Mª Ángeles Cabré escritora y directora del observatorio cultural de género

“Es el momento de denunciarlo todo, de que las mujeres no dejemos pasar ni una”

“La globalización ha ayudado al feminismo, pero puede ser un arma de doble filo”, reflexiona Mª Ángeles Cabré, quien visitó la semana pasada Pamplona invitada por IPES

Lunes, 23 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

pamplona- Da la impresión de que estamos en un momento de cambio, en un antes y un después a raíz del último 8 de marzo y acciones previas como la Marcha de las Mujeres, el movimiento #MeToo... ¿Pero realmente es así o corremos el riesgo de que el feminismo se ponga tan de moda que al final no se profundice ni se tome en serio?

-Hay una amenaza. Es un momento de inflexión, un cambio de paradigma, resultado sobre todo de la globalización, las redes sociales, la comunicación. Se ha podido internacionalizar de algún modo el feminismo ahí donde estaba más atomizado y eso es muy bueno. La visibilidad que da que las actrices salgan en un país y al día siguiente en otro y todo se contagie, que las mujeres contra Trump se conviertan en las mujeres del 8-M en España, porque yo nunca había visto tantas mujeres en Barcelona un 8-M en Paseo de Gracia, eso viene lógicamente de este movimiento último, no viene de antes. No quiere decir que las mujeres que salgan no sean conscientes de todo el feminismo previo, pero son personas nuevas muchas veces, son personas jóvenes. Entonces, sí hay peligro. Ante un nuevo paradigma, también hay nuevos enemigos. El patriarcado va a intentar absorber el feminismo, quedarse con un feminismo light, que no moleste. Y por eso, las personas que trabajamos desde el feminismo tenemos que generar nuevas resistencias.

¿Cuáles?

-Lo sabremos a medida que surja el enemigo y se manifieste… Pero hay un peligro evidente;y ahora, si te fijas, cada editorial tiene su libro de feminismo, editoriales que jamás habían querido libros sobre feminismo, ahora todas quieren su libro;todos los ayuntamientos quieren a alguien que se dedique a género. Y eso es bueno, pero es un arma de doble filo.

Porque el capitalismo lo engulle todo y lo mercantiliza, lo hace vendible, a su medida…

-Sí, y van a intentar convertir el feminismo en un elemento más de la modernidad, entonces la mujer va a seguir siendo sexualizada, van a seguir vendiéndole el mito de la maternidad, porque sigue estando mal visto no tener hijos… Va a ser una nueva negociación. Pero hemos hecho un paso de gigante, la globalización le ha ido bien al feminismo.

En lo que parece que no se avanza es en la televisión: la publicidad y los programas están llenos de estereotipos machistas...

-Sí, parece ya una batalla perdida. Ahí donde yo creo que el cine está empezando a reinventarse, y los directores y directoras en los últimos festivales ya están incluso anunciando cambios de protagonistas porque se han dado cuenta de que no pueden hacer machismo cultural o cinematográfico más tiempo, la televisión parece que esté quedándose atrás. El problema es que hay muchas televisiones privadas cuyo único interés realmente es hacer publicidad, donde los programas son aquello que está entre anuncio y anuncio;y eso se contagia a las televisiones públicas, que acaban haciendo lo mismo que las privadas para no ser deficitarias, para estar en la competencia. Entonces, ahí entra la normativa, la ley. Tiene que haber leyes mucho más duras en el audiovisual para que la mujer no se sexualice… La televisión es un elemento de educación y ahí la ley tiene que entrar a saco. A saco. Las televisiones privadas no están educando, están deseducando, sin ningún prejuicio.

Y la Ley de Igualdad que tenemos, ¿se está empezando a cumplir?

-La ley que tenemos pero que no se usa… Pasa como con las leyes las de memoria histórica, son normativas que no tienen dotación económica. Y es muy difícil aplicar una ley de igualdad si no hay inspecciones ni sanciones, por ejemplo para castigar a una empresa que no cumple con la paridad o que despide a una embarazada. Es imposible. Son once años de ley de igualdad sin ley de igualdad, y ahí tenemos un problema porque va a haber que empezar a cumplirla, clarísimamente.

En este momento de cambio al que aludía, ¿cómo se explica que sigan triunfando personas como Trump?

