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Osasuna se arruina en El Sadar

empate en casa | el equipo de diego martínez dilapida prácticamente sus opciones de luchar por el ascenso tras protagonizar otro decepcionante partido ante su afición, esta vez frente al córdoba

Javier Saldise - Javier Bergasa/Mikel Saiz - Lunes, 16 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Xisco se tapa la cara junto a Kieszek, que sujeta el balón.VER VÍDEOReproducir img

Xisco se tapa la cara junto a Kieszek, que sujeta el balón.

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Xisco se tapa la cara junto a Kieszek, que sujeta el balón.ReproducirXisco se tapa la cara junto a Kieszek, que sujeta el balón.

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pamplona- Osasuna ha decidido despedir con antelación la temporada y ayer dio carpetazo a casi todas sus opciones de llegar a una plaza para la disputa de la promoción de ascenso tras completar frente al Córdoba otro encuentro decepcionante y, sobre todo, no ganar. El equipo de Diego Martínez ha ido perdiendo credibilidad como candidato al regreso a la Primera División por culpa de su manifiesta debilidad como local. El Sadar mantiene su nombre, acaba de cumplir medio siglo, pero su fama de escenario terrible para los visitantes se ha quedado en un bonito recuerdo de otro tiempo.

En un encuentro con mucho en juego para los dos equipos, cada uno con sus miras puestas en los polos opuestos de la clasificación, Osasuna no consiguió estar a la altura de la exigencia. El Córdoba llegó a El Sadar a jugarse la vida para insistir en la lucha por la permanencia y los rojillos, por contra, no expusieron el rango de pelea y juego que debía espolear a un candidato para el ascenso. Fue otro partido farragoso y pesado, en el que un Osasuna crispado volvió a sentirse incómodo en su casa y terminó por fallar otra vez.

Obligado a ganar y a ser firme en este tramo decisivo, Osasuna pinchó en la primera de las finales que se le presentaban y, ahora mismo, sólo sumando victorias en los siete encuentros que quedan podría aspirar a colarse por la puerta de atrás en alguna de las plazas de la promoción. Es decir, un escenario imposible para un conjunto construido para estar con los mejores, con el único sostenimiento del regreso a Primera para aguantar una elevada inversión y el olvido de principios esenciales como la presencia y creencia en la cantera.

Osasuna enterró ayer el proyecto deportivo para esta Liga en el que, por supuesto, los jugadores no van a quedar bien parados cuando se haga el balance del curso, como tampoco el entrenador y los que han alimentado las directrices del curso;es decir, el director deportivo y la directiva que le ha entregado todo el mando en un evidente gesto de debilidad institucional más que de resguardo tras el parapeto. La desconexión paulatina que ha ido gestando el equipo con su afición es otro asunto que también deberá computarse, porque la emoción y la ilusión cuentan mucho en algo tan etéreo y frágil como es el fútbol, en la adhesión a un equipo. El desmoronamiento ha sido general.

Aparentemente concienciado todo el mundo de lo que había en juego, el partido no respondió por el lado de los rojillos. Ante el Córdoba se volvió a ver una película vista otras veces. Espeso todo, lo mejor del primer tiempo resultó que Sergio Herrera, en el descuento, salvó a Osasuna del segundo gol del Córdoba y permitía que su equipo aún pudiera agarrarse al resultado en la reanudación. El equipo de Diego Martínez acababa de completar otro primer tiempo infumable para su afición, pero aún respiraba con opciones tras haber sido sorprendidos por el gol de Galán, poco después de los quince minutos. Agarrotados, con pocas ideas, Osasuna volvió a ser un equipo pesado, esforzado pero sin acierto, acelerado muchas veces y previsible casi siempre, al que ayer el Córdoba se encargó de poner en evidencia dejándole hacer. Los rojillos no acertaron a rematar entre los tres palos y las únicas ocasiones fueron sendas intentonas de David Rodríguez y Kike Barja, que el primero estrelló en un defensa y el segundo, de enviar a la grada.

Diego Martínez removió su equipo tras el descanso en una de sus conocidas maniobras en las que la defensa pasa a tres y se incrementa la presencia en otras líneas. Quique entró por Javi Flaño y Osasuna carburó de otro modo. Sin embargo, no fue por las habilidades estratégicas por las que el partido se corrigió sino por la maravilla que se sacó de la zurda Borja Lasso. El sevillano fabricó un zambombazo desde el borde del área que se coló por la escuadra sin posibilidad de remedio para el portero.

Osasuna, con media hora por delante, creyó entonces y sometió a un dominio insistente al Córdoba, que no sufría, porque los rojillos no acaban de armar remates, pero que lo mantenía suficientemente controlado como para no asustar a Sergio Herrera. El partido se fue tornando nervioso y el árbitro entró en una ruleta de amarillas que acabó con expulsiones en los dos equipos, con Xisco como principal damnificado en los rojillos al ver dos tarjetas en la misma acción, desesperado como los suyos, que no ven claro el futuro.

Osasuna, que ha preferido ir aplazando mentalmente la disputa de finales para aligerarse parte de la presión que llega en el torneo, ya no tiene finales que jugar.

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