El francés repite ante el esloveno

Alaphilippe y Roglic, Juego de Tronos

SEGUNDA ETAPA | El francés repite ante el esloveno en Bermeo, que rescata la mejor versión de Mikel Landa y enfatiza a Gorka Izagirre, escapados con los primeros

Miércoles, 4 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Julian Alaphilippe y Primoz Roglic, secundados por Gorka Izagirre en la entrada a la meta de Bermeo. Reportaje fotográfico: Photogomezsport/Luis Ángel Gómez

Julian Alaphilippe y Primoz Roglic, secundados por Gorka Izagirre en la entrada a la meta de Bermeo. Reportaje fotográfico: Photogomezsport/Luis Ángel Gómez

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Julian Alaphilippe y Primoz Roglic, secundados por Gorka Izagirre en la entrada a la meta de Bermeo. Reportaje fotográfico: Photogomezsport/Luis Ángel GómezCarlos Verona (i), del Michelton Scott, y David López (d), del Sky, en el alto de Sollube.

Rocadragón, alter ego de San Juan de Gaztelugatxe, enmarcó el Juego de Tronos de la Itzulia, que se debate entre Julian Alaphilippe (Quick-Step), el rey que viste de oro y que bebió nuevamente champán en Bermeo, y Primoz Roglic (Lotto), el sucesor que espera su tiempo, que no es otro que el del reloj de Lodosa. La cosecha de primavera. A Roglic todos le aguardan, pero el heredero, al que todos consideran el emperador de la Itzulia, prefiere apresurarse y asustar. Después de su vuelo en cohete en Elkano, el esloveno exige la gloria que degustó Alaphilippe, cuyos dos triunfos le han dado ocho segundos de renta sobre el tremebundo Roglic. No parece suficiente ante el hombre pájaro, que desplegó nuevamente su catálogo en una jornada que retumbó en San Pelaio, llamando a la guerra. Una lucha de poder.

En ella, Mikel Landa (Movistar) y Gorka Izagirre (Bahrain) no cedieron ni un palmo de terreno en el latifundio de la Itzulia. Lucharon ambos, recuperadas las constantes vitales, por cada pulgada de tierra en un puerto que catapultó la carrera a un asunto de distancias cortas y miradas chispeantes. En esa mímica se impuso el discurso en francés de Alaphilippe y su burbujeante final en Bermeo. A su sombra crece, sin embargo, la figura turbadora de Roglic y el rastreo de Gorka Izagirre y Mikel Landa, enrollados todos en 43 segundos. Pello Bilbao (Astana) es quinto, bordeando el minuto. Allí se cobijan Quintana, Bardet o Urán tras una etapa que les dejó a la intemperie.

La costa entre Gipuzkoa y Bizkaia mostró los cuchillos capaces de arremolinar al pelotón después de las penurias al asalto de la empalizada de Elkano. De aquellos recuerdos que dejó la batalla -“la verdad es que lo pasé bastante mal”, reflejaba Landa en Zarautz- y que elevó a los altares a Alaphilippe y Roglic, que no es el líder, pero tiene ese aspecto, se nutrió el segundo día, que disponía el envase ideal para ser agitado con la emboscada que anunciaba el retorcido Almike y el hosco San Pelaio. “Queda mucha Itzulia”, decía Landa, que se sintió con el cuerpo extraño, más vacío que lleno el día de autos. Rebosante de energía se exhibió el esloveno. “Roglic era uno de los favoritos, pero nos sorprendió su arrancada”, se sinceró Landa antes de descubrir el contorno costero. En Bermeo, Landa era otro. Reformado. Nuevo. El de siempre. Se reconoció en el espejo.

En el recorrido por la costa el viento troceó el pelotón y un escalofrío hurgó el espinazo de tanto maillot. La cabeza y la cola pudieron encolarse a tiempo con el pegamento de la precaución, así que un puñado de hombres se apuntaron a la excursión en Natxitua. Vuillermoz, Caruso, Navarro, Geoghegan, Grmay, Woods, Guerreiro, De Marchi, Verona, Padun y David López (Sky), el único vasco, pertenecían al primer frente. Anticiclón. Era un día pintado de azul, ensortijado por el viento sur, hasta que la borrasca asomó el hocico en Almike, con su barandilla al Cantábrico y los tambores de guerra siseando.

