Maravillas: ocho meses de okupación

Miembros de la Asamblea del Gaztetxe defienden su proyecto de centro social autogestionado en el Palacio del Marqués de Rozalejo y piden al Gobierno de Navarra, titular del inmueble, diálogo “para mantener vivo este proyecto popular”

Un reportaje de Mikel Bernués / Fotografías Javier Bergasa - Miércoles, 16 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

El bar de la planta baja, con una referencia como homenaje al Euskal Jai.

El bar de la planta baja, con una referencia como homenaje al Euskal Jai.

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El bar de la planta baja, con una referencia como homenaje al Euskal Jai.En la sala de cine hay sesión todos los domingos. Es además un lugar de encuentro para charlas o la asamblea semanal.Un colorido balcón con vistas a la plaza de Navarrería.El comedor, junto al que pretenden habilitar una cocina. “Aquí se cocina la revuelta” se puede leer en otra pared de la sala.La fachada del gaztetxe Maravillas con el mural del Gernika, uno de los varios guiños a la Memoria Histórica.
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Dicen que con el día a día están desmontando “ese estereotipo e imagen caricaturesca que nos han querido imponer, de okupas hippies y fumaporros que vienen aquí a vivir del cuento”. Y piden que les dejen hacer, como han hecho hasta ahora, “para mantener vivo este proyecto popular”. Dos miembros de la Asamblea del Gaztetxe reciben a este medio y abren las puertas de Maravillas -recuerdan que están abiertas para todo el mundo- ocho meses después de la okupación del palacio del Marqués de Rozalejo, propiedad del Gobierno de Navarra. Como el lugar no es suyo y hay denuncia de por medio, cinco de ellos están inmersos en un proceso judicial.

ayer y hoy

Cine, bar, gimnasio o comedor

Vida 20 años después

“Nada más entrar nos encontramos lo que esperábamos, un edificio con muchas posibilidades pero deteriorado por el paso del tiempo y el abandono institucional”, explican sobre un inmueble cerrado los últimos 20 años. Se acuerdan, por ejemplo, de las humedades y la plaga de palomas que les saludó al okupar. “Gracias al auzolan pudimos acondicionarlo para el uso social que le queríamos dar”, dicen, y cifran en más de 100 las actividades organizadas “orientadas al Casco Viejo y a toda Pamplona”.

Primero hicieron el cine (que también es sala de reuniones, charlas, presentaciones de libros o el punto donde celebran la asamblea semanal) y la entrada, otras tres salas “que estaban como todo el edificio, hechas una mierda”. Después han ido poco a poco dando forma a los espacios “conforme han ido surgiendo proyectos”.

En el gimnasio del sótano los miércoles se juntan entre 15 y 20 personas para practicar Artes Marciales Mixtas. Escaleras arriba tienen un comedor junto al que van a instalar en breve una cocina. Este viernes inauguran un banco solidario de alimentos. Salas para estudiar, una biblioteca o un rocódromo sobrevuelan como proyectos que, tarde o temprano, quieren bajar a la tierra. Y en la planta baja, junto a la entrada, hay un bar.

Reconocen la contradicción que supone presentarse como una alternativa al ocio del trago y a la vez ofrecer tragos, pero explican que “no es algo central del proyecto. Se hizo para financiar los trabajos de acondicionamiento del edificio. Y para evitar malentendidos se les explicó el proyecto a los bares de la zona”. “Están utilizando el tema del bar para atacarnos;que genera ruidos, molestias... y no es verdad. La realidad es que lo mínimo que hacemos es abrir el bar. Maravillas funciona todos los días y el bar dos o tres veces por semana, y con un horario muy limitado”.

líneas rojas

Patrimonio y convivencia vecinal

Evitar “que nos echen”

Los dos jóvenes de la Asamblea del Gaztetxe detallan las líneas rojas de su proyecto, marcadas entre otras cosas porque “lo que no podemos hacer es dar argumentos para que nos echen de aquí”. Uno de sus “ejes fundamentales es la convivencia con los vecinos. Estamos en mitad del casco viejo y esto no puede ser un descontrol. Tiene que haber límites respecto a horarios y actividades. Por ejemplo, aquí no se pueden hacer megaconciertos, lo máximo que hemos hecho es un concierto acústico con una guitarra”. También lo es el Patrimonio del inmueble, “por mucho que la oposición diga constantemente que estamos destrozando el Patrimonio”.

A l poco de entrar “hablamos con expertos para saber qué estaba catalogado como patrimonio y cómo había que protegerlo”. Dicen que la fachada es “intocable” -las puertas decoradas con un Gernika no cuentan porque no son las originales-, al igual que las escaleras o los barrotes de los balcones. “También nos critican diciendo que aquí vive gente. Es falso. Esto es una alternativa social, no una alternativa habitacional”.

futuro incierto

¿Desalojo por la fuerza?

Invitación al diálogo

Por último, estos jóvenes aseguran que el proyecto Maravillas “tiene que seguir adelante. Ha tomado unas dimensiones que ya no se pueden frenar”. Y piden al equipo de Gobierno -centran sus críticas en Geroa Bai- que retome el diálogo para encontrar una solución. “Desde el minuto uno se inclinó por la vía represiva para frenar la autogestión popular, denunciando los hechos y mandando a cinco personas a un proceso judicial. Aún con todo, apostamos por encontrar una salida acordada entre las partes con el ánimo de no crear discordia ni dar carnaza a la derecha fascista navarra. Fue así como entramos en un proceso de mediación con el Gobierno para intentar llegar a un punto de acuerdo, sin embargo, nos encontramos con un muro ya que la propuesta de Geroa Bai era inaceptable: ‘Qs tenéis que ir, pagáis todos los desperfectos y si eso, os retiraremos la denuncia’. Es inaceptable no solo porque es un auténtico insulto al trabajo que cientos de personas han realizado para rehabilitar un edificio que ellos mismos tenían en estado de abandono, sino porque supone un chantaje hacia nuestro proyecto, amenazando con aplicar la represión si no pasamos por el aro”, critican.

“Consideramos que frente a esa propuesta del Geroa Bai, podíamos llegar a dialogar para buscar un acuerdo, y no faltaron propuestas por nuestra parte: regularizar el sitio, cumplimiento de la normativa correspondiente, paralización de la rehabilitación… Lo que fuera para mantener vivo este proyecto popular. Desgraciadamente, la postura del Gobierno no varió ni un ápice, demostrando su talante para con el proyecto y su compromiso con el cambio”, aseguran. Y se preguntan si van a echarles por la fuerza para volver a dejar el lugar como los últimos 20 años: vacío.