inició su andadura en el curso 1980-81

Agur a 37 cursos inspirando en euskera

La primera andereño de la ikastola Arangoiti, Izaskun Aldaz Zufiaurre, se despide del centro tras abrir nuevos horizontes y romper moldes en Lumbier

M. Zozaya Elduayen - Martes, 3 de Julio de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Izaskun Aldaz, sonriente, en el frontón de la ikastola Arangoiti, que recuerda el Oinez 2003, hito del centro de su trayectoria profesional.

Izaskun Aldaz, sonriente, en el frontón de la ikastola Arangoiti, que recuerda el Oinez 2003, hito del centro de su trayectoria profesional. (M.ZOZAYA)

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Izaskun Aldaz, sonriente, en el frontón de la ikastola Arangoiti, que recuerda el Oinez 2003, hito del centro de su trayectoria profesional.

“Ha sido un trabajo de hormigas con la ayuda de todos hasta conseguir el centro que hoy tenemos”

lumbier- Con el silencio de las aulas vacías, Izaskun Aldaz Zufiaurre se despide de la ikastola Arangoiti de Lumbier, que inició su andadura con ella en el curso 1980-81.

Desde entonces, la primera andereño siempre ha estado en los momentos en los que se ha dado un paso hacia adelante para consolidar lo que hoy es el centro. Ella lo sabe bien, y también las personas con las que ha compartido durante este tiempo tareas de diferente índole en esta comunidad educativa. Por si quedaba alguna duda, el pasado 21 de abril se lo hicieron saber con un homenaje sorpresa que reunió al alumnado y a las familias que le han acompañado a lo largo de su trayectoria profesional. “Fue muy especial y emotivo, sentí un cariño muy grande transmitido con sencillez, lleno de recuerdos y detalles. No hay mejor forma de terminar”, expresa convencida.

En el curso 1979-80 trabajaba en Pamplona como coordinadora de profesores en la Federación de Ikastolas, cuando Juan Luis Larraza, irakasle de la ikastola de Sangüesa, le habló de que en Lumbier había un grupo de padres y madres interesados en abrir una. “Vine a ver qué se podía hacer. Vi decisión en ellos para sacar a sus hijos e hijas de Infantil en las monjas y abrir un aula”, apunta.

Cuajó la idea y el curso siguiente comenzó la actividad en el antiguo hospital con 9 niños y niñas, compartiendo el colegio con las Hijas de la Caridad. La ikastola Arangoiti iniciaba de este modo su camino. La mirada retrospectiva le devuelve a la andereño el Lumbier de entonces. “Estaba totalmente polarizado. O estabas conmigo, o contra mí. A penas se oía el euskera, pero había ilusión. Yo me sentía muy observada. Venía de la Sakana, de un entorno euskaldun y una zona concienciada.

Con el verde en el recuerdo de su Urdiain natal, geográficamente se le abrió Navarra. “Fue un aprendizaje de gente y paisajes muy enriquecedor, con una buena acogida de personas que me ayudaron mucho, y pronto supe que lo difícil era ser euskaldun aquí”, evoca.

creciendo No se amilanó. Con la energía de sus 22 años, desde el primer momento su labor fue una realidad abierta al pueblo. “Aquello todavía no era nada. Las cosas que se hicieron en aquel momento fueron sencillas, pero muy importantes para asentar los principios. Yo me cogía a mi pequeño grupo y salíamos a todas las fiestas a bailar y a cantar en euskera. Siempre hemos tratado de aportar al pueblo nuestro trabajo ”, mantiene. Y cierto es que han sacado a la calle el euskera y han aportado a Lumbier cultura, folklore euskaldun, indumentaria, música y danzas, parte de sus asignaturas.

En 1992 asumió la Educación Primaria (hasta entonces impartida en Sangüesa con alumnado de los dos pueblos). Se inició con cuatro matrículas, una segunda contratación y supuso la continuidad del proyecto.

Tutora, directora y orientadora, Aldaz fue desempeñando diversas funciones en los cursos que discurrían entre el viejo hospital y las antiguas escuelas nacionales. La ikastola crecía sin local propio. “Andábamos de un lado para otro, adecentando los diferentes espacios que quedaban libres”.

HACIA EL OINEZJurídicamente, la ikastola era alegal en zona no vascófona. “El Gobierno se negaba a un cambio en la Ley del Vascuence y además, en el año 2001 exigió que todas fueran legales para el 2005 ”. Necesitaban un local. Era lanzarse a organizar el Nafarroa Oinez o desaparecer.

“Fue un trabajo enorme impulsado por una ilusión desbordante”. Inevitable la emoción al recordarlo, subraya Izaskun el respaldo total que dio Lumbier a la ikastola, la ayuda de los valles pirenaicos y los pueblos de la zona, parte de la comunidad educativa. El 17 de octubre de 2003 la ikastola más pequeña de Navarra conmocionó a la opinión pública cuando el viento Sur se llevó sus sueños. Suspendido el Oinez por la lluvia, surgió “la ikastola de la solidaridad”, ya en el curso 2005-2006. La ikastola Arangoiti gozaba de su nuevo edificio y reconocida fama. En ella ha desarrollado la andereño el último tramo de su vida profesional. El centro plural, abierto y participativo que deja, en el que también se han educado sus hijos, Adur y Bidane, le llena de satisfacción. Proyecto afectivo y serio, sostenible, atento a las innovaciones pedagógicas y tecnológicas, sumará 80 alumnos el próximo curso.

Será sin ella, porque en la vida de Izaskun Aldaz se abre una nueva etapa de jubilación positiva. Eso sí, ideas no le faltan.