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El avispero catalán

José Luis Úriz Iglesias - Miércoles, 28 de Marzo de 2018 - Actualizado a las 11:44h

Se podría comenzar esta reflexión con argumentos favorables al sector independentista contra el constitucionalista, viceversa, o a favor de ambos, incluso enfrentado a todos los contendientes en este conflicto interminable. Pero eso ya lo hacen a diario los voceros de una y otra parte y no aportaría nada favorable al debate.

Quizás la palabra a analizar sea “contendientes”, porque ésta siempre se utiliza en un combate, en una confrontación ya sea deportiva o social. Por eso intentaremos huir de términos belicistas que nos llevan a situaciones como la actual. Situarte en esa posición equidistante e intermedia siempre conlleva ser incomprendido incluso a veces vilipendiado por ambos dos. Pero alguien debe asumir el riesgo de intentar poner algo de sensatez, desde la lucidez y desde luego alejado del sectarismo que nos invade a lo largo y ancho de ambos países.

Sí, sí, países en plural, porque España mal que les pese a algunos, es un país de países en el que conviven (ahora lamentablemente mal) varios, en concreto cuatro. Esa situación mal resuelta desde nuestra Transición ha traído como consecuencia, las famosas tensiones centro-periferia que nos están llevando a situaciones como la actual, de momento sólo con Catalunya, aunque si no reaccionamos con rapidez probablemente también mañana con Euskadi. Hace apenas 10 años debemos recordar que Catalunya era un remanso de paz, mientras que el avispero se azuzaba peligrosamente en Euskadi, por eso conviene no bajar la guardia para no encontrarnos con dos problemones en lugar de uno.

Pero volvamos a Catalunya. Después de un tiempo de tranquilidad, como la que precede en el ojo del huracán a la espera de la traca final. El jueves de nuevo se destapaba la “caja de Pandora”, con la continuación dramática del viernes con el encarcelamiento de otros cuatro ex consejeros, la ex Presidenta de Parlament, más la huída para unos, exilio para otros de la máxima dirigente de ERC.

Terrible para quienes defendemos que los problemas políticos deben ser resueltos por la vía política y no por la policial o judicial. Para quienes no deseamos ver en la cárcel o en el exilio a quienes han dirigido, probablemente desacertadamente y con errores de bulto graves, la política catalana los últimos años. ¿Qué hacer a partir de ahora? Desde luego las gentes sensatas, mucho más desde la izquierda, defender que se adopte una posición de equilibrio y lucidez que brilla por su ausencia en el instante actual.

Observar las redes sociales el jueves y viernes, incluso en gentes tradicionalmente moderadas de ambas partes, asusta, preocupa. Ya no se leen o escuchan razonamientos, sólo exabruptos, descalificaciones e insultos. Lamentable y triste panorama.

Demos buscar esos puntos de encuentro imprescindibles para no despeñarnos por el precipicio, todos, los de un lado, del otro y los equidistantes. Comenzando por llegar a acuerdos que conduzcan, por un lado a renunciar a vías que se han demostrado sin salida y por otro a resolver que las gentes en la cárcel o en el exilio puedan volver a sus casas. ¿Eso es técnica y legalmente posible? Parece que sí, cuando por los mismos hechos, con las mismas acusaciones, los mismos delitos, incluso por el mismo juez, estuvieron encarcelados y libres. Por la misma razón ahora pueden pasar de nuevo por ese tránsito. La senda pragmática emprendida por Roger Torrent, al anular la votación de investidura en el Pleno del Parlament del sábado para evitar agravar aún más la situación parece la más adecuada.

El domingo nos despertamos aún aturdidos con el cambio horario, con la detención en la frontera de Alemania con Dinamarca del ex President Puigdemont. Ha hecho tanto el “indio” que ha acabado en el peor sitio posible. Más leña al fuego y la tensión en la calle aumentando.

Por eso urge resolver lo puramente táctico para posteriormente intentar hacerlo con lo más complicado, los elementos estratégicos. Volviendo al comienzo de estas líneas donde se reconocía que España es una nación de naciones, para lo que debemos adecuar esa realidad incuestionable a nuestra máxima norma, la Constitución, o a su posible reforma.

Resulta evidente que hay que ir caminando sin prisa pero sin pausa hacia un Estado Federal Plurinacional y de alguna manera hacia el reconocimiento con encaje constitucional del derecho a decidir, que de manera restrictiva ya figura ya en el artículo 92.2 actual.

No podemos, no debemos seguir por un camino en el que nos dejamos, detrás en el mejor de los casos y de frente en el peor, a más de dos millones de catalanas y catalanes De este avispero en el que entre todos nos hemos metido, sólo se sale con una implicación directa y unitaria de la izquierda, la estatal y la periférica. Para comenzar PSOE y Podemos tienen la obligación y la responsabilidad de juntarse y ponerse en marcha codo con codo. No es de recibo en estos cruciales días que Pedro Sánchez y Pablo iglesias ni estén ni se les espere, delegando en Iceta y Doménech.

Unidad desde luego en temas estratégicos como mujer, pensiones, prisión permanente revisable, pero especialmente en Catalunya. Con propuestas conjuntas, unitarias que destensen la situación y lleven a nuestro país del río de aguas turbulentas actual al remanso que nos espera el otro lado del recodo.

Sólo así se podrá evitar que las picadura de millones de abejas enfurecidas acaben con todos nosotros, todos los de un lado y otro. Sensatez, diálogo, negociación, acuerdo transversal, imaginación, audacia, generosidad, unidad de la izquierda. Por estos conceptos pasa la solución.

¿Quo vadis Catalunya?: Al abismo. Quo vadis España?: Por el mismo lugar.

Veremos…

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