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Juez de línea

Osasuna al desnudo

Por Félix Monreal - Lunes, 23 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Unai salta para alcanzar un balón imposible.

Unai salta para alcanzar un balón imposible. (Foto: Agencia LOF)

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Unai salta para alcanzar un balón imposible.

Ha sido un domingo triste para el osasunismo. Por la mañana, el primer equipo echaba camiones de tierra sobre sus ya remotas posibilidades de entrar en el play off;por la tarde, el Promesas consumaba su descenso en Tajonar componiendo, en ese escenario, un cuadro alegórico del atentado del que ha sido víctima la cantera en esta nefasta temporada. No es ninguna casualidad que estos dos acontecimientos coincidan en el tiempo. Cuando no se respetan los fundamentos que han consolidado al club, cuando relegan a un lugar secundario (o a la última fila) a lo que debe ser la marca de la entidad, cuando la exigencia del resultado inmediato desdeña el valor del largo trabajo de formación, cuando, en fin, la gestión se deja en manos de quienes desconocen el sentimiento osasunista y aplican la misma receta aquí que en Cádiz, en Valencia o en Valladolid (solo por citar tres ejemplos tomados al vuelo), cuando una legión de ejecutivos y de asalariados coinciden en la homogeneización de todo el fútbol, pasan estas cosas. Soy de los que todavía cree que Osasuna es diferente y que su historia está jalonada de episodios que así lo acreditan;con capítulos para presumir con orgullo y con sucesos sonrojantes que, sin embargo, han hecho más fuerte al club y han unido más a su entorno de incondicionales. Sin embargo, los dos empates a nada de ayer, ese doble cero de Alcorcón y de Tajonar, esos puntos que no suman sino que restan, desnudan a los dirigentes de la entidad y desmontan un proyecto deportivo que solo ha tenido un año de estabilidad y de éxito pero que ellos mismos se encargaron de dinamitar pocos meses después.

Me viene a la memoria cuando Joaquín Caparrós hizo balance de su corta (y funesta) etapa en Osasuna y señaló responsabilidades: “Los directivos no saben lo que quieren”, vino a concluir. Y dieciséis meses después siguen sin saberlo. Utilizan la estrategia de mezclar planes con planos, jugar con apostar, escuchar con responder, manipular con informar. Han levantado un castillo de arena en mitad de tierras movedizas, de un proyecto inestable porque no tiene cimientos. Bueno, los cimientos están ahí, donde llevan plantados 36 años, pero decidieron jugarlo todo a una carta y la apuesta tiene toda la pinta de que va a terminar mal. Esa desatención voluntaria de la cantera, el prescindir de técnicos muy válidos y fomentar el amiguismo, hace más dañó a la estructura y al futuro de Osasuna que jugar otro año más en Segunda.

Tampoco sería un drama en sí mismo el descenso del Promesas si en este caso no concurriera que arrastra a jugadores que desde niños han trabajado para llegar al primer equipo, han pasado los procesos de selección no solo deportivos sino también vitales, y en ningún momento durante esta temporada han podido albergar la mínima opción de que tendrían una oportunidad arriba, la ocasión de mostrarse a la afición que no acude a Tajonar, exponerse a que valoren si los chicos pueden servir o no. Me refiero a Miguel Díaz, Endika Irigoyen, Jaime Dios, Julen Hualde, sin olvidar a un Antonio Otegui lastrado por sus problemas físicos. ¿Estamos ante otra generación perdida? Son buenos futbolistas que no han tenido el entorno de una plantilla mejor planificada y más competitiva. Es cierto que ha debutado Barja, pero llevaba tres años en la cola de espera. Insisto que en este estado de cosas no es casualidad que en Alcorcón comparezca un Osasuna sin alma, que parecía no tener nada en juego, que consumía los últimos minutos del partido demorando poner el balón en juego de saque de puerta o de falta. Ese de Diego Martínez era un equipo menor, un aspirante retraído, un candidato a nada. Este es el Osasuna de Luis Sabalza, un proyecto que este domingo ha quedado, otra vez, al desnudo.