ALMIKE, DEMASIADO LEJOSLa lluvia trajo su cántico y se clavó a modo de agujas tatuadoras. Pero no hubo sangre. En el puerto, protegido por los centinelas de eucalipto, nadie se revolvió. Demasiado lejos de meta. Se impuso la cordura. No hubo lugar para las insurgencias. Landa no perdió de vista a Roglic. Alaphilippe, con la vara del Quick-Step, pastoreaba el rebaño. Pello Bilbao radiografiaba al resto sin necesidad de girar el cuello. Las paredes que se pensaban que serían una cordillera fueron una meseta. Salvo para Jonathan Lastra (Caja Rural), al que le quedó grande el maillot de rey de la montaña. Almike transfiguró al bilbaíno. Le convirtió en un plebeyo.

Sin más noticias que el susurro que generó la lluvia, con la primavera tirando los dados;descapotando el cielo o poniéndole tejas grises, dejaron atrás la trasera de Sollube, una montaña que recuerda aquel relato de Jesús Loroño y Conterno, cuando en los días oscuros de la dictadura las penas se aliviaban con el licor Majestad y la fantasía del ciclismo. Alaphilippe, el líder, brindaba con agua, cómodo, jugando con la pose. Esa era la adrenalina hasta que el Astana, con Pello Bilbao, que era tercero en la general, y Omar Fraile, siempre dispuesto para el rock&roll, lanzó la carrera, que languidecía en el entente entre los fugados y los aristócratas, como si la sala de espera fuera un balneario en el que remojarse los pies.

El equipo kazajo elevó los decibelios. Más vatios. El llamamiento convocó al resto de equipos con alguna cotización en el parqué bursátil. David López se despegó tras ollar Jata con el resto de fugados. El vizcaíno se fue en busca de San Pelaio a través de la postal de Bakio, bamboleante en el tendal por el viento, animador del oleaje. Michael Matthews fue Neptuno. Invocó a la rebelión en el viejo San Pelaio, al que golpea el rudo eco de la mar. Descarnada la carretera, embistió el australiano como un bisonte en estampida. El respingo de Matthews fue una invitación para Alaphilippe, el líder con muelles y aleteo de colibrí.

ATAQUE DEL LÍDERLigero, pizpireto, saltarín, Alaphilippe descascarilló el grupo de favoritos. Se dibujó el arcoíris sobre San Juan de Gaztelugatxe y a la Itzulia le salieron los colores y la alegría del ciclismo añejo, en posición de ataque. El francés se envolvió en el estandarte de la valentía y provocó a Roglic, que cuando San Pelaio fue nuevo, con el piso liso, sacó la máquina de coser. A su lado se elevó Mikel Landa, que recuperó su perfil mas fotogénico, ese con el que agarra la parte baja del manillar. La llamada de la selva. El de Murgia, afinado, a un viaje lunar de la tosquedad que le aplanó en Elkano, se ató al dúo con Gorka Izagirre, sensacional, grapado a su rebufo. De ese vis a vis se desprendieron Quintana, Ion Izagirre, Urán, Mollema o Pello Bilbao, heridos en el tiroteo de San Pelaio, un puerto escueto pero sin perdón.

Por delante, un póquer de ases. Alaphilippe, Roglic, Landa y Gorka Izagirre. Sensacionales en la bajada, ligaron escalera de color. Alistados al riesgo trazaron hasta Bermeo, que les recibió con una curva de mirada aviesa. Roglic, que hizo carrera como saltador de esquí, no se lo pensó. El líder cerraba el cuarteto en el repecho que desembocaba en la villa pesquera. Paciente pescador, Alaphilippe, que dejó acumular el cansancio de la jornada inaugural, repitió la jugada que le encumbró en el debate con Roglic en Zarautz. Elevó los brazos Alaphilippe, giró el cuello Roglic y se frotaron las manos Gorka Izagirre y Mikel Landa, los cuatro primeros de la general. Dejaron quince segundos a sus espaldas, donde se situó el grupo con Pello Bilbao y otros aspirantes que entienden que la Itzulia es un Juego de Tronos entre Alaphilippe y Roglic.

2ª ETAPA

Zarautz - Bermeo

162,2 KMS.


ReSULTADO de la ETAPA

1º. Julian Alaphilippe (Quick Step) 4h11:37

2º. Primoz Roglic (Lotto) m.t.

3º. Gorka Izagirre (Bahrain-Merida) m.t.

4º. Mikel Landa (Movistar) m.t.

CLASIFICACIÓN general

1º. Julian Alaphilippe (Quick Step) 8h29.13

2º. Primoz Roglic (Lotto) a 8’’

3º. Gorka Izagirre (Bahrain-Merida) a 39’’

4º. Mikel Landa (Movistar) a 43’