que fueron los primeros en repoblar el barrio, envejecido y abandonado a finales de los ochenta, hasta convertirlo en un polígono industrial de la venta al por mayor. Hace ya varios años se trasladaron a un polígono de verdad, en las afueras, pero los chinos todavía reinan en los bazares de tipo Todo a un Euro.

Por lo demás, Lavapiés es un barrio como otro cualquiera. Un barrio con sus comercios, sus bares, y sus colegios de Primaria donde los hijos de los inmigrantes reciben su educación y aprenden el español, que en la mayoría de los casos no es su lengua materna.

En el diminuto parque infantil de la Plaza de Lavapiés puedes ver a niños y niñas de África, de Asia, de Latinoamérica, jugando y riendo, mezclados, ajenos al exotismo que evoca su imagen. Entonces comprendes que Lavapiés, más que un barrio, es un tubo de ensayo de la globalización, y que esos niños son también los españoles del futuro. - A.M.

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