Arce y Orotz se funden en la más pura y espectacular de las romerías a Roncesvalles

Decenas de vecinos desafiaron la lluvia en uno de los días más especiales del año

Patricia Carballo - Lunes, 14 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Un centenar de penitentes afrontaron la lluvia encapuchados y con las cruces de madera a cuestas.

Un centenar de penitentes afrontaron la lluvia encapuchados y con las cruces de madera a cuestas. (PATRICIA CARBALLO)

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Un centenar de penitentes afrontaron la lluvia encapuchados y con las cruces de madera a cuestas.

RONCESVALLES- “Ongi etorriak, estamos muy contentos de recibir a una de las romerías más antiguas, más puras y más espectaculares”. Así saludaba ayer el prior de Roncesvalles, Patxi Izco, a los vecinos de Orotz-Betelu y valle de Arce que entraban en procesión a la Colegiata para venerar a la Virgen de Orreaga.

Como cada segundo domingo de mayo, cientos de peregrinos se reencontraron en esta tradicional cita que desprende unión, arraigo y emoción para los habitantes y oriundos de ambos municipios. Tras madrugar y caminar desde sus respectivos pueblos bajo la amenazante lluvia, se reunieron en la venta de Espinal a almorzar. El tiempo les respetó el tentempié, pero al retomar la procesión a las 9.30 horas, la lluvia volvía a aparecer, tal y como lo hizo de forma inestable durante todo el trayecto hacia Roncesvalles. A pesar de ello, los romeros superaron las inclemencias. Un centenar de hombres y mujeres penitentes de todas las edades encabezaron la romería con pesadas cruces de madera a sus espaldas. Detrás, las cruces parroquiales de cada pueblo y los alcaldes Javier Larrea, de Orotz Betelu, y Carlos Oroz, del valle de Arce, secundados por concejales y jóvenes engalanados con los trajes regionales. Entre ellos, Ane Arrondo y Ainhoa Garcés, de 16 y 17 años, iban ataviadas con los trajes típicos de Orotz-Betelu. “Desde txikis hemos venido porque nos lo han transmitido nuestros padres. Es un día muy bonito”, afirman estas jóvenes que no quisieron faltar a la cita a pesar de ser época de exámenes. “La vuelta este año no la podemos hacer, tenemos que ir a Pamplona a estudiar”, añadía Ane.

Con vuelta o no, para los primos Urtasun, de Azparren, éste es un día muy especial que viven con mucha devoción. “Llevamos viniendo desde que tenemos uso de razón. Nos lo han inculcado y es un día muy familiar. Todos hacemos lo indecible por venir”, aseguraban estos primos de Casa Palacio, que sólo acuden al pueblo en esta ocasión y en el Día del Valle. “Es una tradición transmitida de generación en generación, es algo muy arraigado y metido dentro de nuestra conciencia que no se podría eliminar por nada del mundo”, afirmaba rotundo uno de los progenitores de la familia Urtasun.

De momento, parece que el eslabón no se va a romper. Porque todos los vinculados a Orotz Betelu y a Arce, a pesar de descender de pueblos ahora desaparecidos, se sienten en el compromiso de venir a encontrarse con sus raíces. “A pesar de los pronósticos del tiempo, estamos sorprendidos con la cantidad de gente que ha venido, sobre todo niños y jóvenes. Había más gente andando que viendo la romería”, advertían los alcaldes Larrea y Oroz.

Con una misa oficiada por el arzobispo Francisco y con la bonita Salve que preservan desde hace siglos, los oroztarras y artzibarras se despidieron a la tarde de uno de los días más importantes del calendario.

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