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Un compañero en la sombra

El Daño Cerebral Adquirido es un trastorno incomprendido debido a la dificultad de identificar sus secuelas y empatizar con quienes lo sufren, algo que se intensifica en el caso de los niños, en proceso de desarrollo

Un reportaje de Leticia de las Heras. Fotografía Unai Beroiz - Sábado, 19 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:02h

La presidenta de Hiru Hamabi, Yolanda Fonseca, la escritora Aurora Lassaletta, la psicóloga clínica Izaskun Basterra y el violinista Santy March.

La presidenta de Hiru Hamabi, Yolanda Fonseca, la escritora Aurora Lassaletta, la psicóloga clínica Izaskun Basterra y el violinista Santy March. (UNAI BEROIZ)

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La presidenta de Hiru Hamabi, Yolanda Fonseca, la escritora Aurora Lassaletta, la psicóloga clínica Izaskun Basterra y el violinista Santy March.

La vida de Aurora Lassaletta cambió hace quince años cuando, a causa de un grave accidente de tráfico, sufrió Daño Cerebral Adquirido (DCA). Con el paso de los días su mejora física evidente y tan solo manifestaba pequeños problemas para hablar, pero algo dentro de ella no funcionaba como antes. “Mi entorno asumió que mi mejora física iba emparejada a una mejora general, pero yo notaba que no era la misma”, recordó.

Sobre la dificultad de comprender a las personas con DCA y la importancia de hace un buen diagnóstico incidieron ayer Aurora Lassaletta, una psiquiatra afectada por este trastorno, autora de El Daño Cerebral Invisible, y la psicóloga clínica del Complejo Hospitalario de Navarra Izaskun Basterra en un acto organizado por la asociación de DCA infantil Hiru Hamabi | 3/12.

El Daño Cerebral Adquirido se muestra de muchas maneras, pero para un ojo poco atento y desconocedor de su presencia puede resultar imperceptible a pesar de las claras consecuencias que tiene para quienes cargan con él. Resulta difícil de detectar incluso para los especialistas, y es que no se puede establecer un patrón general de afectación y las secuelas pueden atribuirse a múltiples causas. En los niños este problema se multiplica, y es que al encontrarse aún en fase de desarrollo, los síntomas pueden no manifestarse hasta años después.

Lassaletta tuvo que luchar para conseguir un diagnóstico definitivo, ya que los profesionales se inclinaban más por un trastorno depresivo, al que ella valoró como comprensible reconociendo que los síntomas son muy similares. En este sentido, instó a que se realicen valoraciones más largas ya que, según manifestó, en las consultas de 45 minutos que realizó no llegaba al agotamiento y las secuelas no se manifestaban claramente.

La psicóloga clínica Izaskun Basterra, que trabaja en el nuevo programa e Atención al Daño Cerebral Adquirido infantil del Servicio Navarro de Salud-Osasunbidea, aludió a la dificultad que supone también para los especialistas la detección del DCA, algo especialmente complicado en niños. “La atención con ellos es diferentes, ya que se debe circunscribir a su momento evolutivo debido a que estamos ante un cerebro en proceso de desarrollo”, explicó. Esto hace que las secuelas en estos casos sean doblemente invisibles, ya que a las características propias del DCA se le suma la posibilidad de que estas aparezcan meses o incluso años más tarde del momento en el que se produce el daño.

Esta dificultad para ver y entender estas secuelas, indicó, hace que muchas veces no se preste a estos niños las ayudas que precisan, algo especialmente importante en un momento educativo y personal en el que las exigencias en estas habilidades cognitivas son tan altas. “Desde el SNS-O tenemos claro que hay que abordar el problema de forma integral”, apuntó destacando también la importancia de trabajar con el entorno de los menores.

La presidenta de la entidad, Yolanda Fonseca, aludió a la importancia de la sensibilización porque con un mayor conocimiento de esta afección por parte de la sociedad se fomentaría la empatía hacia quienes lo sufren . “El Daño Cerebral Adquirido tiene muchas secuelas invisibles que muchas veces no son comprendidas porque la sociedad las desconoce”, afirmó. Aurora Lassaletta quiso dedicar también un reconocimiento a las familias y acompañantes de las personas que sufren DCA y que son capaces de hacer su día a día más fácil. “Ellos son los verdaderos invisibles”, aseguró.

Socio mentorAurora Lassaletta y el violinista Santy March, de la asociación MusicAvanza, recibieron ayer su carné de socio mentor de la asociación Hiru Hamabi, convirtiéndose en las primeras personas en obtener esta categoría dentro de la entidad. Este carné es una forma solidaria de que afectados adultos compartan el camino realizado con aquellos que lo están iniciando. Santy March es colaborador habitual de Hiru Hamabi a cuyos niños imparte educación musical. Él es afectado, por lo que su trayectoria en ese campo resulta particularmente valiosa a la hora de enfocar las sesiones de aprendizaje.

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