-Mira, Naomi Klein ha publicado un libro contra Trump, yo fui a la rueda de prensa en Barcelona y le pregunté: ¿pero no le parece a usted que estamos en un momento de líderes masculinos que parecen antiguos? Estamos a nivel Mussolini. Yo creo que son los epígonos, con suerte son los últimos. Y tenemos los ejemplos femeninos de la nueva política, Carmena, Ada Colau… Es el momento en que se juntan los epígonos de los liderazgos masculinos más casposos, sobre todo Trump y Putin que dan mucho miedo, con las mujeres de la nueva política. Y tiene que ser el final de una era. Es como el canto del cisne, lo que pasa que es un canto en el que mueren matando. Trump es una gran amenaza para el mundo y para las mujeres, por lo que dice de ellas. Pero también le ha hecho un favor al feminismo, porque las marchas de las mujeres vienen de que Trump es excesivo, ya no toca Trump;él es el responsable de que las mujeres hayan salido a la calle, hay que darle las gracias.

¿Cómo ve en este momento la presencia femenina en el mundo de la cultura? Es un sector aparentemente feminizado pero también, o por ello mismo, muy precario…

-Sí, la percepción a veces cambia, estamos en una librería y vemos muchas escritoras. Seguramente habrá un 35%, no llegan ni a un 50% pero aun así son bastantes y hacen bastante ruido, pero luego en otros sectores de la cultura hay muchas menos mujeres de las que pensamos: en el cine, en el teatro, muy pocas dramaturgas y directoras… Desde el Observatorio Cultural de Género cada año hacemos un informe con alguna asociación del ramo, el último ha sido el de festivales de música, medimos lo catalán, y sale un 25% de presencia femenina en festivales de música, y esa cifra hace tres años hubiera sido un 10%... Pero por ejemplo en los centros de arte de Barcelona nos encontramos con un 14%, eso es bajísimo… Los datos nos hacen darnos cuenta de que las mujeres parecen más de las que son. Las mujeres están muy infrarrepresentadas en la cultura. Se ve también en los premios literarios, el 72% los ganan hombres, eso quiere decir que la economía de las mujeres escritoras es peor, tienen menos posibilidades de tener una carrera larga. Por eso hay que empezar a hacer jurados mucho más paritarios, a tener un criterio mucho más abierto, a no guiarse por ejemplo por que la calidad es esa historia de hombres que nos cuentan en el cine, y la película intimista es una película menor. Porque cuando van las productoras colegas a los bancos a pedir dinero para sus proyectos, van con películas pequeñas, no se les ocurriría ir con un proyecto a lo Amenábar porque no se lo van a pagar, tienen que ir con películas pequeñas... La cultura hecha por mujeres acaba siendo lo pequeño.

Eso ya condiciona mucho a las mujeres creadoras...

-Y luego la autocensura, si tú ves que tienes menos posibilidades de ganar un premio ya no te presentas. Es importante que las mujeres de la cultura dejen de autocensurarse e intenten conquistar los terrenos que les han sido vedados. El espacio está, pero hay que conquistarlo porque somos pocas todavía.

Unido a estos obstáculos hay un problema de infravaloración personal, de baja autoestima heredada a lo largo de generaciones…

-Claro, si nos dicen que somos tontas, pues nos creemos que somos tontas. Y a eso hay que decir no. A mí a veces me dicen: es que tú eres muy echada para adelante, muy chulita. Yo en mi vida privada no lo soy, pero cuando voy a conquistar un espacio público, piso fuerte, porque creo que me merezco el espacio. Si tengo una actitud tibia, no voy a conquistar ese espacio. Ahí hay un problema de las mujeres, nos han dicho que somos débiles y actuamos como si fuéramos débiles, cuando en realidad somos infinitamente más fuertes que los hombres, solo hay que ver cómo llegan las viudas a mayor edad y cómo aguantaron las mujeres la guerra civil, o todo lo que han aguantado las abuelas españolas, malos tratos de por medio, cuernos a tutiplén… Las mujeres son más fuertes, pero cuando nos encontramos en la plaza pública tenemos miedo porque nos han dicho que no llegamos. Hoy las mujeres están más preparadas que los hombres, tienen más títulos universitarios, más doctorados, y aun así a la hora de copar los espacios de poder parece que no se atreven. Hay que decirles a las mujeres que la teoría es la práctica. Si en una disciplina somos mayoría las mujeres, ¿por qué mandan ellos?

Desde el Observatorio Cultural de Género, ¿cuáles son los problemas más graves que detectan?

-Lo que más cuesta es que las instituciones tomen conciencia del problema de la desigualdad, es un caballo de batalla todavía. Va a ayudar mucho este movimiento feminista global, porque las instituciones están empezando a darse cuenta de que no les queda más remedio que escucharnos. Ahora están empezando a cambiar las cosas, pero hasta ahora, hasta ayer, ha sido realmente difícil que las instituciones se tomaran en serio la infrarrepresentación de las mujeres en la cultura, y ahora todavía sigue pasando que hacen debates sobre qué vamos a hacer con la cultura, el futuro de tal o cual teatro…, solo con mesas de hombres. O sea, todavía no lo han entendido del todo.

