¡A mí, la legión!

Ilia Galán - Viernes, 6 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Sus brazos desnudos lucían al sol, allá en las tierras de Málaga, poderosos, con cánticos guerreros y sacros, elevando a pulso una gran cruz con un Cristo en ella clavado, honrándole, honrándonos, envueltos en público devoto. Todos los años repiten este acto de tintes heroicos como heroica es su apostura: bravío cuerpo de élite de nuestros ejércitos dispuestos a la muerte por salvar el país, dispuestos a darlo todo. Pocos podrían cantar esos guerreros cánticos como ellos lo hacen, con su preparación tremenda para ir a combatir en cuanto haga falta. En estos tiempos flácidos, muchos ejércitos occidentales son extremadamente blandos por falta de convicciones. Lo vimos con EEUU en Vietnam y luego, años más tarde, de modo más significativo, con el ejército soviético, inmenso, poderosísimo, en Afganistán, siendo derrotados por un pueblo de desarrapados, pero que tenían fe, tenían Dios y sacrificaban sus vidas por su gente y ganando un cielo de huríes pleno. Los soldados rusos y de otros lugares, ateos muchos de ellos, sin moral, desmoralizados, cometiendo atrocidades sin cuento, fueron dramáticamente derrotados entre millones de muertos. Un honor fue para mí conocer a Svetlana Alexiévich, premio Nobel en 2015, mujer heroica que se atrevió a contar lo que allí pasaba enLos muchachos de cinc. No soy militarista ni pueden gustarme las guerras, pero si no estuvieran los legionarios y otros cuerpos del ejército, buena parte de España pertenecería ahora el reino de Marruecos y muchos izquierdosos que ahora atacan la Iglesia católica tendrían que someterse al Ramadán y otras musulmanas leyes;el feminismo por el velo del Corán quedaría bastante aplastado y tapado.

En mi pueblo materno, en la profunda Castilla del Norte, suelen venir legionarios en Viernes Santo a llevar el Cristo como en Málaga, pero son jubilados y desfilan en camisa corta, los pechos desnudos, ante un viento helado y una gran afluencia de espectadores y devotos que les contemplan -penitentes- envueltos en bufandas y abrigos de lana, visón u otras pieles para defenderse de las inclemencias del tiempo. Con gente tan aguerrida, valiente, es fácil sentirse protegidos, pero algunas televisiones y medios de desinformación les han atacado porque en un estado aconfesional libremente quieren participar en las procesiones que aman la mayoría de los españoles, católicos. Nuestras tradiciones fundamentan nuestra mirada y sin creencias en el más allá es difícil combatir hasta la muerte. Si hubiera entre nosotros cuerpos musulmanes necesitarían como capellanes a sus imanes. Un ejército sin capellanes, sin un Cristo que les ampare, sin Alá, desprotegido queda y nadie vendría a ampararnos en caso de conflicto: ¡A mí la religión!

Últimas Noticias Multimedia