Muerte de un mantero

Por Manuel Millera - Lunes, 2 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

el pasado 21 de marzo se celebró el Día Internacional contra la Discriminación Racial para recordar que el racismo, la xenofobia y la intolerancia son problemas frecuentes en todas las culturas y sociedades. En Madrid han muerto no uno, sino dos manteros y otro en la UVI, según fuentes de SOS Racismo, con el agravante de que se producen en el contexto de un ayuntamiento del cambio. En Sacramento (California) un grupo de policías blancos mata a un joven negro con un teléfono en la mano. En Río de Janeiro, un grupo de sicarios a sueldo asesina a tiros desde un coche a Marielle Franco, la quinta concejala en número de votos de la ciudad, una activista por los derechos de las mujeres negras en Brasil.

La Biblia presenta al primer hombre sobre la tierra como un blanco atractivo. Quizá fuese peludo, bajo, tripudo, con cara de Cromañón y con un desagradable olor corporal… Pero no sabemos si fue blanco, negro o amarillo. Ni siquiera sabemos si fue hombre o mujer. Porque resulta difícil de creer que su descendencia fuese producto de la amputación de una costilla. La historia del racismo quizá nació aquí, y en la manera en cómo se ha ido relatando al resto de civilizaciones, por las buenas o por las malas.

Lo que sí se sabe es que hace 500 años fueron unos hombres blancos los que llegaron a América y provocaron el primer gran genocidio de la historia, por ambición, poder y afán desmesurado de enriquecimiento. Acabaron con casi toda la población indígena, entre 60 y 80 millones de indios/as. Cuando se dieron cuenta, ya tarde, de que no tenían quien trabajase, recurrieron a la importación de mano de obra gratuita y se inventó la esclavitud, la misma que se mantiene hasta hoy. Y este fue el segundo. Una cifra enorme de personas, quizá similar o cercana a la anterior, lo perdieron todo al ser sacados a la fuerza de su lugar de vida para servir gratis a otras.

Las bibliotecas anglosajonas dicen que fue Gran Bretaña el primer país en proclamar la abolición de la esclavitud, pero no es verdad. Fue Haití. Encabezados por Toussaint Louverture, un negro casi deforme, derrotaron a Francia y pagaron por ello un altísimo peaje económico. Tanta fue la deuda, que el país jamás se recuperó, y es hoy unos de los más pobres del mundo. Este fue el castigo por ser libre y negra. Líderes como Martin Luther King o Malcom X eran demasiado peligrosos para seguir vivos. Obama y Mandela no avanzaron mucho con sus legislaciones.

La responsabilidad de estas muertes puede parecer de variado signo;pero todas tienen un trasfondo político: el racismo. La Ley de Extranjería y la reforma en 2015 del Código Penal asfixian a los manteros, cuando sobrevivir es una necesidad. Vender un bolso puede costar 2 años de cárcel, mientras la evasión fiscal hasta 120.000 euros no es delito. La actual ley condena a las personas migrantes en situación administrativa irregular a una especie de muerte social. Mmame llevaba 14 años viviendo aquí y aún no tenía papeles. En Pamplona hemos conocido casos similares, joven en Txantrea y muerte senegalés en comisaría. Ni se les da trabajo ni papeles. ¿Qué deben hacer entonces? Tan sólo esperar su ingreso en un CIE (Centro Internamiento Extranjeros), su expulsión del país y vuelta al infierno de un país explotado por cientos de años de colonialismo por alguna potencia europea o la muerte. Es una espera similar a meterse una patera para pasar varios días en el mar sin saber nadar. Psicológicamente aterrador. No es comparable la situación de un mantero con un pequeño comerciante local. El primero dispone, dentro una selva, de todos sus derechos;los otros, de ninguno. No es incompatible la defensa simultánea de ambos.

Se dice a veces, que no es por racismo, que es un comercio ilegal. Me gustaría recordar a las mentes olvidadizas que todos nosotros hemos: a) pedido pago en B al fontanero;b) llamado a alguna mujer para hacer tareas domésticas o clases particulares sin ningún tipo de contrato;c) bajado de internet discos, pelis o libros sin pagar nada. Todo ello es comercio ilegal. Imagine usted que en el momento que usted hace a, b ó c un grupo de 8 policías con casco, porra y pistola sube atropelladamente por las escaleras de su casa con las alarmas a todo volumen. Y el castigo a semejante pecado no sería el bochorno con sus vecinos, sino que te metan en un avión y te manden directamente al Senegal... ¿Les parece proporcionado?

Aquí, con la muerte del niño Gabriel Cruz presuntamente a manos de una mujer negra, algunos partidos tratan de sacar provecho político de esta situación culpando a inmigrantes o personas de otras razas. Pero si algún emigrante es mantero o roba para vivir, no es por ser negro o por ser mujer, sino por ser pobre. Tal vez conviene que haya en la cárcel muchos ladrones de gallinas, para que no haya ladrones de países.

Porque son blancos y la mayoría hombres los que han salvado a bancos y autopistas en el Estado español. Los que corruptamente han gestionado los limitados recursos públicos, mientras derrochan millonadas en ejércitos y armas de guerra. Son blancos los que se llaman españoles y tienen sus cuentas en el extranjero y los que afirman que las pensiones no se pueden subir más mientras han gastado enormes cantidades de dinero en darse jubilaciones personales millonarias. Y son blancos y hombres los que mantienen la brecha salarial entre hombres y mujeres.

Europa y sus concertinas se están convirtiendo en un Auschwitz invertido. En lugar de encerrar a los que queremos exterminar, hemos levantado una fortaleza, encerrando al tercer mundo en un campo de concentración en el que el sistema económico de mercado internacional hace las veces de solución final. La Policía debería asistir y proteger a los débiles y necesitados, y no perseguirlos como delincuentes. Los manteros no son un problema policial, sino político y de justicia social. Este último mes ha demostrado que 2 nuevos frentes inesperados para el PP han venido para quedarse, la lucha de las mujeres y la de los jubilados. Incorporemos el antirracismo a ambas. Nuestros abuelos o bisabuelos fueron emigrantes. No lo olvidemos.

El autor es concejal de Participación del Ayuntamiento de Pamplona (Aranzadi)