La cultura es educación, y una educación desde esos valores que contiene la cultura nos haría avanzar y mejorar mucho en lacras como la violencia de género…

-Exacto. De lo que no se dan cuenta los gobernantes es de que si solucionamos la infrarrepresentación en la cultura y cambiamos los estereotipos en la cultura se minimizará mucho la lacra de la violencia de género, porque va junto. Si vieran eso, sería una gran inversión invertir en mujeres que hagan cultura. Si se arregla la cultura, que es la punta del iceberg, se arregla la base. Y el problema de base en esta sociedad machista es la violencia contra las mujeres en todos sus ámbitos, desde el micromachismo hasta la mujer asesinada. La cultura sería una solución baratísima para cambiar ese paradigma. No lo ven nuestros gobernantes porque no tienen interés en que se acabe la violencia contra las mujeres, si no no se explica. No es casualidad que tengamos un país machista, es porque alguien tiene interés en que sea un país machista, y son los que han mandado siempre que no quieren que el pastel se reparta.

Repartir el pastel implica sacar a hombres que están muy acomodados en sus puestos.

-Claro, pero es lo que yo siempre digo: saca a los peores y mete a las mejores. Se trata de acabar con la sobrerrepresentación para que el pastel esté repartido, pero es que hay hombres que quieren estar sobrerrepresentados, porque se creen que la única manera de mandar, y no es verdad. Pasa en el mundo de la cultura, los premios los ganan siempre los mismos. Javier Marías, Pérez Reverte… están sobrerrepresentados, y claro que son antifeministas, es que queremos que no estén sobrerrepresentados, les estamos invitando a que de vez en cuando se vayan a su casa, que algún año no saquen libro, y así habrá otros libros, más interesantes seguro.

¿Ir a contracorriente sigue siendo hoy el único camino que le queda a la mujer para realizarse siendo ella misma?

-Bueno, yo creo que estamos en un momento en que con un poquito de suerte vamos a empezar a dejar de nadar a contracorriente, porque es tan cansado que genera lesiones: la baja autoestima, el sentirte más vulnerable… Es el momento para dejar de nadar a contracorriente, pero creo que nos quedan unos años todavía. ¿Es la única manera? Pues seguramente lo sea, pero tiene que ser una contracorriente que no sea traumática. Es el momento de que las mujeres se cuiden unas a otras, ejerzan la sororidad, para que las mujeres de nuestro alrededor no sufran ni un milímetro más de lo que deben sufrir por naturaleza. Ya hay cosas que no hay que permitir, por ejemplo los abusos sexuales, la publicidad sexista… Todo aquello que no tenga que ser hay que denunciarlo y hay que hacer pedagogía de ello;allí donde ha habido un problema machista, un abuso sexual, una publicidad sexista, hay que recordar que así no. Y para ello van muy bien las redes sociales. Es muy importante bombardear. Es el momento de denunciarlo todo, de no dejar pasar ni una. De no tener miedo a que te miren mal;somos muchas, contamos con un apoyo global que nos protege.

Los hombres también son parte de esta lucha, ¿cuál debe ser su papel?

-Se tienen que sumar con total normalidad a la lucha feminista porque el feminismo es cosa de todos. Que tengan menos miedo de la palabra y que entiendan que es una ideología que ha venido a mejorar el mundo en todos los aspectos, no solo en el tema de la igualdad. Yo siempre digo que feminismo es sinónimo de democracia. Si ellos son demócratas, tienen que ser feministas. Y al igual que o se es de derechas o se es de izquierdas, porque el centro no existe, o se es machista o se es feminista, no se puede ser un poco feminista y un poco machista.

¿Pero se puede implantar el feminismo dentro del capitalismo?

-El capitalismo es un gran enemigo del feminismo, y de eso tenemos que ser conscientes. El único partido que yo conozco que se declara feminista es la CUP, que es el partido anticapitalista catalán. La gran resistencia del feminismo es el capitalismo, porque es patriarcal;si no lo fuera no se aguantaría, porque el capitalismo se basa en el abuso, es el fuerte contra el débil, y el feminismo defiende al débil, defiende a la mujer porque ha sido la parte débil, y defiende al inmigrante porque ha sido la parte débil… Al menos en un 90% tendríamos que tirar el capitalismo a la basura y poner a las personas en el centro. El feminismo permitiría solucionar todos los problemas, no solo la igualdad. Y ahí salimos todos ganando.

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