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“Llevamos casi 50 años trabajando en la India y ahora hay una esperanza que antes no existía”

Moncho Ferrer ha tomado el relevo, junto a su madre, de la Fundación Vicente Ferrer, que desde hace medio siglo lucha por sacar de la pobreza a los más desfavorecidos

Unai Yoldi Hualde / Javier Bergasa - Martes, 17 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Moncho Ferrer

Moncho Ferrer (Javier Bergasa)

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Moncho Ferrer

pamplona- Por su apariencia física, e incluso por su nombre, Moncho Ferrer (Anantapur, India, 1971) aparenta ser un ciudadano de cualquier país occidental, sin embargo la realidad es que hablar con él es hablar con un indio de los pies a la cabeza pasando por el corazón, donde lleva muy dentro a la gente y a la tierra en la que se ha criado. Hijo de los activistas Vicente y Anna Ferrer, Moncho es el director de programas de la fundación que lleva el nombre de su padre y que desde 1969 lleva realizando una importante labor social con las capas sociales más desfavorecidas del país asiático. Para él, que ha visto la evolución de la India desde su nacimiento, la sociedad está en continuo cambio y la Fundación Vicente Ferrer ha contribuido a crear “una esperanza en torno a una vida mejor”. Ahora, Moncho ha venido a Navarra para recoger hoy el Premio Internacional Jaime Brunet, con el que ha sido galardonada la fundación “por su labor encaminada a la erradicación de la pobreza, y la defensa de los derechos fundamentales de todas las personas en la India”.

Qué supone para la fundación y para usted este reconocimiento?

-Estamos muy agradecidos, es un premio que yo no conocía pero que en Navarra es muy importante. Tenemos mucha colaboración aquí, lo que significa que hay una confianza en la fundación y supone un reconocimiento a toda la labor que desarrollamos.

Actualmente, ¿en qué se centra la acción de la fundación?

-Siempre ha estado muy vinculada a la educación. India tiene millones de jóvenes que salen de las universidades y no encuentran trabajo porque necesitan algo que los diferencie. Aquí también ocurre algo parecido, pero el problema es que allí el porcentaje de jóvenes es mucho mayor. Por otra parte, también la violencia de género la tratamos ahora de manera intensa, porque es un tema muy importante.

Usted es indio de nacimiento y conoce la realidad de este país desde que era un niño. Y ahora, junto a su madre, coge el relevo de la fundación para seguir ayudando en su país natal...

- Yo nací en Anantapur y desde que era pequeño India ha cambiado mucho y he experimentado todo ese cambio. Por eso me he quedado allí, porque es mi casa. ¿Dónde iba a estar si no? Ya llevo más de 20 años trabajando pero mis padres nunca me dijeron: “Moncho, tienes que quedarte aquí”. Yo siempre he sido parte de Anantapur, he tenido una relación muy fuerte con la gente y con la tierra y eso me ha hecho seguir trabajando allí.

Usted habla mucho de la revolución silenciosa. ¿En qué consiste?

-Es algo que aprendí de mi padre. Él me decía que no hay que hacer mucho ruido, que el mejor perfil es el más bajo. Un día la revista Life llevó en su titulo La revolución silenciosa y la gente se sorprendía. Nuestro trabajo no necesita hacer mucho ruido, pero sí mucha paciencia. En India hay tradiciones de miles de años y no puedes cambiarlas de la noche a la mañana.

De hecho es un país que está muy clasificado socialmente, ¿no?

-Sí, es un sistema muy difícil de entender porque no existe algo igual en todo el mundo, hay que vivir allí para entenderlo. Es un país de contrastes muy grandes entre las clases sociales altas y las bajas. Hace miles de años había una riqueza increíble, pero estaba centrada en los templos y las religiones. Ahora pasa lo mismo, hay familias que son más ricas que Bill Gates y otras que no tienen para comer. También hay armas nucleares y no se puede pagar el sueldo de muchos profesores. India esta desarrollándose muy rápido y quiere ser como Estados Unidos o como China;y puede serlo, pero hay muchos problemas que hay que arreglar antes.

Cambiando de tema, la dotación del premio es de 36.000 euros que van a ir destinados a una escuela profesional para jóvenes indios de casta baja. ¿En qué situación se encuentran estos muchachos?

-Pues están muy estigmatizados y excluidos de la sociedad. Con este proyecto de la escuela profesional, que arrancó hace tres años, buscamos ofrecer a los jóvenes algo extra a parte de la formación académica que tengan y así poder diferenciarse. Les enseñamos idiomas como francés, alemán, inglés o castellano, e informática. Está teniendo mucho éxito, aprenden muy rápido y consiguen colocarse en buenos puestos. Cuando empezamos, vinieron dos chicos pidiendo trabajo y les dije que se apuntasen al curso. Después de un año, están trabajando en una multinacional ganando 40.000 o 50.000 rupias (400-600 euros) al mes, han salvado su vida y la de su familia. Ahora son ejemplo para el resto del pueblo y para que los jóvenes se animen a participar en el curso.

En este contexto, ¿cuál es la situación de las mujeres?

-La violencia contra las mujeres en la India es una lacra, al igual que en el resto del mundo. Ahora las mujeres son agentes de cambio y de desarrollo en las zonas en las que trabajamos, más que los hombres. Además, estamos haciendo campaña contra las bodas infantiles. Antes las chicas de entre 12 o 13 años se casaban con hombres mayores y es algo que, por suerte, está cambiando poco a poco.

Entre los proyectos que desarrolla la Fundación Vicente Ferrer, llama la atención el enfocado a la integración a través del deporte...

-A veces me cuesta hacer entender que el deporte es muy importante. Yo he vivido aquí y conozco el valor que tiene. Es el único espacio sin castas, sin religiones y sin nada. Todos son iguales y es una oportunidad de mezclar a las personas. Lo mismo con las personas con discapacidad. Ellos son excluidos de todo y el deporte está concebido como algo para personas fuertes con cuerpos perfectos y que estas personas lo practiquen rompe esa barrera.

Para terminar, el año que viene se cumplen 50 años desde que se crea la fundación. ¿Qué ha supuesto para las zonas en las que trabaja?

-Ahora hay una esperanza que antes no existía. Sigue habiendo pobreza pero por lo menos hay esperanza de que existe una vida mejor.

¿Y qué mirada hace hacia el futuro?

-Vamos a mantener lo que hay y cumplir 50 años es un tiempo importante para nosotros. Ahora tenemos que mirar a los próximos 50 y ver que cosas nuevas y diferentes podemos hacer, pero lo principal es incluir a la gente, no que venga alguien de fuera y preste una ayuda. Nuestro éxito ha sido que hemos implicado a todos dentro de un mismo proyecto, tanto a quien ayuda como a quien recibe.

las claves

“Nosotros hacemos la revolución silenciosa, nuestra labor no necesita hacer mucho ruido, pero sí mucha paciencia”

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